Una gran oportunidad

Por Lluis Segui i Ferran Riera

Ha empezado bien la nueva Consejera de Enseñanza. La Sra Rigau se ha puesto las pilas y en pocos días ha dejado claras las líneas maestras del que serán las primeras actuaciones de su Departamento: racionalización del calendario escolar (con la futura supresión de la incomprensible semana blanca), ampliación de las zonas de escolarización y defensa de la libertad de los padres a la hora de escoger el modelo educativo, cuestionamiento de la sexta hora en las escuelas públicas por su inviabilidad económica, reflexión sobre la desordenada y poco pensada incorporación de las nuevas tecnologías al mundo escolar…son medidas concretas con las que pretende hacer frente al estrepitoso fracaso escolar y educativo en Cataluña denunciado ya en  la campaña electoral, para no hablar del valor de atreverse a poner sobre la mesa temas como la evidente relación entre el consumo de porros (tema tabú e intocable por todo el progresismo cultural) y el rendimiento escolar, la necesidad de estudiar seriamente el fracaso encubierto de la primaria y que no hace más que trasladar hacia arriba y hacer más grande el problema educativo o la urgencia de atender la formación del profesorado.

Todo ello, cosas de un sentido común que hacía tiempo se echaba de menos en las instancias administrativas y legislativas de la educación.

Hay que decir, pero, que todas las medidas y decisiones que se puedan tomar desde la responsabilidad política pueden ser ayudas reales o palos a las ruedas, pero en ningún caso pueden resolver la dificultad fundamental que los educadores se encuentran en las aulas. La carencia de interés de los chicos y chicas, el aburrimiento, aparentemente invencible, en el que viven el jóvenes de hoy no tiene su solución en el aumento de los recursos o su reorganización, la mejora de las técnicas pedagógicas o el cambio en los currículums. Se trata de una pasividad que tiene mucho que ver con el escepticismo de los adultos.

Hace algún tiempo, Eugenio Scalfari, antiguo director del diario La Repubblica e ideológicamente situado a la izquierda progresista acertaba de pleno en la descripción de este fenómeno: “La herida [de los  jóvenes] ha sido el aburrimiento, el aburrimiento invencible, el aburrimiento existencial que ha matado el tiempo y la historia, las pasiones y las esperanzas. (…) Veo ojos estupefactos, estáticos, atribulados, huidizos, hambrientos sin deseo, solitarios en medio de una multitud que los contiene. Veo ojos desesperados, eternos niños, una generación sin esperanza que avanza. Intentan salir de este vacío de plástico que los rodea y los sofoca. Su salvación está únicamente en sus corazones. Nosotros sólo podemos mirarlos con amor y temor”

Ante esto la pregunta acontece inevitable: ¿Qué tipo de educación responderá a este desafío? El deseo para aprender no se puede dar por sentado en el joven. Hay que despertar su interés despertando su humanidad y para hacer esto no se puede *apelar, como tantas veces se ha hecho equivocadamente en las escuelas cristianas, a una coherencia ética o moral, a un esfuerzo de la voluntad para “ser y comportarse” como hombres.

La ética no es suficiente para suscitar y sostener el interés pero tampoco lo es llenar la vida de los jóvenes con iniciativas y más iniciativas como tantas veces se ha propuesto desde las escuelas (de corriendo ideológico) y las instancias públicas.

El dinamismo que mueve la libertad del hombre (joven o adulto) se inicia cuando este se encuentra con algo bello y verdadero (como nos ha recordado el Papa Benedicto XVI en la dedicación de La Sagrada Familia). Sin una adecuada introducción a la realidad, que muestre la belleza y la verdad que contiene, es imposible que esta despierte el interés del joven y por lo tanto es imposible que la quiera estudiar y comprender porque, sencillamente, “no vale la pena”. Sin una propuesta de significado de las cosas, de un significado atractivo y verdadero del que se vive, ningún hombre sostiene el interés y la perseverancia en el trabajo que implica la vida. La escuela tiene este reto. Los jóvenes esperan una respuesta adecuada.

El trabajo que tenemos por delante los maestros es, a pesar de todo, apasionante.

Lluis Segui i Ferran Riera

Fundació Educativa La Trama

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