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¿Te cansa más educar que trabajar? No eres la única persona…

Padres y madres vamos cansados pero estamos felices. Nuestros hijos nos agotan y llenan nuestra vida. Este post de Gestionando Hijos nos da la claves para poder ir más descansados en esta gran tarea, la de educar.

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Según un estudio del Pew Studies Center Analysis , el trabajo de educar a nuestros hijos es incluso más cansado que trabajar. Un 12% de los encuestados considera que cuidar a sus hijos es una actividad “muy agotadora”, mientras que el trabajo remunerado es muy agotador tan solo para el 5% de las personas que contestaron a la encuesta. Seguro que la mayoría de las personas que tenemos hijos no encontramos estos datos sorprendentes. Eso sí, en este mismo estudio se señala que el cuidado de los hijos es una actividad llena de sentido para el 62% de los encuestados, lejos del 36% que considera que el trabajo remunerado tiene sentido. Así que la pregunta podría ser: ¿cómo podemos hacer que el trabajo de cuidar a nuestros hijos nos canse menos y nos llene más?

El terapeuta familiar Craig Pierce da una serie de ideas en un artículo de Forbes para hacer de la educación de nuestros hijos una tarea menos agotadora.

Intenta mantener la calma y el control de tus emociones

Los niños aprenden habilidades viendo cómo sus padres se manejan en diferentes situaciones. Manteniendo la calma, incluso cuando tus hijos tratan de ponerte a prueba, puedes controlar la temperatura emocional en tu hogar en medio del estrés. “Si quieres educar niños que sean capaces de controlarse a sí mismos, gestionar sus emociones y tratar a los demás con cuidado y compasión, tienes que modelar relaciones sanas primero“, según Pierce.

Gestiona tus expectativas. Recuerda que no hay padres perfectos ni hijos perfectos

.Desear una familia perfecta puede hacer que no disfrutes de la que ya tienes. “Los niños que son amados, alentados y a los que se les permite crecer a su ritmo desarrollarán una buena autoestima y confianza”, cuenta Pierce. “Los niños pasan por etapas complicadas que pueden sacar de quicio incluso a los padres más pacientes. Cuando sientas que te estás poniendo nervioso, puede ser útil dar un paso atrás y mirar las cosas con perspectiva. Lo que te pone nervioso hoy generalmente se resuelve en muy poco tiempo. En lugar de fijarte en lo que está mal, confía en que las cosas se arreglarán“.

Pasa tiempo fuera.

Si crees que estás llegando a un límite, puede ayudarte llamar a un familiar o amigo. “Una simple conversación por teléfono puede darte la oportunidad de retirarte y recomponerte”. Como dice Courtney Custer, otra terapeuta citada por Forbes, “es importante construir una red de apoyo. Ser capaz de compartir con alguien que enfrenta los mismos retos qe tú puede ayudarte a recobrar la perspectiva”

Distraer

Si no es posible liberarte un rato de los niños y la situación te está estresando, puedes optar por distraerles saliendo fuera a tomar el aire, o encargándoles una tarea o leyendo un libro juntos.

Conectar

Los niños también se ponen nerviosos, así que para mantener la paz en tu hogar, Pierce recomienda centrarse en la conexión con nuestros hijos, especialmente mediante “la empatía hacia los sentimientos del otro”. Una estrategia que propone es escuchar con atención plena a lo que nos cuentan nuestros hijos. “Cuando los niños se sienten escuchados, crecen sintiéndose a salvo y seguros. Solo eso puede aliviar mucho estrés”.

Y el artículo termina con una reflexión muy importante: “Hay una razón por la cual las azafatas nos recuerdan ponernos las máscaras de oxígeno a nosotros primero, antes que a nuestros hijos. No podemos cuidar de nuestras familias si no nos cuidamos. Aprendamos a identificar las señales de alarma de nuestro estrés y tener un plan para rebajar el nivel de estrés (ya sea hacer ejercicio, salir de escena para calmarse o llamar a un amigo). Cuando te sientes en calma, das a tus hijos un sentido de seguridad que les ayuda a crecer”.

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Escenas educativas 22: Una lección de vida en un cuento escrito por un niño de 8 años

Es realmente importante comprender que todos somos distintos y por ello valiosos. Nada mejor que un ejemplo que nos presentan desde Gestionando hijos. esperemos que os guste tanto como nos ha gustado a nosotros.

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Verónica comparte con nosotros un cuento que se está difundiendo y emocionando en Internet, escrito por Pablo Pérez Socas, un niño de 8 años con autismo, y que lleva por título “Un amigo cuando quiere, puede”, y que nos habla del lenguaje universal de la amistad. 

Gracias a Internet podemos conocer la realidad de familias lejanas, la opinión de expertos sobre los temas más dispares e incluso pequeñas obras de arte realizadas por niños, esos locos bajitos de los que tenemos tanto que aprender. Y así es como he conocido este precioso cuento de un niño que tiene autismo y que me ha emocionado mucho, porque nos habla de la necesidad de tender puentes y destruir las barreras que nos separan y nos recuerda que compartimos muchos lenguajes universales: el de las emociones, el de la amistad, el de los juegos, el de la música.

Y es que este cuento, que los padres de Pablo tuvieron la gran generosidad de regalar al público el mismo Día del Libro, me parece mucho más que un canto a la inclusión: es un canto a superar nuestras diferencias, a buscar el entendimiento y la comprensión, a buscar esos lenguajes universales que nos unen, a dejar de levantar muros y empezar a tender puentes, porque “cuando quieres, puedes”. Y también me hace reflexionar sobre el hecho de que “si quiero, puedo” buscar ese entendimiento o ese lenguaje común con mis hijos, cuando miles de veces he dicho “es que no me escuchan”, “es que no se enteran”, “te lo he dicho mil veces”. Y esas frases que digo como un desahogo no tienden puentes, no, no son naves espaciales que me acerquen al planeta lejano en el que parece que están mis hijos cuando tienen esa sordera selectiva, sino que levantan muros y nos alejan más. Y esos muros también los levantan las etiquetas, como la que usamos cuando pensamos en un niño autista, como Pablo, el autor de este precioso cuento que todos deberíamos conocer. El mismo niño de 8 años que nos da una verdadera lección al decirnos que “un amigo, cuando quiere, puede”.

 

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Jaume Centelles: “Para volar, los pájaros tienen alas y los niños, libros”

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Jaume Centelles ha sido maestro de educación infantil durante 40 años y es autor del blog La invitación a la lectura. En Barcelona, el 7 de mayo, nos hablará de los importantísimos aliados para la educación de nuestros hijos que podemos encontrar en nuestras estanterías o en las bibliotecas: los libros. 

Con motivo de la celebración de Sant Jordi os recomendamos este post que nos anima a educar a nuestros hijos en la pasión y el amor a la lectura.

¿Cómo pueden los cuentos y la literatura ayudarnos a educar?

