Toda una aventura

Por Maite Marin

Este verano tuve la oportunidad de ponerme en la piel de una madre de familia numerosa al hacerme cargo durante una semana entera de mis sobrinas de 2 y 6 años. Aunque mis hijos son un poco mayores (10 y 7 años) fue toda una aventura.

La pequeña era la primera vez que se quedaba a dormir en casa y la mayor como mucho había venido a pasar una noche.

Yo ya lo creía pero esta experiencia me ha hecho reafirmarme en la opinión de que las madres de familia numerosa son todas unas heroínas.

Es verdad que no es lo mismo intentar llevar una rutina con niños que están acostumbrados desde el primer día a convivir juntos que con los que no y que no es lo mismo la autoridad que puede impartir una madre que la que puede impartir una tía pero es todo un reto en cualquiera de los casos.

No se puede pedir que niñas de 2 y 6 años, no acostumbradas a no ver a sus padres durante tantos días y no familiarizadas con las costumbres de casa, que muestren un comportamiento ejemplar. Fue una experiencia donde tanto ellas como mis hijos y como yo misma aprendimos a compartir, a ser pacientes, a ser respetuosos y a hacer concesiones entre otras muchas cosas.

Durante esos días no hizo muy buen tiempo y todos los planes de hacer cosas en el exterior (piscina, parque, excursiones, …) se truncaron y tuvimos que pasar muchos ratos encerrados en casa. La de 2 años era demasiado pequeña para dependiendo qué juego de mesa y además no le gustaba la televisión con lo cual su distracción principal y preferida era molestar a los mayores. Mi hijo era el único niño entre tres niñas con lo que también era difícil decidirnos a la hora de poner una película así que todos acababan enfadado mirando la que yo creía más adecuada J (no siempre acerté)

Hay que decir que mi hija de 10 años fue un gran apoyo durante esos días. Le gustan mucho los niños pequeños y hacía de más y de menos con la más pequeña. Como también era la primera en aparcar sus gustos y deseos para intentar encontrar consenso entre el resto.

Después de comer hacía que los tres mayores hicieran deberes, lectura o pintaran mientras a la pequeña la intentaba poner a dormir y así recoger un poco la casa, la cocina o ayudaba a los grandes con sus posibles dudas. Genial! Lo conseguí el primer día. Al segundo día la pequeña se puso a llorar pidiendo por su mami y … a la tía le dio pena. Así que negocié con ella el no hacer la siesta a cambio de sentarse en el cochecito durante el tiempo que yo hacía el trabajo y nos pusimos de acuerdo.

Lo más gracioso era que cuando salíamos a la calle todo el mundo me comentaba: qué niños más bonitos, que bien que estén todos juntos, …. y yo por dentro pensaba si !!! Cuando duermen ya que hace media hora estábamos en casa en plena batalla campal pues unos querían salir y otros no.

Fue una semana agotadora pero aunque aumentaron el trabajo y el estrés, también aumentaron los mimos, las cosquillas, las risas y un montón de cosas más que lo compensaban todo.

¿Que si volverán a casa? Pues claro ya me he comprado un casco para ir preparada.

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