La participación de los padres, clave en el éxito escolar

Por Carlos Pajuelo


Foto: Una niña y su madre de la mano entran juntas en el colegio. / Anne-Christine Poujoulat.

“¡Ay madre, qué ganitas tengo de que empiece el curso, y volvamos a la normalidad!” dice en bajito mi amiga Paqui mientras observa a sus niños desayunar a las 11 de la mañana. Dentro de poco, cuando las televisiones vuelvan a hablar del síndrome postvacacional, nos hagan ver que necesitamos un curso de idiomas o nos presenten coleccionables de todo tipo, en ese momento, volveremos a la “normalidad”.

Los padres siempre están educando pero podemos aprovechar estos días para hacer una “pretemporada”, como los futbolistas, una preparación, no sólo de los materiales que se van a necesitar para el próximo curso, libros, uniformes, material escolar… sino una preparación sobre cómo vamos a abordar determinados aspectos referentes a mejorar la educación de nuestros hijos durante el próximo curso.

Si hacemos las mismas cosas que antes, obtendremos los mismos resultados. Einstein, que era un hombre listo, es el autor de esta frase. Ésta es mi propuesta para la pretemporada: introducir algunas novedades. Es complejo, lo sé, pero algo hay que hacer.

Os voy a proponer varias acciones que considero os pueden ayudar a vosotros, como padres, y a vuestros hijos.

Para empezar, nada mejor que mejorar nuestra participación en la vida escolar de nuestros hijos. La participación de los padres es un importante factor del éxito académico. Y no hay mejor manera de comenzar a participar que la de colaborar con el AMPA del colegio o Instituto.


El camino de la participación es complejo y está lleno de obstáculos, pero es un camino en el que no es posible el retorno. Estoy convencido que la participación es la vía más adecuada para que el profesorado y las familias puedan validar su competencia como padres y profesorado mutuamente.

La mejora de los procesos de comunicación entre padres y profesorado es probablemente una de las mayores necesidades que tiene nuestro sistema educativo.

Desde todos los ámbitos estamos de acuerdo en la necesidad de esta comunicación, en los beneficios que aporta tanto al alumnado como al profesorado y a los padres.

Los padres, mediante la participación  se implican con el profesorado, descubren que son importantes en la educación de sus hijos; se pueden sentir más cómodos a la hora de comunicarse con los profesores, descubren cómo funciona la escuela de sus hijos y, por último, los padres adquieren habilidades que les ayudan a aprovechar más las tutorías con los profesores.

Al participar los padres, se hace posible que los profesores logren una mayor comprensión de las dificultades que impiden que los padres se impliquen en la educación de sus hijos y, desde esta comprensión, aprenden estrategias sobre cómo llegar de forma eficaz a todos los padres, tales como la escucha activa, la comprensión de las conductas defensivas y la resolución de conflictos.

Los profesores se sienten menos aislados y los centros se animan a desarrollar actividades que fomentan formas muy variadas de implicación de los padres.

Los hijos/alumnos descubren el interés compartido que manifiestan profesores y padres. Los hijos/alumnos no utilizan la información que trasmiten a sus padres y profesores de manera sesgada.

Pero si estamos de acuerdo en que la participación es muy beneficiosa ¿por qué cuesta tanto trabajo llevarla a cabo?, ¿por qué algunos padres y profesores se perciben mutuamente como una fuente de conflicto, más que como una fuente de ayuda?

En primer lugar, hay que tener en cuenta que la participación conlleva comunicación y ésta es generadora de conflictos: cuando una  persona, ya sea un padre, una madre, profesora, maestro… exponen sus ideas, necesariamente éstas se confrontan con las ideas que tienen, que tenemos, los demás.

Y tenemos una tendencia a interpretar los conflictos comunicativos como un problema, y no como un punto de partida para poner en conjunto (padres y profesorado) nuestras posibilidades para dar respuesta a las demandas de nuestros hijos, de nuestro alumnado.

En segundo lugar, no existe tradición en nuestro sistema educativo de participación entre padres y profesorado. Para que se dé la participación es necesario que padres y profesores tengan sentimiento de pertenencia a una comunidad educativa (ser parte) pero, para participar, es necesario también  tener conciencia de los derechos y deberes que padres y profesores tienen y también  tener conciencia de que los beneficios y los costes son compartidos (tener parte) y, por último, hay que poder desarrollar motivación por el desarrollo de actividades concretas (tomar parte).

En tercer lugar, hay que tener en cuenta que, en el proceso comunicativo, vemos y oímos de modo selectivo basándonos en nuestras necesidades, motivaciones, experiencias, intereses,  expectativas personales, educación y otras características personales. Y esta forma de percibir la realidad es diferente en padres y profesorado, y por eso puede generar conflictos.

En cuarto lugar, la comunicación entre padres y profesorado tiene una importante carga emocional: no olvidemos que los hijos son las personas más importantes para sus padres.

Quisiera finalizar reafirmando que el profesorado está realizando una excepcional tarea para dar respuesta a las necesidades de sus alumnos, que los padres están dispuestos a hacer «lo que sea» por sus hijos, y que nos necesitamos mutuamente, nos necesitamos para poder establecer compromisos mutuos que redunden en beneficio de nuestros hijos, nos necesitamos para podernos validar mutuamente como lo que somos: profesorado y padres.  Así que pásate por el AMPA del colegio o del Instituto y participa, nunca es tarde.!!!

http://lagaceta.educarex.es/leer/archivo0974.html

Por Carlos Pajuelo

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