Los adultos queremos que nuestros hijos sean personas felices, que vayan  construyendo su propia identidad y que sean conscientes, como futuros ciudadanos, de todos aquellos aspectos necesarios para una convivencia sana, respetuosa con los demás y solidaria. Para que eso sea posible han de conocer y entender el mundo que les rodea, los valores que nos aporta la multiculturalidad, saber qué significa colaborar, qué situaciones son injustas, etc. También queremos que conozcan y sean sensibles a temas más ásperos como los peligros de Internet, la muerte o las guerras, por ejemplo.  Una muy buena manera de abordar todos los temas, de hacerlos visibles, para que reflexionen sobre ellos y vayan comprendiendo es a partir de la literatura infantil y juvenil. Además de entretener y divertir, los buenos autores de literatura infantil, se hacen eco de los cambios sociales, plantean cuestiones actuales y permiten que el niño conozca cómo es el mundo, como son de diferentes las personas. Las lecturas permiten que se familiaricen con las imágenes que nos remueven la conciencia y los libros les ayudan, además, a afrontar sus conflictos interiores, a desdramatizar las angustias ante lo desconocido, a aprender los valores y actitudes positivas y a encontrar modelos a imitar. Por otra parte, el cuento tradicional, el de toda la vida, tiene, además, otra función: prevenir sobre los peligros, de forma simbólica. El mensaje llega de manera inconsciente al niño en la hora del sueño, en esa hora en que la cálida presencia del padre o la madre que le va a contar un cuento le tranquiliza, esa hora en que van a vivir, codo con codo, una misma emoción. El padre o la madre empiezan el relato y de su boca salen las maravillosas palabras “había una vez…” y, a partir de ese momento, todo es posible, se viaja a través del tiempo y del espacio, se crea una atmósfera de calma, de vida interior intensa, que permite la reflexión, se liberan formas de expresión y se concede la posibilidad de multiplicar las emociones.

 

El niño que lee o escucha un cuento dialoga con las hadas y él mismo es Pulgarcito o Caperucita, es el lobo y la bruja, se esconde en una cueva de la montaña misteriosa y entra en un palacio o en un bosque extraño y desconocido. La palabra, escuchada o leída, como transmisora ​​de percepciones, ejerce una acción poderosa y excitante porque hace surgir imágenes extraordinariamente vívidas de los objetos citados.

 

El cuento cumple una función muy clara. Los psicólogos lo defienden aduciendo que libera de los miedos y ayuda al desarrollo de la fantasía; los folcloristas la entienden como la manera de transmitir los sentimientos y las ilusiones colectivas de un pueblo; hay quien lo utiliza como terapia; los padres y las madres lo explican, sencillamente, como un entretenimiento; en culturas más primitivas se explicaba para transmitir conocimientos.

Dices que “para volar los niños tienen libros”. ¿Cómo podemos contagiar a nuestros hijos el amor por la lectura?

Creo que fue Borges quien hablaba de la diferencia que hay entre ser leedores y ser lectores. Y es de eso precisamente de lo que nos debemos ocupar porqué lo que ansiamos es que nuestros hijos sean lectores competentes y que gracias a la literatura puedan vivir su vida con más pasión, con más compromiso. Recuerdo una novela de Marcela Serrano donde la protagonista dice “Convencida de que la literatura es la zona más acogedora de la existencia y que gracias a ella el mundo se hace más habitable, comencé a leer las primeras páginas…”  La novela es Lo que está en mi corazón y la frase quiere expresar que gracias a la literatura el mundo es más humano, más entrañable, más sensible, mejor. Los adultos podemos ayudar a que nuestros hijos se acerquen a la lectura desde nuestra faceta intimista, desde nuestra proximidad, desde el convencimiento que las distancias cortas, el sentimiento que nos une, ayuda por contaminación a que los niños se emocionen con las lecturas y tengan interés por saber. Es la mejor manera, siendo un buen ejemplo, generando espacios y tiempos de lectura, poniendo en sus manos los libros que les ayuden a encontrar respuestas, a resolver sus conflictos, a explorar nuevos caminos, a reseguir el nombre de cada cosa, a crecer, a transformarse. Los libros, con todas sus sugerencias maravillosas, cumplen esta función.

 

Lo resume muy bien una frase que escribió Gustavo Martín Garzo: Pero lo más importante es que el niño vea a sus padres leer. Discretamente, sin ostentación, pero de una forma arrebatada y absurda. El rubor en las mejillas de una madre joven, mientras permanece absorta en el libro que tiene delante, es la mejor iniciación que ésta puede ofrecer a su niño al mundo de la lectura.

 

He ahí el quid de la intervención familiar. Se trata de crear un entorno rico en lecturas que facilite el acercamiento curioso a los libros, entender que la lectura y sus momentos forman parte de la cotidianidad, de una cotidianidad en la que el pensamiento único no tenga cabida y donde se potencien los espacios de pensamiento libre en el que la razón esté presente y en el que la comunicación ayude a crecer. Resulta emocionante ver al padre o la madre leer junto a sus hijos, parándose y potenciando la discusión crítica de un párrafo, ayudándolos a descodificar determinada imagen, a hacer evidente y perceptible las idees que se esconden tras las  palabras, creando antídotos contra la intolerancia, abriendo ventanas que les muestren como de maravillosa es la vida.

 

¿Cuáles son, a tu juicio, los retos más importantes que tenemos padres y madres hoy día en la educación de nuestros hijos?

En este mundo cambiante, predecir cómo será la sociedad dentro de veinte años es arriesgado. Podemos intuir que habrá nuevas profesiones relacionadas con la globalización y la tecnificación, podemos pensar que la mezcla de culturas, razas y religiones formaran parte de lo cotidiano y creemos que deberemos estar dispuestos a resolver cuestiones que hoy por hoy son inimaginables. La labor de los padres y madres debe ir enfocada a fomentar dos valores. Uno es la curiosidad y el otro la perseverancia. Si nuestros hijos se interesan por lo que ven y tienen ganas de conocer, de investigar, de preguntar, de saber y por otro lado son trabajadores y se esfuerzan, tendrán recompensa y vivirán felices. Ese es el reto.

 

¿Qué te ha animado a participar en nuestro encuentro?

Todas las oportunidades de compartir, ya sean experiencias, dudas o alegrías, son bienvenidas. Si lo que he vivido puede servir a otros, será genial. Aunque creo que quien más a aprender del encuentro voy a ser yo mismo.

 

¿Qué mensaje o poso te gustaría dejar en el público?

Si preguntamos a la gente que nos rodea o a nosotros mismos: ¿Quién te animó a ser lector? ¿Cómo te aficionaste o te enganchaste a la lectura?, nos daremos cuenta que la mayoría de las respuestas tiene en común un componente familiar. Siempre hay un padre que lee, una madre que cuenta cuentos, un abuelo que regala libros, etc.; es decir, la implicación de la familia es un factor determinante. En ese sentido, hay algunas actuaciones que allanan el camino. Por ejemplo, los padres que se interesan por las lecturas de sus hijos, que habilitan un espacio, que encuentran tiempo para leer juntos, que dedican su tiempo a compartir historias y sentimientos, que visitan la biblioteca más cercana, que regalan libros en los días señalados, que se suscriben a alguna revista que le interese, que son un modelo de persona comprometida con la lectura, que llevan siempre un libro encima, que les animan a escribir, que hacen que se percaten de las palabras que encuentran por la calle, que dejan esparcidos libros por todas partes, incluso en el coche… en definitiva, que hacen de la lectura un gesto natural, que está en todas partes, toda la vida.

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Ni whatsapp, ni otros usuarios, podrán acceder ya al contenido de tus mensajes

Todos los que estamos actualizando los móviles nos hemos dado cuenta de que whatsapp finalmente ha conseguido cifrar nuestros mensajes. Desde kids and teens online nos explican el alcance de esta mejora.

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Uno de los problemas que siempre han suscitado más críticas con respecto al servicio que ofrece Whatsapp, ha sido la vulnerabilidad de las conversaciones que se establecían entre sus usuarios, y también la posibilidad de que dicha empresa accediera a los contenidos de nuestros mensajes o almacenara nuestras fotografías y vídeos. Pues bien, desde ayer por la tarde (5 de abril de 2016) Whatsapp ha comenzado a difundir el siguiente mensaje que muchos ya habrán recibido en sus móviles: «Los mensajes enviados a este grupo ahora están seguros con cifrado de extremo a extremo. Pulsa para más información».

