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Cortometrajes que inspiran: “Easy life” (Vida fácil)

Un post muy elocuente de Gestionando Hijos sobre cómo proteger a los hijos puede acabar siendo una equivocación.

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Este cortometraje, producido por el Ringling College of Art and Desing cuenta la historia de una niña que descubre que una muñeca mágica le hace los deberes. Y claro, se aprovecha de la situación mientras ella juega con su videoconsola. ¿Qué pasará?  Un cortometraje que seguro que querrás compartir con tus hijos y te hará reflexionar acerca del valor del aprendizaje, del motor vital que es la curiosidad, de por qué la vida fácil es menos vida (como diría nuestro gran amigo Fernando Botella) y de los efectos que puede tener en nuestros hijos la sobreprotección.

Antes de destripar el potente mensaje del corto, ¿por qué no lo vemos? ¡Dentro vídeo!

Y es que aprender, enfrentarnos a retos, conectar con personas reales y tener curiosidad e interés por lo que nos rodea nos hace crecer, superarnos, ser mejores y, en definitiva, vivir. Sin embargo, aislarnos con una pantalla, perder la curiosidad y el interés, en definitiva, apostar por un ocio que no enriquece sino que empobrece, nos hace más pequeños, menos vivos, menos interesantes… Un gran mensaje para esos hijos que no quieren aprender y quieren una vida fácil, ¿no creéis? Y es que, como nos dijo Fernando Botella en una genial ponencia, “la vida es chula porque es incierta, no es segura”, es decir, no es fácil.

Y podríamos decir más aún, y este mensaje es más para nosotros, padres y madres: si nuestros hijos (o nosotros mismos, claro) dejan (u obligan) a alguien que haga las cosas por ellos, se pierden ese aprendizaje, esa oportunidad para superarse, para mejorar, para sentirse más vivos. Es decir, la sobreprotección (que es hacer por nuestros hijos lo que ellos son capaces de hacer, por miedo a que sufran o porque desconfiamos de sus capacidades) les envilece, les incapacita y les hace más pequeños.

Si quieres que tu hijo crezca independiente y sea un líder, no cometas estos errores

Nos ha llamado la atención estas recomendaciones en la educación de los hijos que nos detallan en Gestionando hijos, se resumen en 7 errores que los padres solemos cometer. Buenas ideas para tener en cuenta.

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Queremos hijos autónomos, independientes, seguros de sí mismos, con buena autoestima y con criterio propio. Pero en muchas ocasiones, con nuestra forma de educar no estamos favoreciendo que se alcance este objetivo, sino todo lo contrario. Kathy Caprino, en Forbes, detalla siete errores que cometemos a menudo padres y madres  y que impiden a nuestros hijos ser autónomos, seguros de sí mismos e incluso capaces de convertirse en líderes de su propia vida o del mundo empresarial.

1.No dejamos que nuestros hijos experimenten riesgos

Como nos contaba Heike Freire en el taller sobre autonomía el pasado 3 de julio en Barcelona, tendemos a ver peligros en todas partes y no dejamos a nuestros hijos evaluar activamente riesgos y consecuencias para ocuparse de su propia seguridad. Según un estudio, si nuestros hijos no asumen riesgos jugando en el exterior, pueden desarrollar fobias al llegar a la edad adulta. Heike Freire nos decía que sin riesgo no hay autonomía ni autoestima.

2.Rescatamos demasiado rápido

Resolvemos los problemas de nuestros hijos y no dejamos que sean ellos quienes experimenten el problema en sí y desarrollen habilidades para solucionarlo. Nuestros hijos no experimentan las consecuencias de sus actos (porque se lo impedimos, les rescatamos de ellas) y de este modo los incapacitamos para convertirse en adultos competentes.

3.Alabamos con entusiasmo muy fácilmente.

Si alabamos siempre a nuestros hijos, pensamos que estamos reforzando su autoestima, pero algunas investigaciones demuestran que este comportamiento tiene consecuencias indeseadas. Si nuestro hijo ve que solo nosotros alabamos una habilidad y que exageramos mucho al alabarla, dudarán de la objetividad o el fundamento de nuestra opinión y pensarán que no está conectada con la realidad. Además, les estaremos impidiendo enfrentarse a realidades difíciles, pues no les hemos enseñado a afrontarlas.

