Fuera de serie; Edith Cavell. Enfermera inglesa durante la I guerra Mundial

Nació en Norfolk, Inglaterra en 1865, la mayor de cuatro hermanos, educados bajo la estricta y severa instrucción de su padre, el reverendo Cavell. Hombre estricto y exigente, se encargó de la formación de sus hijos con dedicación continua, que a la vez ejercía con cariño. Edith siempre recordará las lecciones de justicia y solidaridad de su padre con los demás que lo hacían  un hombre justo

Su madre, cariñosa, generosa y entregada a su familia. La familia Cavell, a pesar de la rigidez y severidad del padre, era una familia feliz.

Edith se forma en escuelas para llegar a ser gobernanta en alguna familia inglesa, pero su continuo interés por salir y conocer mundo la hizo cruzar el canal y trasladarse a Bruselas donde aceptó una oferta como gobernanta en una familia belga, los Francoises.

Edith heredó tanto la severidad de su padre como el gran cariño y generosidad de su madre.

En 1895 tras volver a casa para cuidar a su padre moribundo, nació en ella el entusiasmo por la enfermería, a raíz de recordarse su obligación moral por ayudar a los demás que era lo que ella había aprendido. Se convirtió en enfermera profesional y tras varios años ejerciendo caracterizados por su profesionalidad, dedicación, entusiasmo y labor, fue recomendada a dirigir en Bruselas una escuela de enfermeras, labor que acepto en 1907.

Hecho que sería, a posteriori, clave para muchos, durante la I guerra mundial

Durante esta etapa, Edith fue una dotada maestra que gracias a su mano dura con guante de seda supo formar a un buen grupo de talentosas enfermeras, de tal manera que cambió la visión de la sociedad belga de ver que enfermeras profesionales pudieran hacer también labor que hasta entonces  estaban reservadas únicamente a  personal de la Iglesia

En el verano de 1914, estalló la Gran guerra, y la escuela se transformó en un Hospital de la cruz roja, donde ya bajo las órdenes de Edith, se determinó que en el Hospital se tratarían todo tipo de soldados de guerra, sin importar el país ni el bando de los mismos.

En el primer año de guerra y tras el retroceso de las tropas belgas, francesas e inglesas, los alemanes decidieron reubicar a sus propios hombres en otros hospitales y obligó a las enfermeras extranjeras a abandonar Bruselas, por razones desconocidas, Edith permaneció en suelo belga

Las fuerzas alemanas dictaron orden de ejecutar  a cualquiera que diese cobijo o protección  a soldados aliados, testamento de todos aquellos que con coraje y valentía arriesgaron su vida para ayudar a soldados a escapar mostrando su más entera humanidad. Fue a partir de noviembre del 14 cuando Edith transformó su hospital en cobijo y escapatoria de soldados heridos, hecho que jamás dudó al considerar que era su deber patriota y de servicio a los demás. Durante los siguientes 9 meses Edith dio cobijo, comida y cura a más de 200 soldados aliados a los que posteriormente ayudó a escapar a través de Holanda a tierras inglesas para poderse reincorporar a filas.

No fue más que el deber que ella consideraba que era el suyo de servir y ayudar a los que no se podían ayudar por ellos mismos. Edith, para no poner la vida de sus colegas enfermeras en peligro, no desveló jamás su trama para evitar ponerlas en peligro.

La guerra se complicaba pero jamás dejó “su puesto de batalla” ya que lo consideraba  su deber, con el riesgo que suponía una repentina incursión alemana en el hospital, cosa que ocurrió durante los siguientes meses, cuando Edith fue hecha prisionera y encarcelada.

Fue juzgada por un tribunal alemán y se le sentencio a morir el 11 de Octubre de 1915 por pena capital “por haber socorrido a enemigos de Alemania”

Jamás bajo la cabeza y con orgullo  y sin pesar defendió hasta el final su labor pues sabía que su papel era el de “salvar vidas”

Al filo de su ejecución acepto su sentencia con dignidad y firmeza “agradecida de como fui tratada,….de pie encarando a Dios y a la eternidad, me di cuenta que no todo era patriotismo sino que además no debía albergar lugar para el odio ni la amargura en mi corazón hacia nadie, por muy enemigo que fuese”

Edith Cavell fue un ejemplo de coraje y de humanidad infranqueables que vivió una vida de servicio y valentía hacia los demás

Sindicato de Padres

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