Así es: desde ahora, ni nuestras conversaciones ni las imágenes o vídeos que intercambiemos por Whatsapp podrán ser interceptados por terceros, ni por la propia compañía. Sólo es necesario que los usuarios que participan en una conversación o en un grupo, tengan actualizada la última versión de Whatsapp: 2.12.556 en caso de Android y 2.16.1 en iOS.

Con este sistema de cifrado «end to end», el principal sistema de mensajería instantánea del mundo, con cerca de 1.000 millones de usuarios, supera con creces su asignatura pendiente. Enhorabuena. En un principio parecía que el cifrado sólo iba a estar disponible para usuarios de Android, y que tampoco iba a ser posible en los grupos, pero estas dificultades o límites que parecían existir en un principio fueron superados el año pasado, y ahora incluso las fotos, vídeos y documentos viajarán ya cifrados. Las llamadas realizadas a través de su aplicación son también cifradas.

Esto está sucediendo de manera automática, en cuanto el usuario tiene la última actualización instalada. Es decir: no es necesario hacer nada, ni solicitarlo ni modificar la configuración.

Si quiere comprobar que sus conversaciones con una persona determinada, o en un grupo concreto, están siendo ya cifradas solo debe pinchar en «Información del grupo» o «Información del contacto» y observar qué pone en «Cifrado». Si el candado está cerrado es que el chat ya está blindado, y si está abierto es que el chat no es aún seguro. Pinchando sobre el mensaje que aparece, le dirá qué usuarios del grupo no tienen aun actualizada la última versión de Whatsapp. Esa es la razón por la que las conversaciones e imágenes no podrán ser cifradas. Usted no tiene más que pedirles que actualicen su aplicación y ¡ya está!

Información de Whatsapp: https://www.whatsapp.com/security/?l=es

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Laura Baena, fundadora de Malasmadres: “Hablar de malasmadres es hablar de madres reales, que rompen cánones de perfección y que tienen mucho que decir”

Os recomendamos el post que desde el blog de Gestionando hijos nos explica como el Club de Malasmadres nos pone en situación de cómo puede ser hoy en día la maternidad, explicado con grandes dosis de humor y realidad.

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Rompiendo la imagen ideal de madre perfecta y abnegada, el Club de Malasmadres tiene cerca de 70.000 seguidores en Facebook. Sus imágenes con frases graciosas (TIPsdelDIA) propuestas por socias del club y con las que muchas madres se pueden identificar tratan con humor y sin dramatismos la maternidad y derriban la imagen de superwoman. Recientemente han ganado el premio al mejor blog multimedia de los Premios 20blogs. Hablamos con Laura Baena, fundadora del Club Malasmadres y que estará con nosotros en Barcelona.

¿Cómo nació el Club Malasmadres?

El club nació hace un año y algo como respuesta a la situación personal que estaba viviendo. Como manera de desahogo a esta vida de locos que llevamos las madres, de crítica a ese canon de perfección que nos exige la sociedad y para romper con el modelo de madre tradicional, tan arraigado, que no es sostenible en la situación actual que vivimos. Era para mí una manera de despojarme de la culpa de no ser esa madre perfecta, de reírme de mis fallos diarios y de compartir con otras madres que se sentían igual que yo una manera de vivir la maternidad distinta.  Comenzaba abriendo un diálogo en redes sociales con las malasmadres, preguntándoles “¿cuál era su mérito de #malamadre? ¿Por qué la canonizarían un día como #malamadre?”. Y de esas anécdotas diarias, nacieron los TIPsdelDIA, que sin duda son el desahogo diario de todas las madres reales que forman parte de esta comunidad. Al final es demostrar que no pasa nada, que una madre no es mejor madre por llegar a ese nivel de perfección de tener controlado cada aspecto que atañe a la maternidad y al hogar. Y que somos humanas, que por mucho que queramos a nuestros buenoshijos, también tenemos momentos de desesperación, de caos vital, de sentirnos perdidas y de necesitar nuestro propio espacio. No sólo se trata de la búsqueda de la conciliación familiar-laboral, sino de la búsqueda de la conciliación de la vida maternal con tu espacio personal, tan necesario para sobrevivir y no morir en el intento. Luchamos contra el concepto de superwoman que nos han vendido. No lo somos ni queremos serlo porque eso solo nos llevaría a la frustración por no llegar. Apostamos por una maternidad real, alejada de prejuicios, donde el camino válido es el que tú misma decides. Somos las mejores madres que podemos ser. Suficientemente buenas como diría Winnicott. “Nadie ama todos los días, a todas horas, las madres tampoco”. Adrienne Rich.

Laura Baena, fundadora del Club

¿Qué actividades realizáis?

A diario, con los contenidos que creamos en el blog, con ayuda de todas las malasmadres colaboradoras intentamos ayudar, crear comunidad, acompañar en la dura tarea de la maternidad y pasárnoslo bien, una vía de escape. Reírnos de nosotras mismas. Tenemos un objetivo claro de hacer acciones on y off line que den un servicio, un valor añadido a las madres reales y que cubran sus necesidades, que vienen marcadas por sus preocupaciones: la conciliación, la educación de los buenoshijos, el tiempo, cuidar de nosotras mismas, crecer profesionalmente, emprender… Y muchos más temas que ellas mismas nos van transmitiendo y desde el club intentamos tratar.

Entre las actividades que realizamos, están los encuentros, talleres, ventajas exclusivas por ser socias del club. Crear una red de networking de madres emprendedoras a través de la que apoyemos y demos visibilidad a muchos de sus proyectos. Luchamos por causas sociales que nos preocupan muchísimo como la conciliación, para ello hemos lanzado nuestra #concilia13f, cuyos resultados estamos analizando ahora mismo y serán el contenido para gritar a los medios, a la sociedad que la conciliación es un cuento chino que ya no nos creemos ni de lejos, una herramienta política que tiene mucha teoría y cero práctica en la realidad laboral de la mayoría de las madres de este país. Además buscamos momentos para #malamadrear y tener nuestro espacio propio: talleres de cocina, reuniones, eventos, fiestas… Potenciar la tienda online que lanzamos hace muy poquito (www.soymalamadre.com) y crear productos de diseño con mensajes identificativos de la filosofía del club… Y mucho más. Ahora estamos centradas en la próxima promoción del libro del Club de Malasmadres, que sale a la venta el 28 de abril y en las presentaciones que serán el 29 de abril en Madrid, el 15 de mayo en Málaga y el 28 de mayo en Barcelona, ¿nos acompañáis? Además estamos organizando junto con Yo Dona el III Encuentro de Madres Blogueras, del que muy pronto os contaremos todo.

 

¿Quién no ha vivido esto?

¿Por qué creéis necesario romper con la idea (y exigencia) de la madre perfecta, entregada, la buenamadre?
Porque es fundamental para avanzar. Porque el modelo de madre tradicional no es sostenible en una sociedad donde el papel de la madre ha cambiado, donde la madre es profesional, donde su sueldo es necesario y donde sus intereses sociales, culturales y laborales son distintos. Somos madres, pero no queremos dejar de ser mujeres, no queremos perder nuestra identidad, crecer profesionalmente o buscar nuestro espacio. Este es un contexto distinto y por tanto el modelo de madre ha cambiado. Hablar de malasmadres es hablar de madres reales, de madres que rompen esos cánones absurdos y de madres que tienen mucho que decir.  Madres que necesitan el apoyo y la implicación de los buenospadres, ya estén a nuestro lado o no y esto es fundamental hacerlo entender a la sociedad y transmitirlo desde la educación.

 

¿Qué consecuencias crees que tiene para las madres esa imagen ideal de la madre perfecta?

