¿Queremos actuar como padres?

Por Oswaldo Pulgar Pérez


Luis Guillermo tiene días llegando tarde a su casa. Los padres deciden llamarle la atención. El muchacho, en vez de acatar el horario que establece la familia, les dice: -“A partir de hoy, llegaré a casa a la hora que me dé la gana”. El papá en un alarde de autoridad, le dice: -Muy bien hijo, ¡Pero ni un minuto más!
Cada vez más los padres de hijos adolescentes se encuentran impotentes para exigir. No podemos entonces echar a otros la responsabilidad cuando ocurra algo que se sale de lo común. Ni la policía, ni el dueño de la discoteca donde el chico se emborracha, son los responsables. Somos nosotros que no hemos sabido, o querido, ser sus padres.
Los adolescentes interpretan mal la libertad. Para ellos ser libres es hacer lo que les da la gana. Craso error. Pero alguien tiene que enseñarle a administrar bien su libertad. Los niños desean que sus padres compartan más tiempo con ellos. Esa convivencia es necesaria. ¿Cómo vamos a educar si no convivimos?
El sentimentalismo nos convierte en testigos mudos y alcahuetas de las fechorías de nuestros hijos. Tenemos miedo a enfrentarlos. Nos asusta el modo como puedan reaccionar. No queremos hacerles sufrir.
El remedio está, -entre otros- en hacer atractivo el hogar. Que los muchachos se sientan tan a gusto en su hogar, que los amigos pasan a un segundo plano. No es que no sean importantes, sino que están después de sus padres. Un señor rememoraba así sus experiencias juveniles:
“Los compañeros me provocaban para que bebiera, fumara y desobedeciera a mis padres: -No seáis zoquete, -me decían- ¿por qué tenéis que llegar a tu casa a las 11.00 de la noche? Él pensaba: -“Estos no me pueden querer como mi madre, que me aconseja todo lo contrario de lo que ellos me están proponiendo”.
El padre, tiene que saber estar. No puede descargar su obligación en otros, por muy buenos que sean. Los papás creen que dándole regalos caros, se acaba el problema. Al contrario, se agudiza.
Rob Persons, presidente de “Care for the family” dice: -“Estamos tan ocupados en dar a nuestros hijos lo que no tenemos, que no nos queda tiempo para darles lo que tenemos”.
La figura del padre es necesaria para el desarrollo psíquico de los hijos. Gracias a la figura del padre el niño aprende a distinguirse de la madre. Tanto los chicos como las chicas tienden -al principio-, a identificarse con el sexo de la madre. Es papá quien, con su presencia les ayuda a situarse sexualmente.
Me contaba una mamá muy inteligente, casada con un padre permisivo: -“Cuando alguno de mis hijos se portaba mal, que era lo más frecuente, yo no les decía: -¡Ya verás cuando llegue tu padre! ¡No! Yo decidía, y castigaba si el caso lo exigía, porque si no, se me montaban encima”.
El papá no es un hermano mayor, un tío, o un amigo. El papá tiene una tarea específica: -“Hijo, yo no soy tu amigo, nuestras edades son muy diferentes. Podemos compartir muchas cosas, pero no soy tu compañero. Soy tu padre, y eso es cien veces más que un amigo.”
-Mientras vivas en esta casa, obedecerás estas reglas. Cuando tengas tu casa obedecerás tus reglas. Esto no es una democracia. Yo no hice campaña electoral para ser tu padre, ni tú votaste por mí. Aquí mando yo. Te será difícil comprenderlo hasta que tengas un hijo; mientras tanto, confía en mí.
No es sacando el cuerpo como los problemas se resuelven. De allí aquél refrán que dice que tenemos que “agarrar el toro por los cuernos”. Gran verdad. No lo olvidemos.
Por Oswaldo Pulgar Pérez

1 comentario
  1. Juan
    Juan Dice:

    “Mientras vivas en esta casa, obedecerás estas reglas. Cuando tengas tu casa obedecerás tus reglas.” Esta frase sin una explicación del deber y una convicción en el mismo ha hecho que más de un chaval e fuera de casa con 18 años y empeorara su situación… Mientras la norma se perciba como injusta y la responsabilidad no cale en los hijos (aunque se rebelen, pero sabiendo en el fondo qué es lo correcto), no hay nada que hacer

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