¿Conoce usted a sus hijos?

Oswaldo Pulgar Pérez

Pienso que nunca insistiremos bastante en la necesidad de conocer a nuestros hijos tal como es cada uno. Esto evita cortarlos a todos por el mismo patrón. No se trata de educar robots, sino personitas que tienen su carácter, su modo de reaccionar, sus debilidades y sus  fortalezas. No son adultos pequeños.
Pasa lo mismo, aunque en un nivel distinto, al profesor con sus alumnos. No hay duda de que se educa  mejor, cuanto mejor se les conoce. Hoy día es una tarea poco menos que imposible. El ajetreo diario nos distancia e impide esa convivencia tan necesaria.

Hay que estar precavidos para aplicar el correctivo y buscar el tiempo para compensar nuestra ausencia, o la de ellos. No nos podemos quedar con saber su edad, el día de su cumpleaños, las enfermedades que ha tenido y el sobrenombre de su mejor amigo. Eso es mucho, pero es poco.

El diario colombiano El Tiempo de Bogotá propone algunos recursos. Conocer a los hijos tiene, entre otras ventajas que se les puede orientar profesionalmente. Cuando saben en qué pasos andan pueden prevenir una mala experiencia. Cuando ya tienen claro lo que les depara el futuro, podrán aconsejarlos.

Ponerse en los zapatos de los muchachos. En otras palabras, arrodillarnos para comprenderlos mejor. Nos interesa saber qué sienten, cómo perciben el mundo y qué esperan de la vida. ¿Cuál es la película que les impactó? ¿Cuál su color preferido? ¿Qué lo pone triste? ¿Qué lo hace feliz?

Si los tratamos nos daremos cuenta de para qué son buenos. Si el muchacho no tiene cualidades de deportista o de músico, de nada valdrá obligarlo a inscribirse en esas actividades y terminará odiando lo que pretendemos imponer.

Irán saliendo así datos como qué le gustaría ser cuando crezcan. Si somos objetivos, les podremos ayudar. No hay que entronizarlos ni considerarlos inútiles. Más de un hijo ha perdido el camino por valoraciones erradas de los padres. Como aquella mamá que dice: -Mi hijo es muy inteligente, pero flojo. (No pareciera serlo tanto, cuando valora en tan poco, lo que le permitirá realizarse).

Si el papá es ganadero, el hijo no tiene por qué serlo. Si tiene cualidades y las desarrolla, entonces sí. Pero dejándole decidir. Encauzar un río no significa cegarlo, ni eliminar los obstáculos que se le presentan en el camino.

En una encuesta sobre lo que les hubiera gustado aprender en la escuela y no les enseñaron, unos adultos señalaron: “El valor del dinero. Temas como el interés, la inversión, el ahorro, la administración del hogar, la inflación. Emitir un cheque, una letra de cambio, etc.

No es buena táctica forzar a que tengan nuestros gustos. Y todo esto no requiere dinero, sino tiempo y cariño. Ver con buenos ojos. Como del niño que se metía el dedo en la nariz, las visitas pensaban: -¡Qué sucio! Y la mamá decía: -¡Va a ser investigador!

Puede ayudar que papá y mamá escriban los rasgos característicos de sus hijos. Así, de común acuerdo, se les plantearán estrategias que podrán en práctica. La paciencia no puede faltar.

Si cuando los niños siembran una semilla y van al día siguiente a ver la planta, les decimos que hay que saber esperar, ¡qué paciencia deberemos tener, nosotros cuando tardan en llegar los resultados de nuestra labor! No podemos hacer como aquel que le pedía a Dios paciencia: y le decía: -¡Pero me la das Ya!

Por Oswaldo Pulgar Pérez

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*