Culpa. Frustración. Confusión. Agobio… o sentirte simplemente “el bicho raro” porque hasta ahora nadie era capaz de decir que estaba hasta el gorro de sus buenoshijos y que necesitaba un descanso sin que el juicio de la crítica más atroz cayera sobre ella.

Todas hemos pasado por ese momento. Por darnos cuenta de que “lo imaginado” es distinto a “lo real”. Yo era mejor madre antes de ser madre y es que, como la mayoría, estaba influenciada por la educación, por lo vivido, lo soñado o imaginado. Pensaba que sería una madre perfecta, de paciencia infinita, con una cocina que huele a bizcocho recién hecho y una sonrisa perpetua acompañada de un cutis ideal y un pelo perfecto. Pero llega el momento, te haces madre y te das de bruces contra una realidad donde el tiempo es escaso, las tareas se acumulan, la exigencia es muy alta y la frustración está a la vuelta de la esquina. Pero paras, reflexiones y entonces entiendes qué tipo de madre quieres ser, en tu vara de medir es más importante estar a gusto contigo misma, ser feliz y transmitirlo a tus buenoshijos que perseguir un ideal alejado, aunque llegues tarde al colegio, se te olvide la merienda y esta noche toque otra vez pizza. Con humor, sentido de autocrítica y el apoyo de muchas otras croquetas#malasmadres vas viendo la luz y la realidad no se hace tan cruda. El amor de una madre no se mide en el número de magdalenas horneadas, en las camisas planchadas o en las casitas de muñecas pintadas ni tampoco en los fallos cometidos, en los disfraces del chino comprados o en las tareas olvidadas. Es más profundo y más sencillo que todo eso…

 

¿Qué mensaje te gustaría dejar al público de Barcelona?
La necesidad de una conciliación real como base para una mejor educación. La ruptura de estereotipos en torno a la maternidad. El respeto de los padres hacia el resto. Y la necesidad en esta sociedad de vivir la maternidad con humor, desdramatizando y rompiendo con los bandos en cuanto a crianza y educación se refiere.

 

¿Qué piensas de la iniciativa Gestionando Hijos y de apostar por conectar el mundo de la empresa y el de la educación?
Somos fans de vuestro proyecto porque vemos fundamental que las empresas y no solo las instituciones se conciencien de la importancia de la educación de nuestros hijos para luchar por un futuro mejor para todos. Creemos que es fundamental que las empresas se impliquen en la conciliación de sus trabajadores para conseguir que realmente los padres seamos buenos educadores. Sin políticas de conciliación real es imposible dar una educación de calidad a nuestros buenoshijos. En muchas empresas, las madres son el sector más débil. No interesan como parte de una plantilla activa y comprometida por el simple hecho de que necesitan conciliar. La empresa tienen que facilitarlo y no solo a la mujer sino también al hombre. Mucho por hacer. Pero todo un camino por construir.

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Discapacidad y sociedad ante la inclusión

 

Ya de vuelta de semana santa nos encontramos este post del wordpress: A la inmensa minoría – Enfermedades raras y sin diagnóstico de Claudia Bellido. “Todos somos únicos, diferentes y excepcionales” debemos reflexionar como esta diferencia nos enriquece y nos hace mejores. En el post se explica que “el inconformismo pide una revolución” y ganando pequeñas batallas tantas madres y padres luchan por su cuenta, sin descanso, día a día. Un pequeño homenaje a estas familias.

firefly2-miguel-menorca  Leo y leo sobre inclusión y siempre me ocurre igual, con frecuencia termino con una sensación agridulce y cierta impotencia porque todo me parece muy teórico y poco práctico. Muy bonito pero distante, casi se diría inexistente. El mensaje no llega, no cala, cae por fuera; cuestión de forma, pienso. Y, cuando entramos en el terreno político-administrativo, ya no digamos, entonces se pierden las formas, porque cuesta bien poco vender esperanzas con demagogia. El oportunismo barato siempre encuentra compradores de buena fe que luego se dan de bruces con los recortes. Pasada la campaña electoral, las rebajas no tardan en llegar. Y es que muchos líderes solo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena. Ahí sí que contamos, ¡qué curioso!, y en número nada despreciable. Lo de siempre, la foto y el voto.

Muy pronto entiendes que estás solo y debes escribir tu historia, no hay otra. Así, tantas y tantas fundaciones con nombre propio que viven a contra reloj por encontrar algo de luz al final del túnel. Empiezas de cero, desde abajo, en tu entorno, y poco a poco tiendes redes, sociales o del tipo que sean. Enseguida, algo se mueve a tu alrededor, como los círculos concéntricos de la onda expansiva en el agua. Basta con lanzar una pequeña piedra y la superficie tranquila responde. Luego, no estamos tan solos. ¡VIVEN!

Dar un pequeño paso es como un grano de arena en una playa pero menos es nada. Y tenemos tantos frentes abiertos… que ya merece la pena. Por supuesto que el inconformismo te pide una revolución ya, aquí y ahora, para cambiar un poco el mundo. Es nuestra guerra, sí, nos ha tocado luchar. Y ¡claro que se ganan batallas! No digo lo contrario, aunque a veces tengas ganas de tirar la toalla, o mejor, de tirársela a más de uno a la cara. Esos momentos…

Sin embargo, hay que dosificar energías y emplearlas solo en el momento adecuado. Conviene desahogarse pero no desgastarse, ser realistas y dejarse de espejismos, despegar de un mundo feliz y aterrizar aquí, que tampoco está tan mal. Para empezar, poner los pies en el suelo: ir paso a paso, mirar solo donde colocas el pie e ir subiendo. Aunque te arrastres, no te sostengas, te tambalees o incluso te caigas mil veces o más; ya llegaremos, tiempo al tiempo que la cima espera. Hemos aprendido a no mirar el reloj y a dar las vueltas que sean necesarias para sortear barreras. Por el camino siempre hay pequeñas metas que consiguen grandes sonrisas, momentos llenos de felicidad. Y ahí hay que agarrarse, a esos buenos compañeros de viaje. Que los hay. Lo demás, anécdotas.

Lo primero que uno se pregunta es ¿por qué inclusión? o ¿por qué se me excluyó para que ahora tenga que trabajarme la re-inclusión? Un discurso injusto que no se entiende, o te lleva al acertijo de “¿qué fue primero, el huevo o la gallina?”. ¿Estuviste dentro en algún momento? ¿Cuándo y por qué dejaste de ser uno de los nuestros? ¿Fuiste perdiendo definición hasta borrarte y ser invisible?

Quizá haya que empezar hablando de exclusión. ¿Por qué excluimos lo diferente si todos somos diversos y excepcionales? O ¿cuándo empiezo a ser realmente diferente? El baremo, el límite, el grado, el rasero… ¿a quién corresponde? La tendencia a lo estándar ha existido siempre, como también a señalar la diferencia por mucho que no haya dos iguales. Ahí está el temor a lo desconocido, la falta de información y, muchas veces, de formación. Por no hablar de civismo, ciudadanía, valores y tantas otras cosas que nos llenan la boca. En el fondo, asignaturas pendientes de la sociedad. Y no hablo de los niños, tampoco señalo a educadores y/o padres, sino de los adultos, de todos nosotros que estamos detrás. Y con uso de razón, por decir algo.

Y vuelta a las palabras cargadas de buenas intenciones que se las lleva el viento, magníficas razones sin rastro de obra. De nuevo entramos en bucle y no arrancamos. Es más, nos quedamos enrocados en una especie de morriña recurrente que habla de tiempos pasados mejores pero no resuelve nada. La eterna canción. Tenemos entre manos un gran presente; si no nos gusta, vamos a cambiarlo entre todos porque, juntos, sí que podemos. Y no es un eslogan político, es verdad.

raquel

Has nacido entre los 80 y los 90? Entonces eres un Milennials

Os recomendamos este post de Padres en la red. Es una generación entera que les esta costando situarse y a los que debemos entender porque son un puente entre las nuevas tecnologías y las viejas generaciones.

