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MUCHOS NIÑOS CREEN QUE LA INFORMACIÓN QUE ENCUENTRAN EN LOS BUSCADORES ES SIEMPRE CIERTA

Es importante acompañar la navegación de nuestros hijos e hijas cuando empiezan a moverse por Internet. En este caso queremos resaltar este post de Kids and teens online que, como siempre, nos pone en evidencia que nuestros hijos no nacen enseñados y que debemos irles descubriendo el mundo online.

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Según el informe “Niños y Padres: Medios y Actitudes”, publicado por la entidad británica OFCOM (*), casi el 20% de los niños de 12 a 15 años de edad cree que la información que encuentra en buscadores como Google es verdadera. Y una holgada mayoría (69%) es incapaz de distinguir los resultados ofrecidos por el buscador de los anuncios pagados que aparecen en las búsquedas.

Por otro lado, el 53% de los niños y adolescentes que utiliza habitualmente YouTube no es consciente de que los youtubers a los que sigue pueden ser pagados por las empresas para promocionar determinados productos o servicios. La mitad de los menores encuestados no sabe que la publicidad es la principal fuente de financiación de sitios como YouTube.

Hasta aquí la noticia reproducida por diversos medios de comunicación británicos. Personalmente no voy a entrar a valorar el estudio en sí, pues no dispongo de toda la información. La muestra es de 1.379 entrevistas a padres y menores en sus hogares, pero no se especifica qué criterios se han seguido para la selección de la muestra, ni si las entrevistas a los menores se hicieron en presencia de los padres u otras cuestiones que resultaría interesante saber. No obstante OFCOM es una entidad respetable, por lo que me referiré exclusivamente a la interpretación de los datos.

Pero antes, quisiera dejar claras dos conclusiones básicas, al margen de los números y correlaciones que puedan establecerse después:

  1. a) Es generalizada, en colegios e institutos, la demanda de formación para los alumnos sobre cómo encontrar en los buscadores la información que precisan para sus trabajos de clase, y cómo verificar las fuentes. Muchos profesores se quejan de que sus alumnos/as llegan a reproducir contenidos que no son ciertos, copiados de sitios poco fiables aunque fácilmente accesibles. Y por otro lado, también es generalizada la queja de padres/madres y alumnado, a los que se insta a utilizar unas herramientas sobre cuyo uso nadie les ha impartido formación alguna.
  1. b) Es imperativo, e insisto una vez más, preparar a los niños y adolescentes para adoptar un papel activo en el mundo de la información y la comunicación. No podemos permitirnos el lujo de educar a los menores para que sean meros consumidores de información, de ocio o de servicios. Necesitamos niños y adolescentes 3.0, es decir: activos, creadores de contenidos y sobre todo críticos y reflexivos con el entorno en el que les ha tocado vivir. Menores que no se crean todo lo que leen sin analizar ni las fuentes, y que no sepan distinguir lo que es un contenido relevante de un anuncio pagado por alguien.

Creo que estas son las cuestiones básicas que debemos tener claras, tanto para ser prácticos como para responder a una necesidad evidente que se nos plantea en el sistema educativo actual, en el que se dan por supuestas unas destrezas y habilidades en el alumnado que realmente no tiene.

Pero al margen de esto, debemos reinterpretar los resultados y las conclusiones destacadas por dicho informe, en varias líneas muy claras:

  1. LOS DATOS OBTENIDOS EN EL INFORME TAMBIÉN TIENEN UNA LECTURA POSITIVA.

Como suele suceder, lo que se convierte en noticia es el aspecto o dato negativo recogido en el informe, pero lo cierto es que la realidad tiene una segunda lectura: es preocupante que un 19% de los alumnos entrevistados otorgue credibilidad a todo lo que encuentra utilizando un buscador, pero no es menos cierto que el 50% de los niños y adolescentes entrevistados afirma que es consciente de que los resultados pueden contener tanto información verdadera como falsa. Es decir, hay muchos más alumnos/as conscientes de la realidad que alumnos/as no conscientes. Por otro lado, hubiera sido interesante también plantear la misma pregunta a los adultos, ya que no son pocos los mayores que creen que cuando un buscador ofrece un resultado es porque ha sido previamente contrastado de alguna manera.

Del mismo modo, de los datos del estudio se desprenden otros datos y otras lecturas. Por ejemplo estos tres:

– El 92% de los menores de 8 a 15 años piensa que la información que  encuentra en las páginas web o en las redes sociales no es siempre verdadera (al margen de los buscadores).

– El 97% de los niños entrevistados recordaba los consejos que les habían dado sus padres sobre la seguridad en internet.

– El 94% de los menores británicos encuestados afirmó que, en caso de encontrarse en situaciones preocupantes, desagradables u ofensivas en internet, era recomendable acudir a los padres. Etc…

  1. LOS MISMOS PROBLEMAS DE CREDIBILIDAD OFRECE LA INFORMACIÓN QUE HAY EN INTERNET, QUE LA INFORMACIÓN QUE PODAMOS ENCONTRAR FUERA.

El informe pone el acento en la relación que los menores establecen con la información que encuentran en internet, y señala que muchos menores otorgan demasiada credibilidad a la información que encuentran en la red. Pero este planteamiento puede impedirnos ver otra realidad igualmente preocupante, y es que los menores también se fían demasiado de la información que hay fuera de la red. ¿Quién ha dicho que la información que facilitan los medios tradicionales offline merezca más crédito? Si obligáramos a un adolescente a leer todos los días determinados periódicos, a escuchar determinadas cadenas de radio o ver determinados canales de televisión, podría crecer absolutamente convencido de que el Presidente del Gobierno es un salvador, una bellísima persona cuyas decisiones políticas han contado casi con algún tipo de inspiración divina. Pero, si a otro adolescente le hacemos leer todos los días otros periódicos, escuchar determinadas emisoras o ver determinados programas, crecerá con la idea de que el Presidente del Gobierno es la reencarnación del mal, un hombre sin escrúpulos que se mueve entre la corrupción y la más absoluta ineptitud. La pregunta que los adolescentes nos harían es: ¿De cuál de los dos medios debemos fiarnos?

