Utilizábamos la cabeza

Un chico de unos diez años, rodeado de cables y pantallas le dice a su padre: -Papá: ¿Cómo hacían ustedes para estudiar si no tenían Internet, twitter, ipad, facebook, celulares etc.? 

El papá le contestó como quien lo tiene muy bien pensado: -¡Pues usábamos la cabeza! ¡Tremenda respuesta! No hay duda de que todos estos inventos nos permiten hacer en menos tiempo lo que usualmente haríamos en más.

Pero me parece que, en este caso, los extremos hacen daño. Los aparatos facilitan el trabajo pero sustituyen el esfuerzo de pensar. Whitehead escribió que la educación tiene dos mandamientos: No enseñar demasiado, y lo que se enseñe, enseñarlo a fondo.

Sabia advertencia. “Leer, escribir y calcular son para mí –dice Ángel Rosenblat– los objetivos supremos de la escuela”. Y me parece que con tantos aparatos les estamos quitando a los niños la ocasión de pensar, de tener iniciativa, de comprender un texto.

Si todo lo ciframos en acumular información, tendremos auténticos robots, que además de mecanizar la vida, la inutilizan por no enseñar lo fundamental. Seguimos escuchando a Whitehead: -“Un hombre bien informado es lo más fastidioso e inútil que hay sobre la tierra.

La fase infantil comienza con la adquisición del habla. Inculcar la ciencia en esa etapa destruye la iniciativa y el interés y malogra las posibilidades de una comprensión futura”. Tenemos que vacunar a nuestros hijos contra el abuso de la tecnología. Ese abuso que ha sido origen de grandes desastres en la historia.

Si además de informar, formamos, tendremos un buen trecho recorrido. Formar es dar criterios. Los institutos educativos enseñan a ganar y a producir, pero no enseñan a vivir. Aquí está la clave. Los muchachos, además de información necesitan criterios de actuación: saber qué hacer con la información que reciben y qué hacer con su vida. Recibirán solicitaciones de todos lados, que si se dejan llevar, los convertirán en animalitos, sin ideales ni ilusión por vivir.

Parte de ese dar criterios consiste en leer. Leer libros buenos. Porque los hay malos, que en vez de formar deforman. El hábito de la lectura no lo adquirirán, si los padres no leen. Nadie da lo que no tiene. La buena literatura siembra inquietudes, abre horizontes, presenta modelos dignos de imitar.

Reseñaba la prensa que un joven de unos veinte y tres años, murió cuando que se introdujo en la cabina que guarda las ruedas de un avión que cubría la ruta Cuba-Madrid. Aquí está el resultado de una vida sin sentido, que otros se han empeñado en convertir en mediocridad.

El Papa Benedicto XVI les decía a los jóvenes en Inglaterra: -“Cuando os invito a ser santos, os pido que no os conforméis con ser de segunda fila. Os pido que no persigáis una meta limitada y que ignoréis las demás. Tener dinero permite ser generoso y hacer el bien en el mundo, pero por sí mismo, no es suficiente para haceros felices.

Estar altamente cualificado en determinada actividad o profesión es bueno, pero esto no os llenará de satisfacción a menos que aspiremos a algo más grande aún. Llegar a la fama, no nos hace felices”.

También para las metas que nos propongamos en la vida hace falta la cabeza. Ya no solo para pensar, si no sobre todo para decidir. Esto es un reto para alumnos, padres y profesores. No pensemos que es una tarea imposible. Charles Dickens escribió: “Nadie sabe de los que es capaz, hasta que lo intenta”.

1 comentario
  1. Claudia Barrientos
    Claudia Barrientos Dice:

    Muy buen articulo, la tecnologìa es bella pero es importante no separarse del uso de la razòn.

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*