Los Milennials, o generación Y, han nacido y se han criado con al menos un dispositivo electrónico al alcance de la mano. Para ellos las nuevas tecnologías no tienen ningún secreto y, entre nosotros, no pueden vivir sin ellas.

Raquel y Fernando

Los milennials hacen compras online con denuedo, usan la banca digital sin miedo, y todo lo hacen por internet. Viven siempre conectados, y no distinguen entre estar o no estar conectados. Presentan un patrón de consumo y de apego a las tecnologías.

Hacen un uso intensivo de las redes sociales: comparten, suben contenidos, piden consejo y se comunican a través de ellas. Los milennials quieren que se les hable de otra forma, usando las redes sociales.

A nivel mundial, esta generación se caracteriza por el empleo continuo de teléfonos inteligentes, uso de redes sociales, etc.

Este vídeo de la Fundación Telefónica los define muy bien:

Imagen de previsualización de YouTube

La crisis les ha tratado muy mal. Muchos no se han podido independizar y les está costando infinito encontrar un trabajo adecuado a sus conocimientos y habilidades.

El 50% de los miembros de la generación Y se describen a sí mismos como políticamente independientes, y cerca del 30% declara no estar afiliado a ninguna religión.

Fuentes de este post:
http://adveischool.com/quienes-son-los-milennials-y-por-que-son-importantes/
https://es.wikipedia.org/wiki/Generaci%C3%B3n_Y

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MUCHOS NIÑOS CREEN QUE LA INFORMACIÓN QUE ENCUENTRAN EN LOS BUSCADORES ES SIEMPRE CIERTA

Es importante acompañar la navegación de nuestros hijos e hijas cuando empiezan a moverse por Internet. En este caso queremos resaltar este post de Kids and teens online que, como siempre, nos pone en evidencia que nuestros hijos no nacen enseñados y que debemos irles descubriendo el mundo online.

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Según el informe “Niños y Padres: Medios y Actitudes”, publicado por la entidad británica OFCOM (*), casi el 20% de los niños de 12 a 15 años de edad cree que la información que encuentra en buscadores como Google es verdadera. Y una holgada mayoría (69%) es incapaz de distinguir los resultados ofrecidos por el buscador de los anuncios pagados que aparecen en las búsquedas.

Por otro lado, el 53% de los niños y adolescentes que utiliza habitualmente YouTube no es consciente de que los youtubers a los que sigue pueden ser pagados por las empresas para promocionar determinados productos o servicios. La mitad de los menores encuestados no sabe que la publicidad es la principal fuente de financiación de sitios como YouTube.

Hasta aquí la noticia reproducida por diversos medios de comunicación británicos. Personalmente no voy a entrar a valorar el estudio en sí, pues no dispongo de toda la información. La muestra es de 1.379 entrevistas a padres y menores en sus hogares, pero no se especifica qué criterios se han seguido para la selección de la muestra, ni si las entrevistas a los menores se hicieron en presencia de los padres u otras cuestiones que resultaría interesante saber. No obstante OFCOM es una entidad respetable, por lo que me referiré exclusivamente a la interpretación de los datos.

Pero antes, quisiera dejar claras dos conclusiones básicas, al margen de los números y correlaciones que puedan establecerse después:

  1. a) Es generalizada, en colegios e institutos, la demanda de formación para los alumnos sobre cómo encontrar en los buscadores la información que precisan para sus trabajos de clase, y cómo verificar las fuentes. Muchos profesores se quejan de que sus alumnos/as llegan a reproducir contenidos que no son ciertos, copiados de sitios poco fiables aunque fácilmente accesibles. Y por otro lado, también es generalizada la queja de padres/madres y alumnado, a los que se insta a utilizar unas herramientas sobre cuyo uso nadie les ha impartido formación alguna.
  1. b) Es imperativo, e insisto una vez más, preparar a los niños y adolescentes para adoptar un papel activo en el mundo de la información y la comunicación. No podemos permitirnos el lujo de educar a los menores para que sean meros consumidores de información, de ocio o de servicios. Necesitamos niños y adolescentes 3.0, es decir: activos, creadores de contenidos y sobre todo críticos y reflexivos con el entorno en el que les ha tocado vivir. Menores que no se crean todo lo que leen sin analizar ni las fuentes, y que no sepan distinguir lo que es un contenido relevante de un anuncio pagado por alguien.

Creo que estas son las cuestiones básicas que debemos tener claras, tanto para ser prácticos como para responder a una necesidad evidente que se nos plantea en el sistema educativo actual, en el que se dan por supuestas unas destrezas y habilidades en el alumnado que realmente no tiene.

Pero al margen de esto, debemos reinterpretar los resultados y las conclusiones destacadas por dicho informe, en varias líneas muy claras:

  1. LOS DATOS OBTENIDOS EN EL INFORME TAMBIÉN TIENEN UNA LECTURA POSITIVA.

Como suele suceder, lo que se convierte en noticia es el aspecto o dato negativo recogido en el informe, pero lo cierto es que la realidad tiene una segunda lectura: es preocupante que un 19% de los alumnos entrevistados otorgue credibilidad a todo lo que encuentra utilizando un buscador, pero no es menos cierto que el 50% de los niños y adolescentes entrevistados afirma que es consciente de que los resultados pueden contener tanto información verdadera como falsa. Es decir, hay muchos más alumnos/as conscientes de la realidad que alumnos/as no conscientes. Por otro lado, hubiera sido interesante también plantear la misma pregunta a los adultos, ya que no son pocos los mayores que creen que cuando un buscador ofrece un resultado es porque ha sido previamente contrastado de alguna manera.

Del mismo modo, de los datos del estudio se desprenden otros datos y otras lecturas. Por ejemplo estos tres:

– El 92% de los menores de 8 a 15 años piensa que la información que  encuentra en las páginas web o en las redes sociales no es siempre verdadera (al margen de los buscadores).

– El 97% de los niños entrevistados recordaba los consejos que les habían dado sus padres sobre la seguridad en internet.

– El 94% de los menores británicos encuestados afirmó que, en caso de encontrarse en situaciones preocupantes, desagradables u ofensivas en internet, era recomendable acudir a los padres. Etc…

  1. LOS MISMOS PROBLEMAS DE CREDIBILIDAD OFRECE LA INFORMACIÓN QUE HAY EN INTERNET, QUE LA INFORMACIÓN QUE PODAMOS ENCONTRAR FUERA.

El informe pone el acento en la relación que los menores establecen con la información que encuentran en internet, y señala que muchos menores otorgan demasiada credibilidad a la información que encuentran en la red. Pero este planteamiento puede impedirnos ver otra realidad igualmente preocupante, y es que los menores también se fían demasiado de la información que hay fuera de la red. ¿Quién ha dicho que la información que facilitan los medios tradicionales offline merezca más crédito? Si obligáramos a un adolescente a leer todos los días determinados periódicos, a escuchar determinadas cadenas de radio o ver determinados canales de televisión, podría crecer absolutamente convencido de que el Presidente del Gobierno es un salvador, una bellísima persona cuyas decisiones políticas han contado casi con algún tipo de inspiración divina. Pero, si a otro adolescente le hacemos leer todos los días otros periódicos, escuchar determinadas emisoras o ver determinados programas, crecerá con la idea de que el Presidente del Gobierno es la reencarnación del mal, un hombre sin escrúpulos que se mueve entre la corrupción y la más absoluta ineptitud. La pregunta que los adolescentes nos harían es: ¿De cuál de los dos medios debemos fiarnos?

