¿Nuestro deber como padres?…. ¡¡Triunfar en Familia!!

Por Covadonga O´Shea

La historia, gran maestra de la vida, como la llamó Cicerón, nos ha enseñado cómo a lo largo de los siglos, cuando  la familia se tambalea o pierde su altura de miras, toda la sociedad se va a pique. Ninguna cultura, desde los primeros siglos de nuestra era, ha sobrevivido al hundimiento de este pilar básico…La razón es de pura lógica : No existe otra institución capaz de suplir lo que ella supone y encierra para el ser humano, muy por encima de los logros espectaculares de nuestra era, en el campo científico o tecnológico, por importantes que sean. Nos quedaríamos con  un punto de vista muy superficial y erróneo, si considerásemos dos vías paralelas o divergentes, un clima familiar saludable y los logros espectaculares  de nuestra civilización. En un mundo donde los progresos de la humanidad son innegables y asombrosos, el mejor negocio de un ser humano, sigue siendo el de invertir en la búsqueda del bien común”, como nos descubrió Charles Dickens en su “Canción de Navidad”. Y esa actitud altruista y solidaria no se aprende en los libros, sino en la tarea diaria de vivir y convivir en el seno de una familia, tanto en  días felices como en tantos otros aburridos, que amanecen grises y llenos de nubes, o en los que terminan en tormenta. Los claroscuros de un cuadro, cuando se saben interpretar, nunca nos repelen. Al contrario, nos llevan a admirar la pincelada magistral del artista que los llevó a cabo.

Jutta Burggraf,  profesora del Instituto de la familia en Kerkrade, Holanda, en una conferencia sobre la familia, en el IESE de Madrid, encuadró en esa línea de la comprensión e incluso de la evolución, a la familia de este fin de siglo, dentro de las coordenadas del momento,  con una visión optimista y esperanzadora.

Se enfrentaba, en su exposición, a la realidad de una Europa en la que las fronteras son removidas, las tradiciones se desmoronan, los valores fundamentales se desintegran y las instituciones se ponen en duda. “Este proceso de transformación ha llegado también, hace un tiempo, a la familia”. Después de citar a Orwell, con sus descripciones demoledoras de “un mundo que, no por más desarrollado deja de ser implacable, sino al contrario”, planteó de forma sugestiva, la doble opción que tiene la sociedad  frente a lo que ocurre con   la familia: o, de acuerdo con las estadísticas, las predicciones, incluso a experiencias personales,  se califica la situación de desoladora, o se interpreta lo que ocurre de forma inteligente. Es siempre mejor tratar de construir. El hombre de hoy, comentaba,  no es mejor ni peor que el de otros tiempos. Si un gran número de personas se aparta de las ideas tradicionales sobre el matrimonio y la familia, ésto quiere decir que se han vuelto demasiado estrictas. Su conclusión, que puede resultar muy válida si se pone en práctica es que  el hecho de que muchos estén descontentos con la vida familiar significa que en ella se habrán de cambiar algunas cosas, pero  no indica que la familia esté pasada de moda en sí misma”.

Esta profesora, filósofa y doctora en teología, rompía moldes diciendo que es el momento de exigir un enfoque “moderno del matrimonio y de la familia. Hemos de encontrar para ella un modelo que integre la tendencia contemporánea a sentimientos profundos y a la veracidad,  que posea a la vez una fuerza enderezadora”. Este tema y con idénticos argumentos, lo ha tratado con el Consejo Pontificio de la Familia, buscando soluciones válidas.

Afirma, con  ideas vanguardistas, que es necesario cambiar el modelo tradicional y burgués de la familia, por otro más apto para la vida actual. En la línea de pensadores incluso agnósticos, no duda en afirmar que así lo propone Juan Pablo II cuando presenta a la familia, en el Documento que le dedica, como “una comunidad de personas, con una vocación al amor y a la vida, donde cada hombre es aceptado y tomado en serio como persona. El matrimonio significa en ese contexto que “hombre y mujer son, el uno y el otro, personas libres, autónomas y con igualdad de derechos”

Este mismo enfoque encaja, perfectamente, en las cinco partes del planeta, con culturas y  puntos de vista radicalmente opuestos, siempre que, blancos o negros, ricos o pobres, de uno y  otro hemisferio, consideren que la familia es el punto clave para que la vida humana, desde el primer instante de su concepción hasta el momento último de su existencia, pasando por los mil y un avatares por los que atraviesa un individuo, tenga un punto de referencia seguro al que acudir.