4.Dejamos que la culpa nos impida guiarlos bien

Si no les decimos no, no aprenderán a luchar por lo que realmente quieren o necesitan. No premiemos movidos por ese sentimiento, sino por las buenas acciones que merezcan ser reconocidas. Y no ofrezcamos siempre premios materiales, porque no ayudan a promover la motivación intrínseca ni  a dar un mensaje de amor incondicional.

5.No compartimos con ellos nuestros errores del pasado

Debemos dejar que nuestros hijos sigan su propio camino, pero podemos ayudarles. Si compartimos con ellos los errores que hemos cometido en el pasado, cuando teníamos su edad, podremos ayudarles a tomar buenas decisiones. Seguro que es de mucha utilidad  hablar de cómo nos sentimos ante situaciones parecidas y lo que aprendimos de ellas.

6.Confundimos inteligencia o talento con madurez

Creemos que si nuestro hijo es inteligente ya está preparado para la vida, pero no es así. Debemos promover su madurez concediéndole libertades. Como nos contaba Heike Freire en su taller,  debemos observar a nuestro hijo para saber si está preparado para asumir ciertos riesgos o gozar de cierta independencia. Kathy Caprino, por su parte, cree que si observamos que los chicos de la edad de nuestro hijo hacen más cosas que el nuestro debemos preguntarnos si estamos retrasando la independencia de nuestro hijo.

7.No predicamos con el ejemplo

Queremos hijos honestos, solidarios, buenas personas, con gran sentido ético… Pero a menudo no estamos siendo un buen ejemplo en este campo, de modo que Kathy Caprino nos invita a “dejar a las personas y a los lugares en mejor estado que cuando lo encontramos, y así nuestros hijos harán lo mismo”.

 

El experto en liderazgo Tim Elmore cree que padres y madres cometemos estos siete errores por miedo y porque no entendemos la importancia de estos errores. Además, comenta Tim, está comprobado que “cada generación de padres habitualmente trata de compensar “errores” de la generación precedente”. Además, padres y madres nos centramos mucho “en su felicidad de hoy y no en su preparación para el mañana. Los padres que ponen el foco en el mañana producen mejores resultados”, advierte.

Para evitar estos siete errores, Tim Elmore  apuesta por estos pasos

  1. Habla de las cosas que te gustaría haber sabido sobre la edad adulta.
  2. Deja que intenten hacer cosas que les permitan crecer e incluso deja que se caigan.
    3. Discute sobre las consecuencias que tendrá que no dominen ciertas disciplinas.
    4. Ayúdales a relacionar sus fortalezas con los problemas de la vida real.
    5. Ofrece proyectos que requieran paciencia, de modo que aprendan a retrasar gratificaciones.
    6. Enséñales que la vida tiene que ver con elegir, no pueden hacer todo.
    7. Iníciales en tareas de adultos, como pagar cuentas o realizar tratos de negocios.
    8. Preséntales a potenciales mentores de tu entorno.
    9. Ayúdales a visualizar un futuro gratificante y debate los pasos para llegar hasta allí.

10.Celebra los progresos que realizan hacia la autonomía y la responsabilidad.

Imagen: Balance. Fuente: Just Add Light/Flickr

¡Feliz Año Joven!

Todo el mundo sabe que la libertad humana no consiste en la carencia de vínculos, sino en la calidad de esos vínculos y en la energía y determinación para abrazarse a ellos.

En conversación reciente salió el tema de cómo son los estímulos que reciben hoy las chicas y los chicos. Un comentario repetido fue que la escuela, la universidad, los medios de comunicación, la misma familia, motiva el éxito individual, el relumbrón, el beneficio material inmediato de nuestros jóvenes… Y, después, viene la frustración de la cruda realidad: mercado laboral deprimente, en todos los sentidos.

Con muy buenas palabras -“¡sin levantarles la voz, por favor!”, nos dicen-, les explicamos muchas, muchísimas cosas a nuestros jóvenes -¡de forma unidireccional las más de las veces!-  ignorando todos que la amabilidad no puede substituir a la verdad ni a la justicia. Siempre adulamos, seducimos, toleramos e imitamos a los jóvenes, pero pocas veces les exigimos. Y así, les defraudamos, les quitamos la responsabilidad, no les ayudamos.

Hemos de provocar en ellos cierta voluntad de aventura, de riesgo, sin que todo esté perfectamente controlado. Para eso, hemos de educar en verdad y en responsabilidad. Llamando a las cosas por su nombre, incluso cuando no seamos del todo ejemplares nosotros mismos.

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