Enseñanza distorsionada

Por ‘Prof. Dr. Ricardo Sánchez Recio – Especialista en Educación sexual.

“Los hijos son nuestro gran tesoro que debemos cuidar y proteger de toda vivencia egoísta, hedonista y narcisista del sexo, degradante y no saludable”.

Todos sabemos que son los padres quienes tienen el derecho y el deber de brindar la educación sexual a sus hijos, conforme a su escala de valores familiares y al orden de la misma naturaleza humana. Y estamos de acuerdo en que la escuela debe colaborar subsidiariamente con la obra educativa de los padres, perfeccionándola en lo que sea necesario, situándose en el espíritu mismo que anima a los padres. Por lo tanto, es necesario que los padres estén bien informados de qué tipo de contenidos y metodología educativa se está implementando con sus hijos, qué clase de educación sexual se brinda o pretende brindar en las escuelas.

Lamentablemente, cada vez toma más auge una educación sexual de tipo materialista y hedonista, donde la siguiente ecuación: “sexualidad humana = sexualidad animal = genitalidad”, reduce el amor a la función biológica, al erotismo, al placer por el placer, al “si te gusta, hazlo”, descartando que la sexualidad afecta y compromete a toda la persona de manera integral. De esta forma, poco a poco se van justificando comportamientos considerados hasta no hace mucho tiempo como desordenados o desviados. En efecto, la ideología de género hoy vigente en la educación sexual permisiva y hedonista, enseña que ya no existen solo dos sexos, varón y mujer, sino varios: heterosexual, homosexual, bisexual, transexual, etc., porque considera a la sexualidad humana como un elemento maleable y elegible por el individuo. Las diferencias varón-mujer serían meras construcciones culturales “hechas” según los “estereotipos de género” asignados a los sexos en la sociedad por un largo proceso histórico-social. Simone de Beauvoir ideóloga del género, por ejemplo, enseña que, a pesar de que existe diferencia biológica entre varón y mujer, la persona en realidad es neutra sexualmente; es la historia la que dando determinados oficios al varón y la mujer, modeló las personalidades y causó las diferencias: éstas son una creación cultural. Conocido es su aforismo: “No naces mujer, te hacen mujer”

Esto se pretende enseñar a nuestros hijos hoy en las escuelas, con los “modernos y científicos” manuales de educación sexual. Actualmente, se propugna que los padres no transmitan una determinada identidad sexual a sus hijos; sino que deben esperar a que ellos crezcan para que puedan optar por sí mismo que desean ser; es que cada individuo puede “escoger” su sexualidad y construirla de acuerdo a su “preferencia sexual”. Tampoco se debe impedir que los adolescentes decidan cuando y con quien comenzar a tener experiencias sexuales, puesto que es su derecho. Según esta educación sexual “moderna”, los valores éticos son “tabúes” de un pasado patriarcal y androcéntrico, ignorante y no científico; los comportamientos morales son “estereotipos” impuestos por la cultura oscurantista cristiana, en una época llena de prohibiciones y represiones, cuyo ejemplo es la Inquisición; las virtudes son “represivas y castrantes” porque en materia de sexualidad, todo le está permitido al hombre, mientras lo haga sentirse bien y no dañe o hiera a los demás, ni a sí mismo, dejando atrás toda barrera que limite su derecho a gozar del sexo.

Educar para el amor es responsabilidad de los padres, que preparamos a nuestros hijos para la vida. Ellos son nuestro gran tesoro que debemos cuidar y proteger de toda vivencia egoísta, hedonista y narcisista del sexo, degradante y no saludable. Los padres tenemos la gran misión de guiar y orientar a nuestros hijos hacia la madurez sexual, en aras de lograr que ellos crezcan felices, seguros y confiados.


Dr. Ricardo Sánchez Recio  – Especialista en Educación sexual. (Editado en el Diario de Cuyo)

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