Guardo el recorte de un artículo una  revista francesa, L´ Express,  escrito por Anne de Bonjour, con ese mismo enfoque positivo.  Su tesis arranca con una afirmación: “La familia sobrevive, vive y se revitaliza. Sigue siendo la célula básica de la sociedad. Mejor dicho, ha vuelto a ser un valor seguro. La familia seduce, es acogedora, protectora, segura y cómoda.  El gran negocio de estos años será el de conseguir triunfar en la familia, verdadero y casi único baluarte de la felicidad.” El núcleo de lo que explica, con datos concretos de lo que ha ocurrido  en Francia, que ella define como clamor en favor de la familia, se deberían aplicar a España, si no queremos quedarnos con una visión derrotista por las malas noticias que nos llegan a diario. Me atrevo a decir, que los mismos síntomas se dan en gran parte del mundo. Más y más a medida que por razones de la dispersión a la que lleva la vida actual, por la velocidad de vértigo de los avances tecnológicos, que  anulan las distancias, pero también aíslan a las  personas. También en ese entorno,  demasiado individualista, cada familia representa para los que la componen, no sólo  el origen de su existencia sino  el lugar donde  mejor se perfecciona cada ser humano. De ahí la importancia de su misión para el progreso de sus miembros, y, como consecuencia, de toda la sociedad.

No se puede perder de vista,  que la familia está formada por una serie de personas que tienen un origen biológico común, o vínculos de parentesco basados en el matrimonio o en otras uniones estables,  siempre que no rompan las barreras de la ley natural. Las relaciones familiares, sin embargo, no son exclusivamente biológicas. Ese parentesco físico o legal crea unos vínculos morales y espirituales fuertes basados en el amor mutuo, y en tantos otros valores que se derivan de ese amor. Como decía antes, la esencia de ese espíritu de familia radica en el sentido plural de la existencia. No caben las posturas egoístas o inmaduras si se quiere sacar adelante un proyecto familiar. Se necesita un cambio radical en la forma de enfocar la vida. Lo “mío personal”, lo que “me gusta y me divierte” pasa a un segundo o tercer plano. Incluso llega a desaparecer en nuestro horizonte cuando “los demás” emergen en ese panorama. Son sus prioridades, sus gustos, su bienestar, su desarrollo   lo que nos debe  preocupar, lo que nos  interesa y nos hace felices, cuando  nos volcamos con ellos “a fondo perdido”.  Por supuesto que una familia cabal, una familia “como Dios manda,” no es cuestión de un personaje extraordinario que aparece en escena – sea el padre, la abuela, la madre, un tío, o un hijo singular. Muy al contrario. Una familia que funciona es la suma del empeño de cada uno de los que la componen, por lograr ese objetivo de pensar en el bien de los demás antes que en los propios intereses egoístas. Esto requiere ayuda mutua, olvido propio, y donación desinteresada. Preciosa utopía que sabemos por propia experiencia que en la práctica del día a día se convierte en una ardua tarea.

La familia sólo funciona en plural

Hoy por hoy, esa realidad suena a una quimera o un sueño de “Antoñita la fantástica”. Y sin embargo, se van dando pasos importantes.

No cabe duda que la mentalidad de la gente joven está cambiando, en algún sentido, para bien, pero queda mucho camino por recorrer, y muchos detalles que enseñar a hijos  y a los padres, aunque haya que armarse de paciencia hasta que de verdad aprendan a trabajar en casa de forma eficaz. Es nada más y nada menos, pedirles que apliquen a la vida práctica sus más brillantes dotes intelectuales, sin hacerse los despistados.

Ahí puede residir, en  buena medida, del secreto del éxito en un lógico y actual  reparto de papeles : ser conscientes de que todos tenemos mucho que aprender de los demás, y también algo que enseñar. Cuando tanto pequeños como grandes, hijas o hijos, están convencidos de que la casa es de todos y que sólo funciona en plural, las tareas domésticas se reparten con naturalidad, y nadie juega el horrible papel de víctima. Incluso llega a ser divertido,  por lo menos estimulante, el trabajo en equipo, los turnos, o el sistema que a cada familia le vaya mejor. Todo menos que el teléfono suene y suene, y los niños bien repanchingados en los sofás frente a la tele, se digan unos a otros : “oye, ¿estás sordo, no escuchas el teléfono ?” Y que nadie se de por aludido, hasta que la “sufrida madre”, que acaba hasta la punta del pelo, responde de mal humor a la llamada. Eso es contraproducente para todos, y una pésima educación.

Si queremos sacar adelante nuestra vida familiar, sólo lo conseguiremos si cada uno aportamos,  lo mejor de nuestra capacidad, a esa empresa que requiere, a tope, nuestra energía vital, nuestro talento, nuestra disponibilidad, nuestro sentido común y nuestro buen humor. Todo entrelazado con una actitud de servicio desinteresado hacia los demás, en el  que se funden la magnanimidad, es decir, la grandeza de alma, una certera y constante visión de la jugada, y esa determinada determinación de la que hablaba Santa Teresa, de llegar a buen puerto, con una familia sólida, consistente y unida. Siempre con la idea básica  de que todo lo que vale cuesta, y, por consiguiente, hay que pagar por ello el precio justo.

En resumen, se trataría de  definir el objetivo que se pretende con nuestra propia familia, ver el mejor modo de llevarlo a cabo, cada día, y compartir ese punto de mira con todos  los miembros de nuestra casa, ya que, una vez más, la unión hace la fuerza”. Si el resultado es un éxito seguro que todos nuestros amigos se apuntan la fórmula.

Covadonga O´Shea

Presidenta de ISEM Fashion Business School

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