Hace unos años, guardé durante varios meses las portadas y editoriales de diversos periódicos españoles, de tirada nacional. Al principio lo hice como algo que me resultaba cómico, después comenzó a indignarme, y finalmente lo dejé por vergüenza ajena. Recuerdo especialmente las noticias relativas a manifestaciones. En uno de los periódicos se podía leer que “más de un millón” de personas se había manifestado en Madrid contra el aborto, mientras que en otro señalaban que “unos miles” de personas se habían manifestado contra el aborto. La diferencia entre lo que uno y otro medio informativo decía era de “solo” 900.000 ó 950.000 personas… En un medio los manifestantes eran descritos como “familias enteras”, y en otro medio se les definía como miembros de “la derecha católica y grupos neonazis”. Con las portadas sobre el 15M sucedía lo mismo, pero al revés, y así con cualquier tema que pudiera tener una mínima connotación social o política. ¿La información facilitada por estos medios de comunicación es realmente información aséptica… o es proselitismo y adoctrinamiento?

Al poner de manifiesto que los menores se fían demasiado de la información que encuentran en internet, puede parecer que la información que hay fuera de la red es fiable, verídica, aséptica o digna de más confianza. Y, sinceramente, no creo que esto pueda afirmarse. Hay buenos medios, buenos periodistas y buenos generadores de contenidos en todas partes, pero no creo que el papel sea más fiable. Cómo reconoce el dicho: “El papel aguanta cualquier cosa que escribas encima”.

  1. ¿PERO CUÁNTA INFORMACIÓN HAY FUERA DE INTERNET?

Al hablar sobre la información a la que los menores acceden a través de los medios digitales, puede parecer que la información que hay fuera de la red es tan relevante como la existente dentro de la red. Y disponemos de un dato que es necesario poner ya sobre la mesa: más del 99% de la información que genera la Humanidad cada día, se encuentra solo en formato digital. Es accesible fundamentalmente a través de internet, y no se encuentra en papel, periódicos o libros impresos. Cuando yo era pequeño tenía una enciclopedia en el salón de mi casa, y era la fuente de información a la que acudía para cualquier trabajo de clase. Y, por supuesto, copiaba lo que allí decían, y sin posibilidad de acudir a otras fuentes. Hoy, cuando entramos en un buscador y tecleamos “Charles Darwin”, nos aparecen cerca de 12 millones de enlaces. Pensemos en la cantidad de información, documentos, fotografías, correos, mensajes, etc, que generamos cada día, o cada mes, o cada año… ¿Cuánta de esa información se encuentra en papel?

Es importante debatir sobre la necesidad de potenciar el sentido crítico de los menores en internet, pero no debemos transmitir la idea de que internet no es fiable como fuente de información, ya que es el lugar en el que se encuentra el 99% de la información que se genera cada día. Ni existe una alternativa capaz de competir con internet, ni la mayor parte de la información que hay en la red es falsa o incorrecta.

  1. A LOS ADULTOS LES SUCEDE EXACTAMENTE LO MISMO QUE A LOS MENORES.

Como señalaba, tras leer determinados datos del informe podemos pensar que los menores de edad son especialmente crédulos con respecto a lo que encuentran en internet. Sin embargo, una segunda lectura de los mismos datos nos permite concluir que los menores son mayoritariamente conscientes de muchas cosas, y sobre otras es evidente que necesitamos seguir trabajando. Pero, para tener una idea de conjunto lo más objetiva posible, debemos plantearnos si dichos problemas tienen la misma incidencia entre los adultos. Y no me cabe la menor duda de que así es: muchos adultos se creen todo lo que leen en internet, dan por buenos los resultados que les ofrecen los buscadores, y no los distinguen en muchos casos de los anuncios pagados.Conozco adultos que en su día recibieron un supuesto correo electrónico de su banco, pidiéndoles que entraran en una página web para confirmar sus datos personales, y lo hicieron (¡!). Miles de adultos de todas las edades son engañados constantemente en internet con distintos objetivos. Igual que sucede fuera de la red. El pasado 28 de Diciembre, Día de los Inocentes, nos ha dejado buenas muestras de la credibilidad de muchos adultos. Famosos, políticos, periodistas, etc, se han creído determinadas noticias y las han reproducido en sus respectivos medios. En algún caso su única fuente de información había sido un tuit encontrado en Twitter. Mencionaré, solo como muestra, la polémica desatada al publicarse que las alcaldesas de Madrid y Barcelona iban a intercambiar durante dos semanas sus alcaldías. Algunos medios, políticos y periodistas pusieron el grito en el cielo. Al igual que ha sucedido también con la reciente y cíclica noticia falsa de que el Papa ha dicho que la iglesia exigirá certificado de virginidad a las mujeres para poder casarse. Son muchos los adultos que creen cualquier cosa que leen en internet, como sucede también fuera.

En conclusión: creo que debemos trabajar para que los menores de edad sean conscientes de que no deben otorgar credibilidad a todo lo que encuentran en internet. Pero creo que debemos extender ese necesario sentido crítico a todo lo que se dice también fuera de la red, y creo que esta cuestión debería formar parte de nuestra educación como usuarios de las tecnologías de la información y la comunicación, pero tanto para los adultos como para los menores de edad.

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(*) Independent regulator and competition authority for the UK communications industries.

http://stakeholders.ofcom.org.uk/market-data-research/other/research-publications/childrens/children-parents-nov-15/

– Formación para los alumnos/as sobre cómo encontrar información en Google y verificar las fuentes:

http://educalike.es/wp-content/uploads/2015/09/Conferencia-AlumnadoSALUD-DIGITAL-.pdf

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Mothers and Sons – When Love Comes Out Sideways

We recommend this post by Dr. Meg Meeker on mothers of today and the real needs of families. And one lesson we should all learn is that while mothers want more for their sons, the truth is that sons need less. Enjoy it.

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The reality of a mother’s love is that it sometimes comes out sideways. Mothers are often tired, manipulated, and they make mistakes. They scream when they mean to apologize. They feel guilty that they have to work rather than stay at home with their children. They worry about all the things that can go wrong.

But there’s an easy way to take some of the pressure off—and that is to allow both you and your son more time to relax. Some of the most important moments of being a parent consist of just being there for your kids and sharing the most mundane aspects of life with them.

Mothers who spend too much time with other mothers often compare notes and feel they are doing too little. But motherhood isn’t a competition. It is a state of being. Twenty-first-century, post-modern mothers site many reasons as to why they are anxious.

Peer pressure heads the list of influences operating in a mother’s life which dramatically alters how she raises her son. Peer pressure usually has a very negative affect on sons because it rarely causes the mother to make better decisions for her son. It acts against her own instincts and is therefore usually detrimental to the son.

Mothers ungulate ceaselessly about their concerns over the peer pressure their son experiences. But peer pressure that parents feel affects a boy more significantly than the peer pressure he feels from his contemporaries. Usually the mother is influenced more heavily by peer pressure simply because most women spend more time with other mothers than fathers do with other fathers.

