La Queja

Por Josep Manel Prats

El deporte nacional. Voy a empezar por mí mismo. Yo me quejo con frecuencia, a veces por tonterías. Pero he leído hoy una cita que me ha hecho proponerme cambiar. A mejor, creo. Y no quejarme tanto…

La cita es de Swami Parthasarathy, un maestro de vedanta, que dice: “La cultura de la queja lleva a occidente a la decadencia. Una cultura basada sólo en los derechos individuales no lleva a la armonía personal ni colectiva, porque, quien es educado en la convicción de que tiene derecho a todo, siempre encuentra motivos para la queja.” Genial.

Para dar consejos a terceros, hasta ahora me servía un slogan atribuido a la cultura inglesa: “si tu problema tiene solución, de qué te preocupas; y si no lo tiene, de qué te preocupas”. Pero esto de Parthasarathy me abre una nueva perspectiva: si tengo un problema, haré algo por solucionarlo. Y si no puedo solucionarlo yo sólo, tendré que buscar a alguien que me ayude a solucionarlo. Pero no debería esperar a que alguien lo haga por mí.

Argumentos sobre la crisis del estilo: ”a ver cuando pasa esta crisis”, o “ a ver cuando se soluciona esto”, solamente hacen que perpetuarla, porque ya hay al menos una persona que no está dispuesta a hacer nada para solucionarla, sino que espera que se la solucionen. Y estadísticamente, uno de una muestra de uno, es mucho.

Nos hemos acostumbrado a que todo nos es debido. Pues nos han engañado, diciéndonos ya hace demasiados años, que el Estado (papá Estado o mamá autonomía, da igual) es el proveedor ordinario de las soluciones. Y si no lo es, debería serlo! -afirmamos indignados sumidos en una dinámica perversa de la que somos culpables inconscientes.

Y así nos empequeñecemos, dejamos de tener iniciativa y quedamos paralizados por el veneno de la inacción, la desidia y nos instalamos en la queja permanente. O, en un alarde de liderazgo proclamamos altivos: “que alguien haga algo!” Y si resulta que alguien hace algo para solucionar sus problemas, le llamamos insolidario y egoísta, y también le decimos que debería repartir sus beneficios con los demás, o poner sus habilidades al servicio de los demás; de unos demás, por otra parte, que están completamente paralizados, esperando que “se” solucione.

En general, los hijos y jóvenes de nuestra generación se quejan prácticamente por todo. Luego hay un grupo que va soportando las adversidades con cierta resignación. Suelen ser hijos de familias con pocas posibilidades económicas o también familias numerosas, que tienen que compartirlo todo, o casi todo. Pero es cierto que estos son actualmente una minoría silenciosa. Y de qué se quejan? Pues de levantarse temprano, de que para desayunar no haya un bufet fantástico (como en el hotel del veraneo que costó una pasta), de tener que ir al cole, de aguantar al profe de lengua, de no poder salir del cole cuando quieren, de tener que hacer los deberes, de tener que acostarse a una hora razonable (las 11 de la noche es pronto), de la comida del cole, de la comida de casa, de no poder salir de noche todos los días hasta que el cuerpo aguante, de no poder comprarse un cochazo, bueno, que se lo compre su padre, o una moto, de no poder ir a esquiar, o todo lo que se os pueda ocurrir.

Si un hijo tiene un problema, ordinariamente le ayudamos. Pero solamente deberíamos hacerlo si no puede hacerlo él. Pero si razonablemente puede hacerlo, que aprenda a solucionarse él sus problemas. Si no lo haremos un blando. Esto, que nos parece de lo más razonable, no somos capaces de aplicarlo a nuestra vida?

Si nuestra familia tiene un problema, pues nos toca solucionarlo al padre y a la madre, eventualmente con los hijos. Si no, se enquista y el problema es mayor. Y si no podemos, pedimos la ayuda que razonablemente creamos mejor. Y lo solucionamos… (salvo que seamos de los que acudimos al Estado hasta para ir a mear)

Si el vecino tiene un problema, oye, que se busque la vida, que ya tendrá a su familia o a sus amigos… que yo ya tengo bastantes problemas con lo mío, y tal y tal…

Si la sociedad tiene un problema, qué hacemos? Que lo solucione el Estado…. Que para eso pagamos los impuestos.

Pues a ver si podemos cambiar eso, que ya es tiempo. No nos conformemos con votar (incluso en blanco), de participar, pero de influir todo lo que se pueda en los partidos y en los diputados que se elijan. Que sientan la presión de la sociedad civil (los padres y madres, por ejemplo) para hacer las cosas que prometen y las que convienen a la sociedad en general.

Oímos a nuestros “consultores de belleza” que hay que renovar el interior para que se note en el exterior. Pues eso, renovemos nuestra persona, hagamos bien y con sentido una revolución interior, personal y familiar para que “se note en el exterior”, que podamos pedir con autoridad lo que creemos que es mejor.

Si cambiamos y buscamos soluciones, todos y cada uno, esto está chupado.

Por Josep Manuel Prats

Fuente: http://familiaycolegio.wordpress.com/

3 comentarios
  1. Claudia Barrientos
    Claudia Barrientos Dice:

    Estoy de acuerdo, una ànimo positivo y soluciones. Cambiar nuestro interior para poderlo reflejar, esto da como resultado una mejor sociedad.
    Lindo artìculo con mucha sabiduria.

  2. Luis Parera
    Luis Parera Dice:

    Fantástico! El cambio empieza con uno mismo!!.
    La de veces que nos quejamos en el coche, en casa o en la oficina. Me propongo no quejarme durante una semana, seguro que los de alrededor lo notan. Y si alguien se me queja, le pienso sonreir y pedir perdón (aunque no tenga razón) y veréis que cara pone!
    El mundo se cambia con muy pocos! Anímo

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