Menos interrogatorios en la adolescencia

Por Victoria Cardona

Una buena conversación ha de agotar el tema que trata pero no ha de agotar a sus interlocutores”.

Winston Churchill

Comunicarse con nuestro hijo en la época adolescente requiere una buena dosis de alegría, de buen humor y de constancia por parte de los padres y tener una actitud de flexibilidad para “pasar por alto” los cambios de humor de nuestro hijo.

Generalmente tratamos al adolescente como una persona madura cuando aun no lo es y le hacemos demasiadas preguntas de este tipo: “¿Qué has hecho?”, “¿Dónde has estado?” o “¿Con quién has ido?”; es como si nos cogiera un tic nervioso y repetimos, repetimos, repetimos. Quedamos desolados porque la respuesta más corriente que recibimos es: “con gente”.

Normalmente, los padres vamos acelerados y queremos saber qué ha hecho, pero lo decimos de sonsonete y si no lo tomamos con calma, el no se alargará y no podremos conversar. Si vamos con nervios pareceremos más policías que padres.

Facilita la conversación seguirles el hilo de lo que dicen con una frase medio en broma, hacerse próximo con un gesto o proporcionarles la certeza que confiamos que no nos engañarán. Si creemos que no son sinceros, es mejor hacer ver que no nos damos cuenta y observar por qué no nos dicen la verdad.

Mantener conversaciones no es fácil, pues los tenemos pegados al ordenador donde encuentran de todo: música, sus amigos y conocidos, y la información que les interesa; dentro de dos días llevaran el mundo en el bolsillo. Padres y educadores hemos de ir buscando nuevas fórmulas para hablar con ellos. Tendremos más ingenio para encontrarlas cuando hay mucho aceptación, amor y comprensión hacia nuestro hijo adolescente.

Victoria Cardona

Escritora y orientadora familiar

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