Consider the number of scheduled activities boys have. Why does Johnny go to piano lessons, soccer, and football practice all at the same time? Because other mothers have their sons enrolled in two to three extra-curricular activities. Mothers want their sons to be similar enough to other boys so that they will be accepted among their peers. This is a healthy desire. But if it leads to enrolling Johnny in piano lessons, soccer, and football practice all at the same time because other mothers have their sons enrolled in two or three extra-curricular activities, then it’s not. The problem is, two to three scheduled events stress some sons unduly. We know that sons who have healthy relationships with their parents fare much better life. Your sons don’t need more activities that separate them from you, they need more time with you. And guess what? A night spent reading at home with your sons is a night that’s a lot less stressful for you and them than a night spent running between this practice and that recital. Further, it decreases the amount of time a son spends with his mother and father and we know that sons who have healthy relationships with parents fare much better in life. But we sign them up anyway.

The United States is the wealthiest country on the planet—but prescriptions for anti-depressants and anxiolytics have soared over the past five years. Why? It’s because mothers and fathers are stressed by the demands on them—the demands of work, family, and keeping up with the Joneses. And much of these demands come from trying to get to work on time, to make enough money to pay for the shoes, lessons, and tuition for our sons that other boys have. But you don’t need to keep up with the Joneses. You only need to keep a roof over your head and raise mentally and physically healthy children. You’d be better off going for family walks together than working harder to make extra money to pay for more activities for the kids.

Peer pressure perpetuates a mother’s stress to be all and do all for her son in order for him to grow up and be happy. But many times—most times in fact—a son cannot be happy in a home where there is so much stress created because his mother feels an obligation to perform well or at least better than many of the friends that she sees around her.

When Caroline came to my office with her six-month-old boys, I knew the visit would be long: her mother was in tow. I entered the examination room to see her twin boys, Caleb and Connor, sitting on a blanket in on the middle of the exam room floor. Caroline looked tired; her shoulders sagged. I noticed that her shoulders had lost their squareness as she leaned over to give a Cheerio to Caleb. Clearly she had dressed up for her appointment, and wore heavy makeup, as if to disguise her fatigue. She had concealer caked on her eyes and pale tangerine lipstick covering her lips. As we chatted, I noticed movement only on the right side of her mouth. The left eyelid and the left side of her mouth were drooping. There was a crack in her voice. She cleared her throat to conceal it. She wanted to show me, and her mother, that she was doing extraordinarily well. But I recognized the symptoms and realized that Caroline had developed Bell’s Palsy.

As I asked pertinent questions about the boys’ development, eating habits, and sleep patterns, her answers were encouraging but abbreviated. When I started to place the twins on my exam table, she quickly stood to help. While I examined Caleb, she played with Connor while consoling his brother. When I switched to Connor, she continued to concentrate on the two at once.

Her mother sat patiently on the plastic chair beside hers, but I sensed from the moment I entered the room that she was anxious to speak. Realizing that the visit was coming to a close, Caroline’s mother blurted out, “Dr. Meeker, I’m terribly worried about Caroline.”

“Mother, stop. Please don’t.” Caroline interrupted.

“No, no, this is important. I think we need her opinion,” her mother persisted. Caroline complied.

“What are your concerns?” I asked, looking at the mother.

“Dr, Meeker, I’m worried about Caroline’s health. You can probably see she has developed Bell’s Palsy. Her doctor gave her some type of steroid medicine for that and she cries a lot. Her doctor also said that she is depressed, so he gave her another medicine for that. She started it a few months ago but it’s hard for me to tell if it’s working or not because she is exhausted all the time. You see, she hardly sleeps. One of the boys is awake every couple of hours wanting to eat. Since she insists on nursing them, she won’t let me help. I can’t give them a bottle and she won’t feed them back-to-back. She lets them eat whenever they want to.” Caroline’s mother paused long enough for Caroline to interrupt her.

“Mother, you just don’t understand,” she said. “Things are different today. Breast milk is best for the boys and they need it—everything I read about nursing says that they should eat on demand. You didn’t feed me that way in your day.”

Caroline’s efforts valiantly attempted to insist that she was right but beneath her words I could hear that she wanted to be convinced otherwise.

“Wait a minute,” I said. “Let me get this straight, Caroline. You nurse the boys whenever they want to nurse, you are taking steroids because half of your face can’t move, and you are suffering from depression, for which you take medication every day.”

“Right.” she complied.

“I can see that you feel confused, exhausted, and guilty. That’s the way any normal mother in your situation would feel.” I waited.

“Yeah,” she nodded reluctantly.

“Do you think the boys need a happy mother or do they need breast milk more?” I asked.

She seemed surprised by the question. “Breast milk. It boosts their immune system, it wards off infections; there are antibodies in breast milk that they can’t get any other way. And it helps me bond better with them. I’ve read that babies find breast milk emotionally gratifying. How can I not give that to them?”

Like any enthusiastic, loving mother, Caroline had scoured the Internet for information on nursing and had found volumes. Most of what she had read was correct, but some was false. But more important, she had completely lost her balance.

Her instincts told her that she needed more sleep, the drugs (which would be present in the breast and the milk) weren’t good for her babies, and the four of them (she rarely thought of her husband’s opinion) would be healthier and happier if she stopped nursing.

So why didn’t she? Peer pressure. Most mothers feel extraordinary pressure from friends, doctors, and baby books to nurse as long as possible. Certainly I advocate this but I encourage more maternal intuition and common sense.

After a long discussion I tried to convince her that the boys needed a less sleep-deprived mother more than they did breast milk. I encouraged her to wean the boys, start them on formula in a bottle, let someone else help her (heaven forbid their father gets a little bonding time while feeding them), and get some sleep.

She shook her head. I explained the seriousness of post-partum depression and the role that elevated oxytocin, which is associated with breastfeeding, played in the depression. I discussed the potential impact of her depression on the boys.

She dug her heels in. Without words she told me she would sacrifice anything, including her health (and ironically, the health and happiness of her family), for her boys. And giving up nursing was not an option. Mothers are a competitive lot and I sensed that part of Caroline wanted to be Super Mom. Her friends nursed only one child at a time. She could do two. Her mother pleaded with me to convince Caroline to show some common sense.

Realizing that I wasn’t making headway, I finally said, “Well, let me tell you. If they were my sons I wouldn’t want them to have steroids or anti-depressants in their systems for this long.” She stared at me. Her lips were tight, then they relaxed. Her shoulders straightened and she looked at her mom.