Hace unos años, guardé durante varios meses las portadas y editoriales de diversos periódicos españoles, de tirada nacional. Al principio lo hice como algo que me resultaba cómico, después comenzó a indignarme, y finalmente lo dejé por vergüenza ajena. Recuerdo especialmente las noticias relativas a manifestaciones. En uno de los periódicos se podía leer que “más de un millón” de personas se había manifestado en Madrid contra el aborto, mientras que en otro señalaban que “unos miles” de personas se habían manifestado contra el aborto. La diferencia entre lo que uno y otro medio informativo decía era de “solo” 900.000 ó 950.000 personas… En un medio los manifestantes eran descritos como “familias enteras”, y en otro medio se les definía como miembros de “la derecha católica y grupos neonazis”. Con las portadas sobre el 15M sucedía lo mismo, pero al revés, y así con cualquier tema que pudiera tener una mínima connotación social o política. ¿La información facilitada por estos medios de comunicación es realmente información aséptica… o es proselitismo y adoctrinamiento?

Al poner de manifiesto que los menores se fían demasiado de la información que encuentran en internet, puede parecer que la información que hay fuera de la red es fiable, verídica, aséptica o digna de más confianza. Y, sinceramente, no creo que esto pueda afirmarse. Hay buenos medios, buenos periodistas y buenos generadores de contenidos en todas partes, pero no creo que el papel sea más fiable. Cómo reconoce el dicho: “El papel aguanta cualquier cosa que escribas encima”.

  1. ¿PERO CUÁNTA INFORMACIÓN HAY FUERA DE INTERNET?

Al hablar sobre la información a la que los menores acceden a través de los medios digitales, puede parecer que la información que hay fuera de la red es tan relevante como la existente dentro de la red. Y disponemos de un dato que es necesario poner ya sobre la mesa: más del 99% de la información que genera la Humanidad cada día, se encuentra solo en formato digital. Es accesible fundamentalmente a través de internet, y no se encuentra en papel, periódicos o libros impresos. Cuando yo era pequeño tenía una enciclopedia en el salón de mi casa, y era la fuente de información a la que acudía para cualquier trabajo de clase. Y, por supuesto, copiaba lo que allí decían, y sin posibilidad de acudir a otras fuentes. Hoy, cuando entramos en un buscador y tecleamos “Charles Darwin”, nos aparecen cerca de 12 millones de enlaces. Pensemos en la cantidad de información, documentos, fotografías, correos, mensajes, etc, que generamos cada día, o cada mes, o cada año… ¿Cuánta de esa información se encuentra en papel?

Es importante debatir sobre la necesidad de potenciar el sentido crítico de los menores en internet, pero no debemos transmitir la idea de que internet no es fiable como fuente de información, ya que es el lugar en el que se encuentra el 99% de la información que se genera cada día. Ni existe una alternativa capaz de competir con internet, ni la mayor parte de la información que hay en la red es falsa o incorrecta.

  1. A LOS ADULTOS LES SUCEDE EXACTAMENTE LO MISMO QUE A LOS MENORES.

Como señalaba, tras leer determinados datos del informe podemos pensar que los menores de edad son especialmente crédulos con respecto a lo que encuentran en internet. Sin embargo, una segunda lectura de los mismos datos nos permite concluir que los menores son mayoritariamente conscientes de muchas cosas, y sobre otras es evidente que necesitamos seguir trabajando. Pero, para tener una idea de conjunto lo más objetiva posible, debemos plantearnos si dichos problemas tienen la misma incidencia entre los adultos. Y no me cabe la menor duda de que así es: muchos adultos se creen todo lo que leen en internet, dan por buenos los resultados que les ofrecen los buscadores, y no los distinguen en muchos casos de los anuncios pagados.Conozco adultos que en su día recibieron un supuesto correo electrónico de su banco, pidiéndoles que entraran en una página web para confirmar sus datos personales, y lo hicieron (¡!). Miles de adultos de todas las edades son engañados constantemente en internet con distintos objetivos. Igual que sucede fuera de la red. El pasado 28 de Diciembre, Día de los Inocentes, nos ha dejado buenas muestras de la credibilidad de muchos adultos. Famosos, políticos, periodistas, etc, se han creído determinadas noticias y las han reproducido en sus respectivos medios. En algún caso su única fuente de información había sido un tuit encontrado en Twitter. Mencionaré, solo como muestra, la polémica desatada al publicarse que las alcaldesas de Madrid y Barcelona iban a intercambiar durante dos semanas sus alcaldías. Algunos medios, políticos y periodistas pusieron el grito en el cielo. Al igual que ha sucedido también con la reciente y cíclica noticia falsa de que el Papa ha dicho que la iglesia exigirá certificado de virginidad a las mujeres para poder casarse. Son muchos los adultos que creen cualquier cosa que leen en internet, como sucede también fuera.

En conclusión: creo que debemos trabajar para que los menores de edad sean conscientes de que no deben otorgar credibilidad a todo lo que encuentran en internet. Pero creo que debemos extender ese necesario sentido crítico a todo lo que se dice también fuera de la red, y creo que esta cuestión debería formar parte de nuestra educación como usuarios de las tecnologías de la información y la comunicación, pero tanto para los adultos como para los menores de edad.

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(*) Independent regulator and competition authority for the UK communications industries.

http://stakeholders.ofcom.org.uk/market-data-research/other/research-publications/childrens/children-parents-nov-15/

– Formación para los alumnos/as sobre cómo encontrar información en Google y verificar las fuentes:

http://educalike.es/wp-content/uploads/2015/09/Conferencia-AlumnadoSALUD-DIGITAL-.pdf

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Mothers and Sons – When Love Comes Out Sideways

We recommend this post by Dr. Meg Meeker on mothers of today and the real needs of families. And one lesson we should all learn is that while mothers want more for their sons, the truth is that sons need less. Enjoy it.

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The reality of a mother’s love is that it sometimes comes out sideways. Mothers are often tired, manipulated, and they make mistakes. They scream when they mean to apologize. They feel guilty that they have to work rather than stay at home with their children. They worry about all the things that can go wrong.

But there’s an easy way to take some of the pressure off—and that is to allow both you and your son more time to relax. Some of the most important moments of being a parent consist of just being there for your kids and sharing the most mundane aspects of life with them.

Mothers who spend too much time with other mothers often compare notes and feel they are doing too little. But motherhood isn’t a competition. It is a state of being. Twenty-first-century, post-modern mothers site many reasons as to why they are anxious.

Peer pressure heads the list of influences operating in a mother’s life which dramatically alters how she raises her son. Peer pressure usually has a very negative affect on sons because it rarely causes the mother to make better decisions for her son. It acts against her own instincts and is therefore usually detrimental to the son.

Mothers ungulate ceaselessly about their concerns over the peer pressure their son experiences. But peer pressure that parents feel affects a boy more significantly than the peer pressure he feels from his contemporaries. Usually the mother is influenced more heavily by peer pressure simply because most women spend more time with other mothers than fathers do with other fathers.

Consider the number of scheduled activities boys have. Why does Johnny go to piano lessons, soccer, and football practice all at the same time? Because other mothers have their sons enrolled in two to three extra-curricular activities. Mothers want their sons to be similar enough to other boys so that they will be accepted among their peers. This is a healthy desire. But if it leads to enrolling Johnny in piano lessons, soccer, and football practice all at the same time because other mothers have their sons enrolled in two or three extra-curricular activities, then it’s not. The problem is, two to three scheduled events stress some sons unduly. We know that sons who have healthy relationships with their parents fare much better life. Your sons don’t need more activities that separate them from you, they need more time with you. And guess what? A night spent reading at home with your sons is a night that’s a lot less stressful for you and them than a night spent running between this practice and that recital. Further, it decreases the amount of time a son spends with his mother and father and we know that sons who have healthy relationships with parents fare much better in life. But we sign them up anyway.

