“Solos, viejos y abandonados”


Por Juan Gratacos

Estamos en una sociedad trepidante con continuos cambios y en los que año que pasa vamos viendo mejoras tecnológicas que compartan unos  cambios sociales radicales

Una sociedad en la cual la vida se nos hace cada vez más “conectada” y donde vivir se convierte en un continuo ponerse al día en todo nuestro entorno social.

Hay también, sin embargo, cambios que nos salpican en la estructura  social más íntima de nuestro entorno, aparentemente tan socialmente conectada, pero a la vez tan  independiente y socialmente desvinculada en nuestra capa más personal.

¿Nos damos cuenta que están dejando de existir unos vínculos que nos refuerzan íntimamente nuestros lazos más personales?

Con la aprobación del aborto y con el descenso de la natalidad, ya no tenemos hijos, ni hermanos, con el divorcio Express y con el aumento exponencial de éste, ya no tenemos cónyuges, con la entrada de la eutanasia ya no tendremos padres, pues en el momento que se legalice se abre la puerta a la aplicación sistemática,… entonces,..¿Que seremos?

Sin cónyuge, sin hijos y sin padres a quien cuidar,…. Nuestra vida va a acabar siendo lo mismo que nada ya que si no dejamos poso o huella, poco servicio le habremos dado a la sociedad y a los demás…. Entonces y haciendo un pensamiento maquiavélico,…. no es de extrañar que los estados no estén preocupados por un aumento de la vejez y un descenso de la natalidad… la eutanasia aplicada a un “personaje” desvinculado de lo más íntimo, es decir sin padres, hermanos, hijos o cónyuge, va a contar menos que la camilla del hospital que ocupe. ¿Quien lo echará de menos?

Creo que será mejor ir pensando que como personas necesitamos cuidar  estos vínculos, tanto como el agua que bebemos o el aire que respiramos y no podemos dejar que la sociedad nos los elimine. No vaya a ser que acabemos como Garfio,… “solos, viejos y abandonados” en una triste cama de hospital a punto de ser “eutanasiados”

Hagamos que nuestros hijos los defiendan, los aprecien y sepan luchar por ellos, si es necesario navegando contracorriente

Juan Gratacos

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