“Well, all right. I will wean them a little bit,” she said.

Sometimes mothers of sons get crazy. We just do. In our longing to make our sons psychologically sound, physically strong, and developmentally on track (usually we want them advanced) we toss common sense aside. We believe, usually errantly, that others know a better way to parent than we do. So we follow the lead of our peer group. And, I might add, parents of teenage boys are the worst at committing this travesty.

The fact is, your intuition as a mother is better than comparing yourself to other mothers. A mother needs to take a hard look at why she does what she does. Why does her son do what he does? If she recognizes honestly that her motives stem from peer pressure to keep her son ahead of the others, she must buck that peer pressure. Sons need more stress-free homes—which will dictate how they behave in school much more significantly than does the behavior of their friends.

And one lesson we should all learn is that while mothers want more for their sons, the truth is that sons need less. Boys need fewer toys and fewer clothes. They need more time with their mothers and fathers, less time in structured events, and more time being bored—yes, bored—so that they can use their imagination and creativity and figure out what to do. Young men need less time face-to-screen with electronic life and more time face-to-face with people. Less television, video games, clothes, telephone bills, sports events, and preschool hours mean less stress for mothers and more time for boys to figure out who they are and what they want out of life.

All of these things—electronics, clothes, sports events—make their way into a boy’s life because his mother (and his father) yield to life as their neighbors live it, the way they see it around them rather than the way it ought to be.

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Esto de los sexos

Nos han hecho llegar este post de Leopoldo Abadía. La verdad es que a veces  los gobiernos se meten en todo hasta en decidir cuál es la mejor educación para los hijos. Desde esta ventana siempre hemos defendido que madres y padres somos los mejores educadores de nuestros hijos y nadie puede arrogarse este derecho ni sustituirnos. Os recomendamos pues, el post que con mucha gracia sabe expresar lo que de verdad queremos los padres.

 

No acabo de entender esos líos políticos que se organizan en nombre de la libertad para perseguir a los padres que prefieren que haya colegios para chicas y colegios para chicos

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En mi casa celebramos los Reyes por todo lo alto. Niños y mayores, en fila, detrás de mí, hasta una habitación donde se supone que han debido dejar los regalos. Habitación donde se ha puesto cava y turrón para los Reyes, agua y pienso para los camellos, porque hay que tratar con delicadeza a esos personajes que han venido de tan lejos para hacernos felices. (No añado “con la que está cayendo”, porque estropearía el párrafo).

Todos los años, el mismo rito. Primero digo que ha hecho frío esta noche y que seguramente no han venido. Luego que, como no han venido, no hace falta abrir la puerta; luego no encuentro las llaves, luego la llave no abre…Y los chavalicos, y los mayores, cada vez más nerviosos. Al final, se abre la puerta y ¡la locura! Cada uno en busca de su zapato, porque lo ponemos la víspera para facilitar el trabajo de los Reyes.

Juguetes y juguetes para los críos. Y ropa, que cada uno me va enseñando. “Abuelo, ¿te gusta?”. Y yo pienso: “¡No me va a gustar, con esa cara de ilusión que pones!”.

Curiosamente, hago un repaso. Mi nieta María se ha vestido de pirata, con un pañuelo en la cabeza y una falda de colorines. Íñigo, un nieto, empieza a jugar con un camión. Carmen se prueba un pantalón que hace juego con un pañuelo que se pone al cuello con mucha gracia femenina… Pedro, Poldi y Pepe, entusiasmados con un juego de ‘Star Wars’, en el que, por cierto, aparecen unos seres feísimos y extrañísimos, pero allá ellos.

Al llegar aquí, cuando estoy en pleno ataque de entusiasmo orgulloso, porque todos aquellos son Abadías, freno, recordando que hace unos días vi en la tele a una señora, autodenominada “asesora pedagógica”, que, partiendo sin duda de la teoría que dice que Dios nos hizo a todos homosexuales y que luego elegimos, recomendaba los juguetes monosexo, o así. Muñecas para chicos, tanques para chicas. Parece que así podremos elegir mejor. A mí me coge tarde, porque si ahora decido ser señora, no sé cuál podría ser mi futuro.

Me pasa con frecuencia. Oigo una cosa y empalmo con otra más o menos relacionada. Hoy me he acordado de alguien que dijo: “En mi pueblo, todos somos muy machos”. Un viejo con boina y un palillo en la boca le miró con cara de desprecio y le contestó: “Pues en mi pueblo, la mitad machos y la mitad hembras. Y nos lo pasamos muy bien”.

Puede que sea la crisis económica que nos sigue trayendo por la calle de la amargura la que facilite que haya cantamañanas diciendo auténticas estupideces que sirvan para que la gente se distraiga discutiendo. Y como nos sobra tiempo porque lo fundamental, lo importante y lo urgente ya está hecho, en vez de elucubrar sobre el sexo de los ángeles, elucubramos sobre el nuestro.

Como consecuencia de ser todos iguales, o encargamos los hijos a Amazon para que nos los entregue por drones con derecho a devolverlos si no vienen con garantía, o pedimos a la India y a China que nos manden, a portes pagados, lo que antes se llamaban hombres del sexo masculino y mujeres del sexo femenino, para poder cubrir las pensiones de los antiguos ancianos del sm y ancianas del sf. (He puesto abreviaturas para no repetir lo de los sexos).

 

En Washington basta con declarar la propia identidad de género con la que uno desea ser reconocido, para poder usar servicios que antes estaban separados

 

La estupidez no está concentrada en un solo país. Parece una pandemia. Y, como siempre, cuando las ‘pandemiadas’ se dicen en inglés, son respetadas religiosamente, aunque los respetadores no crean en Dios.

Digo esto porque acabo de leer en un periódico americano que en Washington, desde ahora, basta con declarar la propia identidad de género con la que uno desea ser reconocido, para poder usar servicios públicos que antes estaban separados para hombres y mujeres por razones obvias.

Las empresas con más de ocho empleados y todos los establecimientos públicos -colegios, gimnasios, restaurantes…- están obligados a adaptarse a los nuevos ‘cuartos de baño transgénero’.

Concretando. Si un hombre pide ser tratado como una mujer, tendrá derecho a usar vestuarios y duchas femeninas, y a recibir el tratamiento de ‘señora’ o ‘señorita’ en restaurantes y tiendas, bajo la advertencia de multas importantes para quienes no respeten este nuevo derecho.

