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¿Para qué educar?

Por: Montserrat Rutllan

Educamos con los contenidos que hemos desarrollado hasta ahora, con un propósito claro y definido: hacer de nuestros hijos ciudadanos del futuro, libres, responsables, y con el máximo índice  de salud física, mental y moral según sus posibilidades. Para que nuestros hijos conozcan el porqué de sus vidas, hemos de enseñarles a pararse, pensar, contemplar y ver si el sistema de vida que muchas veces el entorno propone, se adecua a lo que ellos quieren o es un magma confuso.

Este tipo de enseñanza que mencionamos ha de darse, fundamentalmente, en los primeros años de vida, en dos ámbitos preferentes: familia y escuela.

Miró y  Ardévol en 1997, comentaba en un artículo titulado “Quiere usted vivir bien” que “ el proceso de maduración, de formación de la personalidad y de encontrar un sentido real de la vida, es imposible sin la familia, pero también sin el maestro, el pedagogo, el  “sensei” que es el acompañante del alumno que le va desbrozando el camino, le señala la ruta a seguir y le da el sentido, que son los valores.  Para educar es necesario tener valores compartidos de carácter fuerte, porque son  los valores los que nos dicen qué es necesario y bueno, y la relación y jerarquía entre ellos. Sin valores fuertes, la violencia de nuestras escuelas y barrios crecerá. No sabremos explicar a nuestros hijos porqué un camino es mejor que otro. No podremos darles, en la escuela, un horizonte común de sentido. Y los maestros, estas personas formidables, dejarán de abrir camino para transformarse en policías. En el fondo, lo que digo es sencillo y realista – y además barato – aunque difícil de aceptar por motivos ideológicos: aunque usted no crea en Dios, lo mejor para los demás y para sí mismo, es actuar como si creyera. Aceptar y practicar los valores humanos derivados de esa creencia. Vivir la buena vida”.

En el mismo sentido se expresaba López Burniol en un artículo reciente.

¿Cómo educar?

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