Obesidad infantil, prevenirla y atacarla con la educación y el ejemplo

Por Alberto Díaz-Caballero

La obesidad infantil es un problema que alcanza cifras alarmantes en nuestro país. (El 8,5% de nuestros niños y adolescentes de entre 2 a 17 años presenta obesidad y el 18,2% tiene sobrepeso).  La falta de actividad física (el hábito sedentario) y la “mala” alimentación hacen que los niños se vean afectados por una enfermedad que antes solamente se asociaba a adultos.

La infancia es la fase de nuestra vida en la que muchas de sus vivencias nos marcarán en la vida adulta. Si educamos algunos aspectos a tiempo evitaremos que un niño desarrolle una obesidad que le acompañe de por vida.

Tenemos dos frentes en los que incidir directamente: 1) modificar la conducta alimentaria y 2) aumentar la actividad física y reducir el sedentarismo.

1.- La conducta alimentaria.

La dieta de los niños y adolescentes españoles se caracteriza por un exceso de grasas y alimentos hipercalóricos y por un déficit en la ingesta de frutas, verduras y cereales.

Una alimentación y nutrición adecuadas son importantes en todas las etapas de la vida, pero particularmente durante la infancia. Los hábitos dietéticos se inician a los tres o cuatro años y se establecen a partir de los once, con una tendencia a consolidarse a lo largo de toda la vida. La infancia es, por ello, un periodo crucial para actuar sobre la conducta alimentaria.

Todos los expertos coinciden en la importancia de la primera comida del día en el ámbito de la prevención. Algunos datos:

  • Se ha demostrado que la prevalencia de obesidad es superior en aquellas personas que toman un desayuno escaso o lo omiten.
  • El 8% de los niños españoles acuden al colegio sin haber desayunado.
  • Sólo un 7,5% de los niños toman un desayuno equilibrado.
  • El 19,3% de la población infantil y juvenil sólo toma un vaso de leche y el 56% sólo lo acompaña de algún hidrato de carbono.
  • El 59,5% de los niños dedica al desayuno menos de 10 minutos, lo que se asocia a una baja calidad nutricional.

El aporte energético del desayuno es de gran importancia, ya que permite lograr un adecuado rendimiento tanto físico como intelectual. La familia debe tratar de organizar su tiempo para que el escolar realice un buen desayuno.

El desayuno admite una oferta de alimentos variada, pero para que tenga las mejores cualidades nutricionales debe incluir: un lácteo (un vaso de leche, un yogur, queso …); un cereal (preferiblemente pan, pero también copos de cereales, …); una grasa de complemento (preferentemente aceite de oliva); una fruta o su zumo y, en ocasiones, jamón u otro tipo de fiambre.

2.- Habito sedentario

Otra de las causas de la obesidad es la inactividad física. El ocio, en la infancia, cada vez se hace más sedentario.

Los datos actuales muestran que los niños españoles pasan una media de 2 horas y media al día viendo televisión y media hora adicional jugando con videojuegos o conectados a internet. Es importante restringir los tiempos, establecer unos horarios y que este tipo de actividades sedentarias no se conviertan en el principal ocio de los niños.

También la práctica habitual de deporte es muy importante ya que es es una de las mejores maneras de mantener un buen peso y mejorar la salud. Debemos incentivarla desde nuestras escuelas con actividades escolares (durante los descansos) y extraescolares.

También nosotros como padres debemos ser parte activa de su actividad, ya que como sabemos los niños imitan, y si ven que nosotros practicamos deporte ellos lo harán. Si somos capaces de inculcar el hábito del deporte a nuestros hijos, estos lo practicarán a lo largo de toda su vida.

Conclusión

Una combinación de actividad física regular, variedad de alimentos en la dieta e interacción social amplia constituye, probablemente, el abordaje adecuado para hacer frente al problema al que nos enfrentamos, con el resultado de una mayor longevidad y un envejecimiento sano de la población.

Una propuesta saludable para prevenir la obesidad infantil puede ser la siguiente:

  • Comer de todo. Una alimentación variada y equilibrada es una alimentación sana.
  • Desayunar siempre y de la forma más completa posible.
  • Cereales (pan, pasta, arroz…), patatas y legumbres son alimentos básicos y tienen que formar parte de nuestra dieta diaria.
  • Moderar el consumo de grasas, especialmente las de origen animal.
  • Tomar todos los días frutas, verduras y hortalizas.
  • Moderar el consumo de productos ricos en azúcar como las golosinas, los dulces y los refrescos.
  • Reducir la sal en las comidas y utilizar, preferentemente, sal yodada.
  • Hacer todos los días ejercicio físico. Caminar siempre que sea posible.

¡Como padres, somos una pieza clave en la educación de los hábitos alimentarios de nuestros hijos y de fomentar en ellos la actividad física!

Dr. A. Diez-Caballero

Especialista en Cirugía General y Digestiva.

Cirujano Bariátrico


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