En un colegio, por ejemplo, si una chica se opone a compartir el vestuario y la ducha con un chico que se declara chica, será ella -y no el chico con conflicto de identidad- quien será apartada del resto de sus compañeras para usar un cuarto sexualmente neutro que el colegio deberá acondicionar para estos casos. (En una empresa en la que hice una consulta hace muchos años, en los lavabos de hombres había uno para ‘Ingenieros’ y otro para ‘Peritos’. Ahora, con lo de los nuevos sexos, sería mucho más complicado).

Aquello de ‘stultorum sunt plena omnia’, “todo está lleno de necios”, que dijo Cicerón antes de Cristo, habría que ponerlo en muchas plazas de ciudades importantes: Nueva York, Delhi, Washington, Madrid, Houston, Barcelona… En San Quirico, no, porque aquí, gracias a Dios, todavía abunda el sentido común.

 

Esto de la educación no diferenciada y diferenciada es opinable. Lo que no es opinable es que el Gobierno me quite la libertad de educar a mis hijos como considere

 

Hombres y mujeres, distintos. Chicos y chicas, distintos. De ahí que no acabo de entender esos líos políticos que se organizan en nombre de la libertad para perseguir a los padres que prefieren que haya colegios para chicas y colegios para chicos. Yo solo les recomendaría que los pusiesen cercanos, dada mi experiencia en el Colegio del Salvador, que estaba en Mola 1, al lado del Colegio del Sagrado Corazón, en Mola 3, donde iba una chica muy maja de la que me enamoré y con la que me casé, hace 58 años. Ella venía de un colegio para chicas y yo, de un colegio para chicos. Y, sin ningún complejo ni ningún trauma y sin ningún sentido de discriminación, “nos gustamos”, precisamente porque éramos distintos y nos habían educado de distinta manera.

Pero, al fin y al cabo, esto de la educación no diferenciada y de la diferenciada es opinable. Lo que no es opinable es que un Gobierno me quite la libertad de educar a mis hijos como yo considere conveniente, sea en la religión católica o en el marxismo-leninismo. O juntos chicas y chicos o separados, como yo quiera.

Recordando, una vez más -y van muchas-, que la educación es responsabilidad única y exclusiva de los padres y que los padres tienen el derecho -y el deber, pero hoy hago hincapié en el derecho- de educar a los hijos como ellos quieran y no como quiera el ministro de Educación de turno, que, a esos efectos, es un personaje absolutamente secundario, o terciario. En este Gobierno, o en el siguiente.

P.S.

1. Ahora que lo pienso: no sé si lo de la “asesora pedagógica” fue una inocentada. No lo he querido comprobar porque ya tenía escrito el artículo y, además, hace tiempo que quería tocar este tema tan pintoresco.

2. Los colegios de Zaragoza estaban en la avenida del General Mola, el ‘Director’, que dio el golpe de Estado antes de que Franco se uniera. La avenida, ahora, se llama Sagasta, pero me ha parecido más correcto poner el nombre original. No ha habido ninguna intención político-añorativa de otros tiempos.

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Ojo con los móviles de segunda mano…

¡Feliz año! os animamos a comenzar el año con un post de Kids and teens online que ilustra muy bien las situaciones en las que nuestros hijos se pueden llegar a meter. Hay que estar pendientes del tema tecnológico porque se creen que saben mucho pero a veces pueden verse comprometid@s.

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Un padre me ha enviado un correo comentándome lo que acababa de sucederle a su hijo, menor de edad. La verdad es que se trata de algo preocupante, y como no es el primer caso que me encuentro, creo que es bueno lanzar un aviso para navegantes.

Este señor, al que llamaré Luis, se encontró una tarde con el nuevo móvil de su hijo en la cocina. Al preguntarle sobre la procedencia del mismo, el adolescente le contestó que acababa de comprarlo y que era un smartphone de segunda mano, que le había salido muy barato y estaba prácticamente nuevo. En efecto, el aparato era uno de esos que nuevecitos cuestan no menos de 400 euros, pero que su hijo había conseguido por el módico precio de 80 euros. Al parecer lo había encontrado en un sitio de internet en el que venden cosas de segunda mano. Tras quedar con un individuo a la salida de una boca de metro, le había entregado el dinero y había recibido a cambio el preciado móvil.

Como es lógico, al padre le recorrió un escalofrío al pensar que su hijo había quedado con un extraño, y le había comprado un móvil cuya procedencia desconocía. Lo primero que pensó es que podía ser robado, pero tras una charla con su hijo comenzó a sospechar que probablemente se trataba de un timo, y que el móvil no era lo que parecía ser.

Una vez superado el disgusto inicial, decidió llevarse esa misma tarde el aparato a la tienda de informática que regenta un familiar suyo. Al día siguiente el dueño del establecimiento llamó a Luis para que se pasara a recogerlo.

Al entregárselo, el informático le dijo: “El móvil que le han vendido a tu hijo está perfectamente. La verdad es que está nuevo y tiene todas las características que debería tener en cuanto a memoria, GB, cámara y demás. Pero, debes saber que tenía instalado un troyano”. Cuando Luis preguntó de qué se trataba realmente, la respuesta que obtuvo fue la siguiente: “El troyano que tenía instalado es un virus que permitía al individuo que le vendió el móvil a tu hijo manejar determinadas funcionalidades a distancia. Por ejemplo, debes saber que este señor podía activar la ubicación del móvil y saber la localización exacta de tu hijo en cada momento del día… podía activar el micro del móvil y grabar las conversaciones que se produjeran a su alrededor, le permitía activar la cámara y realizar fotografías con el móvil sin que tu hijo se diera cuenta y, entre otras cosas, podía registrar todas las contraseñas que tu hijo metiera en el smartphone…”

En definitiva, lo que menos le interesaba al individuo que le vendió el móvil al adolescente eran los 80 euros. Lo que quería era entrar en su vida, localizarle, escuchar, ver y acceder a una ingente cantidad de información personal sobre sus características, gustos, inquietudes, amistades, familia, etc. ¿Y para qué quería saber todo esto? Pues seguramente nunca tendremos la respuesta, pero tampoco nos hace falta.

Aclaro que soy consciente de que un teléfono de segunda mano no tiene necesariamente que contener virus alguno. Tampoco ha de ser siempre robado, y puede ser vendido por alguien que simplemente lo ha recibido como regalo y no lo necesita. Pero creo que podemos extraer varias lecciones muy claras de este y otros casos similares que se están produciendo. A mi entender son las siguientes:

  1. Si alguien va a comprar un smartphone de segunda mano, debería exigir garantías sobre su procedencia o un ticket de compra.
  2. La persona que ha de acudir al sitio para realizar la compra no debe ser nunca un menor de edad, solo y sin el conocimiento de sus padres.
  3. Después de adquirir el aparato será necesario realizar una revisión afondo, en una tienda especializada o a través de una persona con los conocimientos necesarios.
  4. Es muy importante tener instalado y actualizado siempre un buen antivirus en el móvil, y más cuando va a ser utilizado por un menor de edad.

