Nudos que unen o perdonan

Por: Sara Pérez-Tomé


La conciliación de vida familiar en las familias en tiempos de crisis, nos exige  como pareja y como padres hacer ejercicios no al uso tradicional, que vayan encaminados a suplir con detalles de cariño lo que no podemos hacer mejor por falta de tiempo o disponibilidad.

Hay un padre de familia que el otro día me contaba que desde que le han cambiado de departamento se hace a diario 300 Km. para ir y volver a su casa todas las noches con su familia. Este joven matrimonio tiene una niña pequeña de 6 años a la que últimamente debido a este cambio, no puede casi verla despierta entre semana, ni por la noche al acostarse ni muchas veces por la mañana al levantarse.

La madre está con ella a la hora de cenar, la acuesta,  la lee un cuento y por último reza con ella. La hija se queda dormida plácidamente hasta la hora que llegue su padre por la noche… mientras ella duerme sabe que solo tiene que esperar a la cita que tiene con su padre cuando llegue de su trabajo.

Aunque esté dormida sabe que su padre entrará en su habitación le la dará un beso y como todas las noches le  dejará  un pequeño cordoncito de lana rosa ( su color preferido) atado por un pequeño nudo a su muñeca derecha. Cuando la hija se despierte como cada mañana y vea en  su muñeca derecha  el cordoncito rosa sabe lo que significa:

su padre también estuvo con ella,  mientras ella dormía como cada noche.


Cuando  en mis ponencias de Comunicación Matrimonial afectiva y efectiva, suelo hablar y citar distintas anécdotas extraídas  del libro de Miguel Delibes  “Mujer de Rojo sobre fondo gris”, siempre aprovecho a recomendar el título a todos los que me escuchan y no lo han leído todavía.


Escribir sobre los sentimientos y los pensamientos del Amor Cotidiano en el matrimonio no es fácil y Miguel Delibes en esta obra lo hace de manera magistral.


Uno de esos detalles de la novela de los que hablo  con frecuencia está perfectamente explicado por el autor durante una entrevista que le hace el periodista Juan Cruz para el diario “El País”,  y es publicada el  9 de Diciembre de 2.007, y que yo os reedito parcialmente  ahora a propósito de mi post:

Juan Cruz: “…Ella, en el libro, en la vida, era incapaz de rencores. Y cuenta que en la pareja (de la novela) ella hacía un gesto: se colocaba un hilo blanco en el dedo meñique para marcar sus enfados. ¿Era así? ¿Fue así en la vida real? ¿Cómo era esa relación, don Miguel?

Miguel Delibes: Lo del hilo en el dedo es rigurosamente cierto. Si el hilo se caía, olvidaba sus motivos de enojo. Me absolvía. Era todo cariño, tan lejos del rencor, que a veces no recordaba por qué se había atado el hilo en el dedo…


La creatividad afectiva nos ayuda a saber que hay  nudos que pueden servirnos para unir a padres con hijos y a los matrimonios entre sí,

en la convivencia cotidiana de todos los días.

Saber amar y educar con Sara Pérez-Tomé

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