The United States is the wealthiest country on the planet—but prescriptions for anti-depressants and anxiolytics have soared over the past five years. Why? It’s because mothers and fathers are stressed by the demands on them—the demands of work, family, and keeping up with the Joneses. And much of these demands come from trying to get to work on time, to make enough money to pay for the shoes, lessons, and tuition for our sons that other boys have. But you don’t need to keep up with the Joneses. You only need to keep a roof over your head and raise mentally and physically healthy children. You’d be better off going for family walks together than working harder to make extra money to pay for more activities for the kids.

Peer pressure perpetuates a mother’s stress to be all and do all for her son in order for him to grow up and be happy. But many times—most times in fact—a son cannot be happy in a home where there is so much stress created because his mother feels an obligation to perform well or at least better than many of the friends that she sees around her.

When Caroline came to my office with her six-month-old boys, I knew the visit would be long: her mother was in tow. I entered the examination room to see her twin boys, Caleb and Connor, sitting on a blanket in on the middle of the exam room floor. Caroline looked tired; her shoulders sagged. I noticed that her shoulders had lost their squareness as she leaned over to give a Cheerio to Caleb. Clearly she had dressed up for her appointment, and wore heavy makeup, as if to disguise her fatigue. She had concealer caked on her eyes and pale tangerine lipstick covering her lips. As we chatted, I noticed movement only on the right side of her mouth. The left eyelid and the left side of her mouth were drooping. There was a crack in her voice. She cleared her throat to conceal it. She wanted to show me, and her mother, that she was doing extraordinarily well. But I recognized the symptoms and realized that Caroline had developed Bell’s Palsy.

As I asked pertinent questions about the boys’ development, eating habits, and sleep patterns, her answers were encouraging but abbreviated. When I started to place the twins on my exam table, she quickly stood to help. While I examined Caleb, she played with Connor while consoling his brother. When I switched to Connor, she continued to concentrate on the two at once.

Her mother sat patiently on the plastic chair beside hers, but I sensed from the moment I entered the room that she was anxious to speak. Realizing that the visit was coming to a close, Caroline’s mother blurted out, “Dr. Meeker, I’m terribly worried about Caroline.”

“Mother, stop. Please don’t.” Caroline interrupted.

“No, no, this is important. I think we need her opinion,” her mother persisted. Caroline complied.

“What are your concerns?” I asked, looking at the mother.

“Dr, Meeker, I’m worried about Caroline’s health. You can probably see she has developed Bell’s Palsy. Her doctor gave her some type of steroid medicine for that and she cries a lot. Her doctor also said that she is depressed, so he gave her another medicine for that. She started it a few months ago but it’s hard for me to tell if it’s working or not because she is exhausted all the time. You see, she hardly sleeps. One of the boys is awake every couple of hours wanting to eat. Since she insists on nursing them, she won’t let me help. I can’t give them a bottle and she won’t feed them back-to-back. She lets them eat whenever they want to.” Caroline’s mother paused long enough for Caroline to interrupt her.

“Mother, you just don’t understand,” she said. “Things are different today. Breast milk is best for the boys and they need it—everything I read about nursing says that they should eat on demand. You didn’t feed me that way in your day.”

Caroline’s efforts valiantly attempted to insist that she was right but beneath her words I could hear that she wanted to be convinced otherwise.

“Wait a minute,” I said. “Let me get this straight, Caroline. You nurse the boys whenever they want to nurse, you are taking steroids because half of your face can’t move, and you are suffering from depression, for which you take medication every day.”

“Right.” she complied.

“I can see that you feel confused, exhausted, and guilty. That’s the way any normal mother in your situation would feel.” I waited.

“Yeah,” she nodded reluctantly.

“Do you think the boys need a happy mother or do they need breast milk more?” I asked.

She seemed surprised by the question. “Breast milk. It boosts their immune system, it wards off infections; there are antibodies in breast milk that they can’t get any other way. And it helps me bond better with them. I’ve read that babies find breast milk emotionally gratifying. How can I not give that to them?”

Like any enthusiastic, loving mother, Caroline had scoured the Internet for information on nursing and had found volumes. Most of what she had read was correct, but some was false. But more important, she had completely lost her balance.

Her instincts told her that she needed more sleep, the drugs (which would be present in the breast and the milk) weren’t good for her babies, and the four of them (she rarely thought of her husband’s opinion) would be healthier and happier if she stopped nursing.

So why didn’t she? Peer pressure. Most mothers feel extraordinary pressure from friends, doctors, and baby books to nurse as long as possible. Certainly I advocate this but I encourage more maternal intuition and common sense.

After a long discussion I tried to convince her that the boys needed a less sleep-deprived mother more than they did breast milk. I encouraged her to wean the boys, start them on formula in a bottle, let someone else help her (heaven forbid their father gets a little bonding time while feeding them), and get some sleep.

She shook her head. I explained the seriousness of post-partum depression and the role that elevated oxytocin, which is associated with breastfeeding, played in the depression. I discussed the potential impact of her depression on the boys.

She dug her heels in. Without words she told me she would sacrifice anything, including her health (and ironically, the health and happiness of her family), for her boys. And giving up nursing was not an option. Mothers are a competitive lot and I sensed that part of Caroline wanted to be Super Mom. Her friends nursed only one child at a time. She could do two. Her mother pleaded with me to convince Caroline to show some common sense.

Realizing that I wasn’t making headway, I finally said, “Well, let me tell you. If they were my sons I wouldn’t want them to have steroids or anti-depressants in their systems for this long.” She stared at me. Her lips were tight, then they relaxed. Her shoulders straightened and she looked at her mom.

“Well, all right. I will wean them a little bit,” she said.

Sometimes mothers of sons get crazy. We just do. In our longing to make our sons psychologically sound, physically strong, and developmentally on track (usually we want them advanced) we toss common sense aside. We believe, usually errantly, that others know a better way to parent than we do. So we follow the lead of our peer group. And, I might add, parents of teenage boys are the worst at committing this travesty.

The fact is, your intuition as a mother is better than comparing yourself to other mothers. A mother needs to take a hard look at why she does what she does. Why does her son do what he does? If she recognizes honestly that her motives stem from peer pressure to keep her son ahead of the others, she must buck that peer pressure. Sons need more stress-free homes—which will dictate how they behave in school much more significantly than does the behavior of their friends.

And one lesson we should all learn is that while mothers want more for their sons, the truth is that sons need less. Boys need fewer toys and fewer clothes. They need more time with their mothers and fathers, less time in structured events, and more time being bored—yes, bored—so that they can use their imagination and creativity and figure out what to do. Young men need less time face-to-screen with electronic life and more time face-to-face with people. Less television, video games, clothes, telephone bills, sports events, and preschool hours mean less stress for mothers and more time for boys to figure out who they are and what they want out of life.

All of these things—electronics, clothes, sports events—make their way into a boy’s life because his mother (and his father) yield to life as their neighbors live it, the way they see it around them rather than the way it ought to be.

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Esto de los sexos

Nos han hecho llegar este post de Leopoldo Abadía. La verdad es que a veces  los gobiernos se meten en todo hasta en decidir cuál es la mejor educación para los hijos. Desde esta ventana siempre hemos defendido que madres y padres somos los mejores educadores de nuestros hijos y nadie puede arrogarse este derecho ni sustituirnos. Os recomendamos pues, el post que con mucha gracia sabe expresar lo que de verdad queremos los padres.

