Supernannies o Padres??

Por Dra. Montserrat Rutllant

En los últimos tiempos, ante el incremento constante de conductas insolidarias, cuando no agresivas, de los jóvenes y del fracaso escolar, se han alzado numerosas voces que nos urgen a replantearnos cómo estamos educando a nuestros hijos o, lo que es lo mismo, cómo preparamos su futuro.

Recogiendo diversas opiniones de expertos en estos temas, se llega a la conclusión que, después de unos años de la aplicación de las spock’s theories, se está volviendo a intentar una educación con más transmisión de valores y responsabilidades, para evitar resultados como los que denunciaba un prestigioso columnista explicando los resultados de la educación actual: “somos una generación obsesionada por la seguridad más que por la educación… Al rey de la casa le hemos montado la república independiente… con ordenadores, playstations y ahora móviles, pero en la que los padres tienen escaso protagonismo. Con el peligro de que un día los hijos bajen a los padres al contenedor junto con otros juguetes antiguos, si advierten que ya no les sirven para nada”.

Huyendo de la ley del péndulo a la que muchas veces nos sentimos abocados, sí que conviene redescubrir las voces que, en los últimos setenta años nos han intentado ayudar a reorientar el camino.

Así, Folch i Camarasa afirmaba en los años 60: “Hoy en día no hay ningún profesional de la salud que dude de la íntima relación que existe entre la vida emocional y la evolución de la persona en general. Existe una íntima correlación entre el desarrollo afectivo y la evolución intelectual. El niño evoluciona esencialmente alrededor de un eje emocional , y el hecho más importante para que consiga una correcta maduración es que, desde muy pequeño, aprenda a tener afecto a sus padres y a otras personas”.

Y, en el Congreso celebrado en Barcelona sobre estrés y violencia, el psiquiatra Rojas Marcos afirmaba: “Las semillas de la violencia se siembran en los primeros años de la vida, se cultivan y se desarrollan durante la infancia y comienzan a dar sus frutos en la adolescencia; en los primeros años deben haber aprendido los niños los elementos esenciales para la correcta sociabilidad, la convivencia y la compasión. También la semilla de la violencia se siembra en estas primeras etapas”;.
Y el escritor Dostoiewsky nos recuerda que “el que acumula recuerdos felices en su infancia, está salvado para siempre”.

A pesar de estas voces autorizadas, hasta ahora se han adoptado pocas medidas  que supongan una ayuda importante para comenzar la educación de las personas desde sus primeros pasos en este mundo y acompañarlos a iniciar el camino hacia la madurez.
Ejemplos de la poca importancia que se ha dado a estos temas son las medidas que se han implementado en los últimos años, en diversos países europeos, por ejemplo, en Gran Bretaña cuando Blair era todavía Primer Ministro e impulsó la iniciativa de ayudar a padres con hijos jóvenes problemáticos  en la consecución de buenos hábitos de conducta. Desde mi punto de vista  es una medida que, aunque bienintencionada, llega tarde y no aborda las raíces del problema.
No es práctico  evitar enfermedades cuando ya están demasiado arraigadas, sino antes, siempre que exista una posible prevención. Por ejemplo, vacunamos de la polio antes de que aparezca la infección; hacemos lo mismo con la educación viaria que se ha de impartir  antes de las salidas masivas de las vacaciones, o la prevención de incendios que conviene  hacer antes de que comience la canícula.

Lo mismo podríamos decir de las “supernannies”, los “hermanos mayores” y tantos programas de pseudocoaching que invaden las parrillas televisivas; algunos de ellos con tanta trascendencia que son citados en revistas científicas como Pediatrics.
Otra iniciativa que ha empezado a implantarse en USA son las “doulas”, una especie de “madres-consejeras” que se instalan en casa de los padres recientes para acompañarlos y enseñarles los conocimientos básicos del cuidado de un bebé.

Trabajar la educación emocional significa, entre otras cosas, dedicar tiempo a educar, entrenar a los hijos en el ejercicio responsable de su libertad, poner límites a sus exigencias, saber que el niño que no es mínimamente disciplinado, con amor, por su familia durante su infancia, lo será con dureza por la sociedad cuando llegue a ser adulto; y no olvidar nunca que poner límites o enseñar a obedecer unas normas ha de ser compatible con el diálogo empático, los juegos, las risas, para no pasar de ser padres excesivamente permisivos a ser padres “aguafiestas”.

El neonatólogo y pediatra  de familia  C. Wennberg afirmaba, hace ya muchos años, que la segunda madre del niños ha de ser el padre. Desde la etapa prenatal, el hijo ha de recibir la estimulación y el afecto de los dos progenitores; los abuelos, la puericultora de la guardería o la cuidadora, han de ocupar un lugar importante , pero adecuado y nunca sustituto de la figura paterna ya que, si bien es la madre la que le abre la puerta al mundo, ha de ser el padre, excepto en casos de ausencia o incapacidad, el que le ayude a atravesar esta puerta y a abrirse a las primeras relaciones sociales.

Si de verdad creemos que los niños son nuestro futuro, y es evidente que lo son, todos tendríamos que sentirnos responsables de ayudar a los padres a educar a sus hijos con serenidad y con amor, colaborando con ejemplos públicos de solidaridad, respeto, honestidad (palabras que últimamente están en desuso) y, probablemente, no necesitarían tantas supernannies para llenar los déficits afectivos y educativos que tantos padres, poco apoyados, crean.

Por Dra. Montserrat Rutllant

2 comentarios
  1. luis Jaureguizar
    luis Jaureguizar says:

    os felicito por el artículo. Me ha parecido muy sugerente el insistir de forma sútil en la importancia del padre en la educación de los hijos.

  2. Maite
    Maite says:

    Por si alguien creía que los niños venían al mundo con un libro de instrucciones bajo el brazo, me sabe mal tener que decir que es mentira.
    Ser madre/padre es impresionante, pero muy duro. Pensar que bajo tu responsabilidad está la salud, educación y desarrollo de tus hijos es una gran presión a la que te ves afectado desde su nacimiento y que no desaparece nunca.
    Los tiempos cambian y si antes las madres podían tener el lujo de quedarse en casa atendiendo el hogar y la familia y gozar de la ayuda y consejo de sus propias madres, ahora es imposible, las madre trabajamos y la mayoría de abuelas aun jóvenes también.
    Vivimos relativamente lejos de la familia por haber buscado un hogar a un precio asequible y hemos de tirar de canguros, servicios de acogida, extraescolares y de favores en el trabajo para atender las necesidades de nuestros hijos, y la verdad es que es estresante.
    Queremos ser buenos padres, lo somos!! Aunque en ocasiones mimemos en exceso a nuestros hijos para compensarles el poco tiempo que pasamos con ellos.
    La sociedad ha cambiado, y hemos pasado de los rombos de la tele al libre albedrío. Y ahora nos quejamos de los resultados.
    Una cosa es mimar y la otra no educar. Se puede mimar poniendo unas normas, enseñando unos valores y guiando su desarrollo, y aunque se tenga poco tiempo es posible conseguirlo.
    Es cierto que las nuevas tecnologías nos pueden ayudar, pero el exceso de las mismas puede hacer de nuestros hijos personas totalmente antisociales que solo piensan en encerrarse en sus habitaciones con el ordenador, la tele y el móvil. Como padres no podemos ser perezosos; aunque estemos cansados hemos de intentar hacer participes a nuestros hijos de actividades familiares y hacer lo posible para que disfruten con ella. A parte estas pueden no implicar gasto alguno.

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