Muchos usuarios no saben que los teléfonos inteligentes y las tabletas también pueden sufrir los ataques de los virus informáticos. Por otro lado, en la mayoría de los casos, tienden a pensar que estos programas pueden dañar nuestros aparatos, quitarles capacidad, memoria, velocidad o simplemente reducir la vida de la batería. Sin embargo, los virus que existen en la actualidad no solo pueden atacar casi a cualquier aparato, sino que además son capaces de robar toda la información que se encuentra en su interior, ubicar nuestros domicilios o grabarnos y filmarnos.

Muchos programas de este tipo han sido creados para permitir a otras personas manejar nuestros dispositivos a distancia, suscribirnos a servicios de pago, o realizar acciones delictivas desde los mismos. Además, pueden llegar a hacer esto sin que notemos nada extraño en el funcionamiento de nuestro terminal.

Las cifras: en el primer trimestre de 2015 se detectaron más de 103.000 nuevos programas nocivos para teléfonos móviles. En el segundo trimestre la cifra alcanzó ya los 290.000 programas nocivos.

Y ¿cómo se infecta un móvil o un ordenador?

Los virus se propagan de forma muy rápida, y en ocasiones es suficiente con abrir una foto que hemos recibido o pinchar en el enlace equivocado. La mayor parte de las infecciones se producen en las siguientes situaciones:

  1. Abriendo un correo de alguien desconocido, con un archivo adjunto o una simple fotografía. Si el dispositivo de algún amigo/a ha sido infectado, también podemos recibirlo en un correo con su remite.
  2. Un mensaje, o incluso un whatsapp, con un enlace a una página web con código malicioso.
  3. La descarga de una actualización o de un archivo desde una página no oficial.
  4. La descarga de una aplicación móvil desde una web no oficial.
  5. La descarga de una aplicación desde una tienda oficial, pero que aun no ha sido verificada.
  6. La descarga de archivos de música, películas o de otro tipo, a través de programas de p2p (peer to peer), como el Emule o el Ares.
  7. La descarga de archivos en la red profunda, o Deepweb, la parte de internet en la que se encuentra el mayor volumen de contenidos, y que no es accesible para buscadores como Google.

Así pues, a la hora de comprar o regalar un smartphone a un adolescente, habremos de preocuparnos de que esté limpio, y de que la primera aplicación en instalarse sea un antivirus. Y, al margen de las herramientas que nos ofrece la propia tecnología, deberemos educar al menor de edad para que sepa cómo realizar un uso adecuado del terminal, y cuáles son las situaciones de riesgo que suelen facilitar la descarga de este tipo de virus informáticos.

Especialmente en estas fechas, en las que muchos menores van a recibir su primer smartphone o su primera tableta, es muy importante que padres y madres no se desentiendan posteriormente, y dediquen esfuerzos a autoformarse y a educar a los más pequeños de la casa en el uso seguro, saludable y responsable de estas tecnologías.

sagrada familia

Feliz navidad y feliz 2016

sagrada familia

Fotografía de Lluís MIR, 22/09/2012

 

JESUS EST NATUS!

VENITE, ADOREMUS!

 

Deseamos a unas Felices Navidades a todas las familias que nos siguen y nos apoyan. Gracias por vuestro ánimo y por vuestro respaldo. Feliz año 2016.

Sindicato de Padres

 

 

 

 

portrait serious stern baby

Cuidado con lo que expresas con los nuevos emoticonos…

Queremos recomendaros este post de kids and teens online. Las nuevas aplicaciones tecnológicas nos abruman y nos pasan de largo con tanta rapidez que no nos enteramos. Con esta explicación podemos reflexionar una vez más para poder ayudar y formar a nuestros hijos.

portrait serious stern baby

Hace poco que FACEBOOK ha lanzado en España e Irlanda los nuevos botones que acompañarán al famoso ME GUSTA. Se trata de seis emoticonos que reproducen seis emociones: “me encanta”, “me divierte”, “me alegra”, “me asombra”, “me entristece” y “me enfada”.

Las seis interacciones, que denominan “Reactions”, permiten a los usuarios mostrar seis emociones distintas, lo cual mejora considerablemente la comunicación entre los usuarios. Permite, además, obtener un feedback mucho más realista de las reacciones que generan los textos que escribimos o las fotografías que colgamos en la red social. En ese sentido son todo un acierto, sin lugar a dudas.

Pero la importancia de estos emoticonos va mucho más allá… Creo que debemos tratar al menos dos cuestiones importantes derivadas de su uso en Facebook: el impacto que tienen dichos emoticonos en los usuarios, y el volumen y precisión de la información personal que se va a poder almacenar sobre cada usuario que los utilice.

Los emoticonos no son solo caritas que gesticulan, sino que realmente generan emociones en las personas que los reciben. Son una forma de comunicación no-verbal que es perfectamente procesada por nuestro cerebro. De hecho, diversas investigaciones demuestran que reaccionamos a los emoticonos de la misma manera que frente a los rostros humanos. Cuando estos dibujos muestran emociones son procesados por las mismas zonas del cerebro que interpretan los rostros humanos, y pueden afectar a nuestro humor y a nuestras reacciones.

La explicación la encontramos también en las llamadas NEURONAS ESPEJO. Estas neuronas reflejan dentro de nosotros mismos las emociones que percibimos en los demás, y nos hacen revivirlas. Las neuronas espejo analizan constantemente las manifestaciones emocionales de aquellos que nos rodean, y nos llevan a compartirlas. Cuando alguien nos sonríe, normalmente lo primero que surge en nuestro rostro es otra sonrisa.

