Descubrir una moda que no pasa

Por Oswaldo Pulgar Perez

Recuerdo que una vez le pregunté a un chico de unos diez años: ¿Qué es una virtud? Me contestó que era un animal con el cuello y las patas muy largas, que acostumbraba meter la cabeza en un hoyo en la tierra.

Evidentemente, confundió la virtud con un avestruz. Cuando no reconocemos los términos que sirven para expresar una realidad, es muy probable que esa realidad expresada tampoco la conozcamos. Y en el caso de las virtudes, -que son dinámicas-, tampoco se vivan.

En un interesante artículo Nieves García nos explica cómo las modas vienen y van: ropa, zapatos, peinados, lenguaje. Las seguimos para evidenciar que estamos al día. Añade que hay una moda que no pasa, y que en el fondo sostiene a las demás: la moda de la verdad, del bien, de la alegría, de la belleza, del amor.

En otras palabras, la moda que encierra la grandeza y la maravilla de cada ser humano. Es la moda eterna que nos interesa a todos, porque en el fondo estamos cansados de aquellas modas efímeras que nos quitan tiempo y dinero, para luego desaparecer sin dejarnos nada.

Armando Marinese nos pone por delante lo que él considera como “paradojas frecuentes”: “Gastamos más, pero tenemos menos. Compramos más, pero disfrutamos menos. Tenemos casas más grandes, pero familias más pequeñas. Más comodidades, pero menos tiempo. Más diplomas, pero menos sabiduría.

Más conocimientos, pero menos criterios. Más expertos, pero más problemas. Escribimos más, pero aprendemos menos. Más medicina, pero menos salud. Planificamos más, pero realizamos menos.

Construimos más computadoras para acumular más información y producir más copias que nunca, pero nos comunicamos cada vez menos. Hemos multiplicado nuestro patrimonio, pero hemos reducido nuestros valores”.

¡Excelente diagnóstico! A fuerza de adorar la técnica y buscar el bienestar, nos hemos olvidado de lo que somos. Los griegos decían: ¿Cómo saber lo que nos conviene, si no sabemos lo que somos?

Vivimos en la civilización de la gelatina. Nada es firme. El bien y lo verdadero dependen de cada uno. La verdad no existe, cada uno tiene la suya. Confundimos la verdad con la opinión.

Esto trae como consecuencia que la impunidad campee por sus fueros. Que la inseguridad aumente. Que poco a poco las personas valgan menos. Quedan machacadas por las modas que, por ser superficiales, en vez de enriquecerlas las esclavizan y las destruyen.

La época de la Grecia clásica o del Renacimiento son buenos ejemplos del florecimiento y progreso que se instauran en una sociedad que descubre el valor del ser humano. Florecen las artes, la ciencia, la concordia y la justicia. Surgen los sabios y se escucha la Historia. Se sueña con ser más, con ser mejor y con volar más alto.

Pongamos de moda la verdad, el bien y la belleza. Así construiremos una civilización de hierro forjado, donde el hombre y la mujer sean los seres más cotizados.

Oswaldo Pulgar Perez

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*