Alguna cosa está cambiando

Por Maite Marin

El otro día comentábamos en el tren los vídeos de tiempos pasados ​​que nos llegan por mail, Facebook o WhatsApp titulados por ejemplo ” A los Nacidos tas del 75” . Te hacen recordar con añoranza un buen número de grandes momentos de la infancia y te hace pensar con pena el que viven actualmente nuestros hijos.

No es que vivan mal ni mucho menos, pero están viviendo la niñez de manera muy diferente a nosotros y tenemos la sensación de que están perdiendo la posibilidad de experimentar un montón de cosas.

Hemos pasado de una época en la que los hijos se adaptaban al ritmo de la familia a la actual donde son las familias las que se adaptan al ritmo de los hijos. Los hijos son los grandes protagonistas y de alguna manera los estamos sobre protegiendo en exceso. Cuando éramos pequeños y acompañábamos a los padres a un restaurante, por ejemplo, sabíamos que nos teníamos que llevar bien y sólo hacía falta un aviso para tenerlo claro. Ahora parece que para llevarse bien necesiten de la tecnología (móviles, tablets, maquinitas, … ) y un sin fin de avisos.

Me considero una persona pro tecnología e intento estar al día en todos sus aspectos tanto para mí como si alguna vez los tengo que enseñar a mis hijos o tengo que controlar el uso que ellos le dan, pero tampoco hay que pasar del nada al todo.

Centrándonos en los móviles debemos decir que nosotros, los adultos somos los primeros que estamos todo el día conectados, ya sea por trabajo o por ocio, y esta es la imagen que los niños ven de nosotros. Otro ejemplo sería que dejamos el móvil a los más pequeños de la casa porque es muy gracioso verlos coger el aparato y ponerse a bailar al ritmo de canciones sentaditos en la sillita. Desde pequeños nuestros hijos han visto el teléfono como un juguete que nos da todo lo que queremos y no como un aparato para llamar.

Nosotros somos los primeros que cuando nos dejamos el teléfono en casa nos provoca un trauma y así lo expresamos y es que nos hemos acostumbrado a usarlo para todo. De pequeños nos sabíamos el teléfono de toda la familia, pero hoy en día no nos sabemos ninguno, incluso hay quien no se sabe el suyo propio. Una noticia de hace unos días decía que de media la gente tiende a consultar el teléfono 250 veces al día. Parece mucho pero es verdad. Quizás nos lo tenemos que hacer mirar.

Los chats son otro mundo que también ha traído mucha polémica. Hay escuelas que en sus intranets los niños pueden chatear desde P3. La idea no está mal si pensamos que al tratarse de una intranet sólo participan los alumnos y nos dan cierta seguridad, pero no sería mejor fomentar el hablar a la hora del patio y de reencontrarse en el parque. El otro día un padre me miró extrañado y me preguntó el porqué, cuando le dije que mi hija de 9 años no lo usaba. Yo para no iniciar una conversación sobre el tema dije que no se conectaba por falta de tiempo, cuando realmente le hubiera dicho que con 9 años no hay ninguna necesidad de usarlo.

Los niños son nuestra réplica y si queremos lo mejor para ellos debemos ser los primeros concienciados y actuar en consecuencia. A su lado hay que intentar desconectar y de paso les podríamos enseñar juegos de nuestra infancia como el pichi, polis y cacos, marco polo, la bomba y muchos más. Ánimo!

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*