Y he aquí que esto sucede tanto para lo positivo como para lo negativo (¡!) Las seis interacciones emocionales que nos presenta Facebook nos van a permitir empatizar, pero también nos van a hacer sentir el enfado de otras personas. Se supone que no querían implantar el botón de NO ME GUSTA pues, según decía su presidente: “No queremos que Facebook se transforme en un foro en el que las personas votan a favor o en contra de las publicaciones”. Y, sin embargo, ahora incluyen un botón que va mucho más lejos. El emoticono de “me enfada”, enrojecido por la ira y con el ceño fruncido, transmite una sensación al que lo recibe en una publicación mucho más dura y emocional que un aséptico NO ME GUSTA. Ese “me enfada” es una expresión que implica acción, y no solo una simple manifestación. Desde luego es todo lo contrario a la ASERTIVIDAD que intentamos trabajar con los alumnos/as en los colegios. Hay muchas formas de decir y comunicar las cosas, y la ira no es la mejor. No se trata de no sentirla, pues es inevitable y tiene su función, pero no puede utilizarse como la forma de transmitir a los demás que algo no nos gusta. Si leo algo que NO ME GUSTA en Facebook, o con lo que no estoy de acuerdo: ¿Por qué razón voy a tener que enfadarme? Hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo y no me irritan. ¿Por qué hemos de llevar el desacuerdo al terreno emocional? ¿No podemos pensar diferente y expresarlo sin enfadarnos? Intentando evitar el botón de NO ME GUSTA han hecho algo mucho peor. Si ahora no me gusta lo que alguien publica en Facebook resulta que tengo que enfadarme…

Y, por supuesto, si pinchas sobre el iconito, te aparecen las identidades de las personas que se han enfadado, con su nombre y apellidos. No creo que esto vaya a favorecer mucho el buen ambiente en la red social.

Pero al margen de todo lo anterior, hay otra cuestión muy importante que padres, madres y educadores/as hemos de trabajar con los menores de edad. Además de explicarles que pueden mostrar su desacuerdo sin necesidad de enfadarse, es necesario advertirles sobre la cantidad de información que puede obtenerse sobre ellos observando los sitios en los que colocan dichos emoticonos. Hasta ahora, Facebook solo conocía la información derivada de los ME GUSTA que la gente pone, que ya es mucha información. Ponemos ME GUSTA en el comentario de un político o un periodista determinado, en la foto de una manifestación, y en muchos otros sitios que permiten obtener información muy valiosa sobre cómo somos, qué nos gusta y con qué pensamientos, ideas o creencias nos identificamos. Pero desde ahora, quien utilice inocentemente las nuevas interacciones, va a facilitar muchísima más información. Las situaciones que le entristecen, las que le causan asombro, las que le enfadan, lo que le alegra, lo que le divierte, lo que le encanta, son datos que van a permitir confeccionar un perfil muy detallado sobre su persona.

Cada día es más necesario trabajar con nuestros hijos/as y alumnos/as sobre estos aspectos, facilitar el desarrollo de su sentido crítico, y prepararles para la convivencia en un entorno digital concebido con criterios que no siempre coincidirán con los de las familias o las escuelas.

 

pubbing

Apps que te ayudarán a desconectar, un ratito

Para estas navidades puede ser un buen regalo para algún familiar: padre, hijo…una de estas aplicaciones que Padres en la Red nos recomiendan para desconectar de las redes. Nada como poder estar con la familia y los amigos al 100×100, autocontrolando todos los dispositivos . Es una buena idea!!!

Wassapps, redes, apps, juegos, … ¿Quién da más? … Nadie. ¿Cómo no estar enganchado?

pubbing

Sí, los smartphones son tan pegadizos que hasta han surgido “nuevos comportamientos” como el pubbing o estar más pendiente del móvil que de las personas; o el vamping, seguir conectado a la pantalla después de ir a dormir, meterte en la cama y apagar la luz. También, han surgido “alteraciones de la conducta”, como la nomofobia o ese miedo irracional a no tener el móvil; o el fomo, esa inquietud de qué me habré perdido de las redes después de haber estado un rato desconectado.

¿Qué tal si entre tus apps hay alguna que te ayuda a desconectar, a estar más con los pies en la tierra?

Apunta, 3 formas gratuitas que te ayudarán a hacer un paréntesis digital

OFFTIME – Life unplugged

OFFTIME contesta por ti y te informa, después, de quién te ha llamado o quién te ha enviado un mensaje. Es como “tu mayordomo virtual”.

Permite bloquear llamadas, mensajes de texto y notificaciones, sin incluir a tus contactos VIP que no serán bloqueados. OFFTIME envía auto-respuestas personalizadas indicando el motivo de la desconexión. Después, podrás obtener una lista completa de la actividad que te has perdido.

También permite limitar el acceso a apps e Internet

Imagen de previsualización de YouTube

QualityTime – Mi Dieta Digital

Divertida app, visualmente atractiva y fácil de usar que permite controlar y tener estadísticas en tiempo real acerca de cuánto tiempo usas el smartphone en tus apps favoritas.

Auto-controlas el uso del smartphone, creando restricciones de uso como “Alertas” y la función “Descansar” que restringe el acceso al smartphone.

Haz tu dieta digital: recibe un resumen diario y semanal de tus apps, con el tiempo de uso y el número de veces.

Forest

ForestSimpática app que consiste en tener un bosque y compartirlo con los amigos. ¿Cómo? Forest planta una semilla, y si le das 30 minutos le da tiempo para llegar a convertirse en un árbol.

Forest es una aplicación que quiere cuantificar el esfuerzo en forma de árboles. Un método de auto-motivación muy interesante para ayudar a vencer la adicción teléfono.

Fotografía: Sur-fake del fotógrafo Antoine Geige

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Educar: la magia que no tiene truco

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Este post de Carlos Pajuelo en Escuela de Padres nos introduce en la magia de la educación. Nos explica que educar es mágico y nos da las gracias por estar ahí, día a día y porque “es la única manera de hacer de este mundo mejorable, un lugar mejor”. Creo que somos nosotros los que debemos darles las gracias a él: GRACIAS!!

Hoy escribo mi post número 100, cien artículos escritos en este blog para madres y padres  con la única intención de animar y de hacer sentir competentes a los padres que están ocupados en la “entretenida” tarea de educar hijos.

100 artículos escritos y siento  no haber encontrado aún la varita mágica respecto a cómo  “hacer felices” a tus hijos y menos aún a vosotros los sufridos padres y madres. Llevamos casi tres años juntos y aún no he dado con las palabras mágicas que hacen que los hijos recojan los juguetes o sus calzoncillos; ni la manera de hacer que se pongan a estudiar; ni que hagan solos sus tareas; ni que obedezcan; que lleguen tempranito a casa y que estén contentos y respondan, con profusión de detalles, a todas nuestras interesantes preguntas. Vamos, que no he encontrado el camino que hay que seguir para que los hijos hagan lo que los padres deseamos: “dar satisfacciones”.

El mago sin magia. Eso es lo que soy yo.

