“Prevenir lo inevitable, En búsqueda de una solución financiera para la jubilación”

Por Enrique Tombas

Al pensar en nuestra Jubilación es bueno recordar lo vivido durante los últimos años y actuar así con la lección bien aprendida. La crisis económica presente nos ha enseñado que valores que aprendimos de niños, y que desafortunadamente olvidamos en los años locos, al asumir que la situación de bonanza que gozábamos, durante un período de más de diez años, era inagotable e inacabable, nunca debieron de ser aparcados.

Valores como la Austeridad y la Previsión son protagonistas en la gestión de nuestra Jubilación. Nuestro posicionamiento ante el intenso debate mediático sobre el sistema público de pensiones y el alargamiento de nuestra vida laboral debe recordar ambos valores.

El sistema público de pensiones supone una conquista social irrenunciable. No obstante, el alargamiento de la esperanza de vida hace que cada vez sean más las personas que disfrutan en un mismo momento de su merecida jubilación, sin que a su vez crezca el número de trabajadores que contribuyen con sus ingresos a pagar la pensión de aquellos. El resultado es sencillo. La renta a percibir a través del sistema público de pensiones es pequeña y a futuro seguirá siéndolo.

Aquellos que actualmente contribuimos a favor de nuestros mayores debemos de estar alerta, tener presente la ecuación anterior, y actuar en base a  los valores citados. Debemos destinar una parte de nuestros ingresos presentes a soluciones financieras que nos permitan a futuro complementar nuestra futura y pequeña pensión pública. Así, cuando nos jubilemos  nuestros ingresos serán menos distantes de los obtenidos durante nuestra vida laboral.

Los Planes de Pensiones son la solución idónea en el mercado financiero español para dar respuesta eficaz a lo anteriormente planteado. Los Planes nos permiten “guardar” nuestras aportaciones hasta la jubilación. Su indisponibilidad garantiza que esos ahorros se destinen a su finalidad original, y que no es otra, que complementar nuestra pensión pública de jubilación, quedando protegidos de las humanas tentaciones de consumirlos antes de alcanzar la vejez.

Los Planes de Pensiones invierten en diferentes activos, existiendo una gran oferta en el mercado financiero nacional, que viene incentivada por una fiscalidad excelente para con las aportaciones efectuadas a éstos.  Es una forma de previsión financiera, que el mercado ha adaptado a la naturaleza de cada inversor, ofreciendo distintas gradaciones de riesgo. Desde la inversión en renta fija con riesgo casi cero hasta la inversión en compañías radicadas en países emergentes, con mayor expectativa de rentabilidad pero con mayor riesgo.

Además, la austeridad y la previsión que supone destinar una parte de la renta disponible anual, durante la vida laboral, a ahorrar a través de un Plan de Pensiones debe ser un buen negocio. El dinero destinado a los Planes no será dispuesto hasta transcurridos 15-20 años de media desde su aportación – pues no olvidemos que como padres lo conveniente sería comenzar a hacer dichas aportaciones alrededor de los 30-35 años de edad para dejar de hacerlas hacia los 65 años – y las estadísticas históricas nos dicen que los índices bursátiles en el largo plazo funcionan. Aquel que hubiese invertido cada año, durante los últimos 30 años, en el índice mundial bursátil, habría obtenido – a pesar de toda la que ha caído en los últimos años en los mercados financieros – una rentabilidad media anual del 7,10%, es decir, habría multiplicado su dinero por 7 veces, al haber crecido el valor invertido en un 674%.

Aprendamos así de nuestros propios errores. Seamos Austeros y Previsores. También cuando hablamos de jubilación. Ahorremos ahora, cuando estamos en las “vacas gordas”, en la edad de generar ingresos, y así cuando lleguen las “vacas flacas”, la edad de disponer de los recursos almacenados en nuestra despensa particular – nuestro Plan de Pensiones – dispondremos de un merecido complemento a la irrenunciable pensión pública, que será modesta, al distribuirse entre una población jubilada cada vez más numerosa, y que a futuro pronostico que socialmente priorizara su atención en aquellos que durante su vida laboral hayan tenido menor fortuna y  menos capacidad de ahorro para su futura jubilación.

La gestión de la jubilación desde el estadio personal de no jubilado, es decir desde el de contribuyente, es la condición necesaria para que se cumpla con el significado etimológico de la palabra, que no es otro que “jubilo” como sinónimo de “alegría”, para que nos permita vivir nuestra futura jubilación con una economía personal más saneada, evitando que ésta sea un problema adicional a los propios de la edad en la que viviremos nuestra jubilación.

Enrique Tombas, Gestor Financiero

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