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10 motivos para dejar a tu hijo abrir una cuenta en una Red Social

Por Nacho Viché

En este artículo queremos dar algunos motivos para que “dejes a tu hijo” apuntarse a las redes sociales. Mejor dicho, vamos a intentar reflexionar, anticipándonos a la siguiente pregunta: ¿Qué haría yo si mi hijo, aún menor, me dijera “quiero abrir una cuenta en una red social?

Sabemos que si no le dejamos, lo hará él con sus amigos o, incluso, se la abrirá otro.

Los chavales están acostumbrados a quemar etapas, con pura efervescencia. Hay que ayudarles en su intemperancia, enseñándoles a esperar, a poner freno, evitando siempre que sea el freno de emergencia. Cada cosa tiene su edad y las redes sociales también la tienen. No se trata de cerrar puertas, sino de ayudarles a abrir caminos. Al ejercer la autoridad los padres establecemos los límites entre lo bueno y lo malo. El objetivo final y último es pasar de la exigencia a la autoexigencia. Con nuestro ejemplo y actitudes ante la vida transmitimos nuestros valores, que serán el modelo más inmediato de referencia para ellos.

Pero volvamos a la pregunta: “Todos mis amigos están en la red social, me quiero crear una cuenta”.

A los chicos y chicas nacidos desde 1996 hasta la mitad del primer lustro de la primera década del 2000 se les conoce como “Generación Z”, son nativos digitales, tecnológicamente muy conectados, tecnodependientes.

Evidentemente cada uno ‘es como es’ y tiene sus cadaunadas. No se puede medir a todos con el mismo rasero. Si en algún momento te pide permiso para darse de alta en una red social, aprovecha esa oportunidad que te da, para hablar con él. Él no espera que le des permiso. Tampoco es bueno dárselo de inmediato, puedes negociarlo, incluso consensuar una fecha para ello. Debes tener presente que si el menor tiene menos de 14 años y hace alguna tontería, sus padres deben responder civilmente de sus actos, pues él no tiene aún responsabilidad penal.

Partiendo de la base de que los menores de 14 no pueden crear una cuenta en una red social, vamos a suponer que está apunto de cumplir los catorce, y así responder a la pregunta:

¿Por qué debería permitir a mi hijo abrir una cuenta en una Red Social?

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Comunicarse con 140 caracteres

Por Juan Luis Sánchez

Desde hace unos años, los jóvenes se comunican masivamente a través de WhatsApp (en auge), SMS (en decadencia) y las (consideradas imprescindibles) redes sociales, como Tuenti, Facebook y Twitter. ¿Resulta muy negativo para su educación estas formas de escribir?

Todas estas modernas formas de comunicarse tienen en común que se basan en mensajes cortos (Twitter, muy de moda, tiene un límite de 140 caracteres). Pero además, se escribe con unos códigos de reciente creación que todos aprenden enseguida, pero que se apartan bastante de las reglas de ortografía.

Así las cosas es común encontrarse en un chat de internet con escritos como el siguiente: “hla soy jsy. Sts en tu kely? b7s, QT1BD, lol”. ¡Incomprensible para profanos! Se imponen las abreviaturas para que se responda más rápidamente y ahorrando caracteres. El problema es que estos nuevos modos de escribir se trasladan irremediablemente al ámbito educativo.

Muchos profesores advierten que en los exámenes se han encontrado con estos códigos y abreviaturas incomprensibles. Se señala a internet como una de las principales causas del empobrecimiento de la escritura. Algunos padres y educadores señalan el riesgo de pérdida de competencias para la escritura.

Otro problema reside en que las tildes brillan por su ausencia. En cuanto a los signos de puntuación, se utilizan de forma libre, casi siempre despreciando el signo de exclamación al principio, y poniendo varios al final. Se ha perdido el punto y coma, y las comas se usan a discreción. Además, abundan las arrobas y almohadillas con significados crípticos.

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Los chicos Abercrombie no barren

Por Angeles Montuenga

La mayoría de mis lectores con hijos/as  en edad de merecer seguro habrán oído hablar de Abercrombie. Una cadena de moda juvenil  por la que jóvenes  (y  no tan jóvenes) hacen colas inacabables.

El diseño de sus establecimientos es espectacular. En ubicaciones privilegiadas de las principales capitales del mundo, captan al cliente con un estilismo cuidado hasta el más mínimo detalle.

Justo a la entrada, te recibe un modelo masculino -perfectamente medio vestido- luciendo trabajadísimos abdominales. Permite hacerse fotos con él, cual souvenir o trofeo de caza. Al plan se apuntan imberbes y cuarentonas con iguales aspiraciones.

Una vez traspasado el umbral, experimentas algo así como una condensación artificial y artificiosa de vitalidad y espíritu veinteañero. Penetras en un cubículo -sin ventanas  abiertas al exterior-  donde  parece querer encerrarse algo tan volátil y fugaz como es  la juventud y la belleza.

Quien carece de una cosa y de otra se siente fuera de foco.

No ves plásticos maniquís estáticos y mudos… En su lugar  chicos y chicas, ataviados como por casualidad con las prendas que interesa promocionar, pasean y bailan por el local mostrando la mercancía (sin quedar del todo claro si  lo que se vende es el atuendo o su hermosa carne fresca).

Todos parecen seguir un guión de merchandising concreto: Saludan e interpelan con sonrisa de dientes perfectamente alineados  y un medido  tono de afectación:  -“How are you doing, guys!”-

Todos disfrazados de “niños bien”. Niños, bien blandos .

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