Educar es hacer magia sin trucos, sin varitas mágicas. Educando hacemos que aparezcan en nuestros hijos e hijas comportamientos, valores, actitudes que les ayudarán a construirse como personas autónomas.  Educar es mágico.

Y esta es la magia de los padres: empeñarnos en educar, que es lo que está en nuestras manos, en vez de empeñarnos en buscar esa quimera de la felicidad de los hijos, que por cierto, esa tarea la tienen que hacer ellos solos. Si quieres que tus hijos sean felices no te queda más remedio que ponerte a ser feliz tú.

Yo la verdad no sé qué es eso de la felicidad; lo que está claro es que no es un lugar en el que, una vez que llegas, te ponen una pulserita y te dan todo lo que quieres gratis. Ni tampoco es la felicidad un estado en el que no te afecta lo que ocurre a tu alrededor (eso creo que se llama “pasotismo”); y menos aún la ausencia total de problemas (creo que a eso se le llama muerte).

Soy afortunado porque a pesar de todas estas limitaciones que tengo como mago sin magia, me seguís brindando vuestro apoyo y cariño, por eso en este centenario artículo quiero daros las gracias.

Gracias a todos los padres y madres que me animan a seguir escribiendo porque encontraron alivio escondido en algún párrafo.

Gracias por todas vuestras sugerencias, que me ayudan a ser mejor comunicador.

Gracias por enseñarme que educar es una manera de vivir, que educamos con nuestros propios estilos personales, con nuestras experiencias, con nuestras competencias y con nuestras limitaciones.

Gracias por sonreír cuando hablamos de los “modorros”. Cada vez que sonríes te llenas de energía para seguir educando.

Gracias, especialmente, a los padres y madres que educan a hijos e hijas con discapacidad, con enfermedades mentales; hijos “secuestrados” por las adiciones; hijos ya solo presentes en el recuerdo. Los anónimos padres y madres coraje, porque nos dan ejemplo diario de que el verbo educar se conjuga en primera persona del presente de indicativo.

Gracias a los padres y madres que vierten lágrimas porque creen que son incapaces de encontrar la manera de ayudar a sus hijos. Educar es sembrar y muchas veces los hijos necesitan desarrollar muchas raíces antes de que veamos el tallo.

Gracias por educar, porque es la única manera de hacer de este mundo mejorable, un lugar mejor.

Gracias por agacharos, una y otra vez, a recoger la toalla cada vez que desesperados la arrojamos al suelo.

¿Felicidad? A veces estamos buscándola con tanto ahínco que no vemos que está a nuestro lado, en ti, en tus hijos, en tu familia, en tu trabajo, en la calle. Menos buscar y más sentir.

¿Tú haces magia? Seguro que sí, la magia más blanca que existe, la magia de amar.

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El Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos

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Nos parece interesante  recomendar este post de Mundo de Mamá que nos habla de “El Principito” de Saint-Exupéry, un libro que puedo lograr impulsar el gusto por la lectura en los niños.

“No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.” y mientras decía esto volteé a ver a mi hija de 6 años, con su rostro iluminado por el reflejo de la pantalla grande, sus ojos grandes y brillantes, sentada a la orilla de la butaca junto a una de sus mejores amigas y completamente abstraída por el diálogo y la película; mientras tanto, yo convertía en realidad uno de esos momentos que siempre soñé cuando ni siquiera era mamá: llevar a mis hijas juntas al cine.

“No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.” y mientras decía esto volteé a ver a mi hija de 6 años, con su rostro iluminado por el reflejo de la pantalla grande, sus ojos grandes y brillantes, sentada a la orilla de la butaca junto a una de sus mejores amigas y completamente abstraída por el diálogo y la película; mientras tanto, yo convertía en realidad uno de esos momentos que siempre soñé cuando ni siquiera era mamá: llevar a mis hijas juntas al cine.

Fuimos a ver el “remake” del libro El Principito, salida por partida doble pues era la primera vez que llevábamos a mi hija pequeña al cine y que mi hija mayor invitaba a una de sus mejores amigas a pasar una tarde de sábado con nuestra familia.

De niña nunca me emocionó leer libros, seguramente en el colegio nunca pasé de la mitad de muchos pero a través de mis hijas he aprendido a leer de nuevo y descubrir la magia de la lectura; desperté tantos sentimientos en mí y El Principito, que hace un tiempo se convirtió en mi libro favorito. Haberlo representado en cine y de una forma bastante apegada al libro original, hizo que muchos niños también despertaran el interés en este clásico que por si no sabían, es el libro de género literario de tipo novela infantil, más veces traducido en el mundo.

“Sólo se conocen las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!”

La amistad, un valor tan difícil de encontrar, cuidar y conservar. La película gira entorno a una pequeña niña de también 6 años de edad, igual que mi hija mayor, quien descubre a través de su vecino el verdadero sentido de permanecer con alma de niños y mantenernos lo más distante posible a la vida monótonamente rutinaria y despierta la empatía junto a la capacidad de asombro en nuestra vida. Tanto qué reflexionar, tanto que hasta a mi hija de 6 años la hizo llorar un par de veces y cuestionarse acerca del vacío existencial que una persona te deja cuando se va, cuando tienes un mejor amigo, cuando inviertes tu tiempo en las personas o los momentos y no en las cosas.

Tantas lecciones dentro de un libro tan pequeño: la verdadera amistad, la calidad de tiempo,  las relaciones, la vanidad, la empatía, la nobleza… Un libro inspirado en nuestro terruño: Guatemala. Cuentan que cuando lo creó su autor -el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry (1900–1944)-, fue inspirado aquí en nuestra patria, que él iba rumbo a la tierra de su prometida en El Salvador, y que tuvo que hacer una parada por Guatemala porque su avión venía fallando, al aterrizar tuvo un accidente que lo llevó a convalecer en Antigua Guatemala, ciudad que lo inspiró para escribir acerca del Asteroide B612: tres volcanes, uno de ellos inactivo -el de Agua-, árboles que crecen enormemente creando catástrofes -la Ceiba- y su inspiradora rosa, como las que se cultivan en nuestra tierra fría de Sacatepéquez. Una serpiente que se traga un mamut, inspirada en el Cerro de Oro de Atitlán.

Un libro enriquecedor, clásico, necesario, indispensable en la cultura general de un niño y la familia, porque la lectura y la fantasía que viene con éstos se hereda por tradición de papás a hijos. Si prefieren el cine, vean la película pero no dejen de conocer un libro que como a mí, puede que les cambie el gusto por la lectura, o incluso la forma de ver o vivir la vida.