 

No acabo de entender esos líos políticos que se organizan en nombre de la libertad para perseguir a los padres que prefieren que haya colegios para chicas y colegios para chicos

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En mi casa celebramos los Reyes por todo lo alto. Niños y mayores, en fila, detrás de mí, hasta una habitación donde se supone que han debido dejar los regalos. Habitación donde se ha puesto cava y turrón para los Reyes, agua y pienso para los camellos, porque hay que tratar con delicadeza a esos personajes que han venido de tan lejos para hacernos felices. (No añado “con la que está cayendo”, porque estropearía el párrafo).

Todos los años, el mismo rito. Primero digo que ha hecho frío esta noche y que seguramente no han venido. Luego que, como no han venido, no hace falta abrir la puerta; luego no encuentro las llaves, luego la llave no abre…Y los chavalicos, y los mayores, cada vez más nerviosos. Al final, se abre la puerta y ¡la locura! Cada uno en busca de su zapato, porque lo ponemos la víspera para facilitar el trabajo de los Reyes.

Juguetes y juguetes para los críos. Y ropa, que cada uno me va enseñando. “Abuelo, ¿te gusta?”. Y yo pienso: “¡No me va a gustar, con esa cara de ilusión que pones!”.

Curiosamente, hago un repaso. Mi nieta María se ha vestido de pirata, con un pañuelo en la cabeza y una falda de colorines. Íñigo, un nieto, empieza a jugar con un camión. Carmen se prueba un pantalón que hace juego con un pañuelo que se pone al cuello con mucha gracia femenina… Pedro, Poldi y Pepe, entusiasmados con un juego de ‘Star Wars’, en el que, por cierto, aparecen unos seres feísimos y extrañísimos, pero allá ellos.

Al llegar aquí, cuando estoy en pleno ataque de entusiasmo orgulloso, porque todos aquellos son Abadías, freno, recordando que hace unos días vi en la tele a una señora, autodenominada “asesora pedagógica”, que, partiendo sin duda de la teoría que dice que Dios nos hizo a todos homosexuales y que luego elegimos, recomendaba los juguetes monosexo, o así. Muñecas para chicos, tanques para chicas. Parece que así podremos elegir mejor. A mí me coge tarde, porque si ahora decido ser señora, no sé cuál podría ser mi futuro.

Me pasa con frecuencia. Oigo una cosa y empalmo con otra más o menos relacionada. Hoy me he acordado de alguien que dijo: “En mi pueblo, todos somos muy machos”. Un viejo con boina y un palillo en la boca le miró con cara de desprecio y le contestó: “Pues en mi pueblo, la mitad machos y la mitad hembras. Y nos lo pasamos muy bien”.

Puede que sea la crisis económica que nos sigue trayendo por la calle de la amargura la que facilite que haya cantamañanas diciendo auténticas estupideces que sirvan para que la gente se distraiga discutiendo. Y como nos sobra tiempo porque lo fundamental, lo importante y lo urgente ya está hecho, en vez de elucubrar sobre el sexo de los ángeles, elucubramos sobre el nuestro.

Como consecuencia de ser todos iguales, o encargamos los hijos a Amazon para que nos los entregue por drones con derecho a devolverlos si no vienen con garantía, o pedimos a la India y a China que nos manden, a portes pagados, lo que antes se llamaban hombres del sexo masculino y mujeres del sexo femenino, para poder cubrir las pensiones de los antiguos ancianos del sm y ancianas del sf. (He puesto abreviaturas para no repetir lo de los sexos).

 

En Washington basta con declarar la propia identidad de género con la que uno desea ser reconocido, para poder usar servicios que antes estaban separados

 

La estupidez no está concentrada en un solo país. Parece una pandemia. Y, como siempre, cuando las ‘pandemiadas’ se dicen en inglés, son respetadas religiosamente, aunque los respetadores no crean en Dios.

Digo esto porque acabo de leer en un periódico americano que en Washington, desde ahora, basta con declarar la propia identidad de género con la que uno desea ser reconocido, para poder usar servicios públicos que antes estaban separados para hombres y mujeres por razones obvias.

Las empresas con más de ocho empleados y todos los establecimientos públicos -colegios, gimnasios, restaurantes…- están obligados a adaptarse a los nuevos ‘cuartos de baño transgénero’.

Concretando. Si un hombre pide ser tratado como una mujer, tendrá derecho a usar vestuarios y duchas femeninas, y a recibir el tratamiento de ‘señora’ o ‘señorita’ en restaurantes y tiendas, bajo la advertencia de multas importantes para quienes no respeten este nuevo derecho.

En un colegio, por ejemplo, si una chica se opone a compartir el vestuario y la ducha con un chico que se declara chica, será ella -y no el chico con conflicto de identidad- quien será apartada del resto de sus compañeras para usar un cuarto sexualmente neutro que el colegio deberá acondicionar para estos casos. (En una empresa en la que hice una consulta hace muchos años, en los lavabos de hombres había uno para ‘Ingenieros’ y otro para ‘Peritos’. Ahora, con lo de los nuevos sexos, sería mucho más complicado).

Aquello de ‘stultorum sunt plena omnia’, “todo está lleno de necios”, que dijo Cicerón antes de Cristo, habría que ponerlo en muchas plazas de ciudades importantes: Nueva York, Delhi, Washington, Madrid, Houston, Barcelona… En San Quirico, no, porque aquí, gracias a Dios, todavía abunda el sentido común.

 

Esto de la educación no diferenciada y diferenciada es opinable. Lo que no es opinable es que el Gobierno me quite la libertad de educar a mis hijos como considere

 

Hombres y mujeres, distintos. Chicos y chicas, distintos. De ahí que no acabo de entender esos líos políticos que se organizan en nombre de la libertad para perseguir a los padres que prefieren que haya colegios para chicas y colegios para chicos. Yo solo les recomendaría que los pusiesen cercanos, dada mi experiencia en el Colegio del Salvador, que estaba en Mola 1, al lado del Colegio del Sagrado Corazón, en Mola 3, donde iba una chica muy maja de la que me enamoré y con la que me casé, hace 58 años. Ella venía de un colegio para chicas y yo, de un colegio para chicos. Y, sin ningún complejo ni ningún trauma y sin ningún sentido de discriminación, “nos gustamos”, precisamente porque éramos distintos y nos habían educado de distinta manera.

Pero, al fin y al cabo, esto de la educación no diferenciada y de la diferenciada es opinable. Lo que no es opinable es que un Gobierno me quite la libertad de educar a mis hijos como yo considere conveniente, sea en la religión católica o en el marxismo-leninismo. O juntos chicas y chicos o separados, como yo quiera.

Recordando, una vez más -y van muchas-, que la educación es responsabilidad única y exclusiva de los padres y que los padres tienen el derecho -y el deber, pero hoy hago hincapié en el derecho- de educar a los hijos como ellos quieran y no como quiera el ministro de Educación de turno, que, a esos efectos, es un personaje absolutamente secundario, o terciario. En este Gobierno, o en el siguiente.

P.S.

1. Ahora que lo pienso: no sé si lo de la “asesora pedagógica” fue una inocentada. No lo he querido comprobar porque ya tenía escrito el artículo y, además, hace tiempo que quería tocar este tema tan pintoresco.

2. Los colegios de Zaragoza estaban en la avenida del General Mola, el ‘Director’, que dio el golpe de Estado antes de que Franco se uniera. La avenida, ahora, se llama Sagasta, pero me ha parecido más correcto poner el nombre original. No ha habido ninguna intención político-añorativa de otros tiempos.