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El móvil te puede estar robando el presente

La gestión del tiempo hace tiempo que se ha convertido en uno de los temas más importantes en la educación y en el disfrute de nuestros hijos. Además, tenemos un compañero que aún hace que perdamos más tiempo del que deberíamos para estar con nuestros hijos, el móvil. Estas reflexiones de Gestionando Hijos nos van bien, nos hacen darnos cuenta de que el tiempo con ellos debe ser al 100% con ellos. ¡¡¡Felices Fiestas!!!!

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“La mayoría de nosotros llevamos usando los smartphones desde el año 2010. Quiero que levantéis la mano aquellos de vosotros que desde que tenéis un smartphone os notáis un poquito menos pacientes, os cuesta estar en una cena con vuestra pareja sin consultar el móvil, os cuesta estar en la parada del autobús sin sacar el móvil para consultar algo porque os cuesta más trabajo esperar. Lo que sabemos de las tecnologías es que nos están volviendo un poquito más impacientes», nos decía el neuropsicólogo Álvaro Bilbao en su primera ponencia con nosotros. Y es que no es raro ver en el parque a los niños jugando y a los adultos sentados al lado consultando su móvil o una quedada de amigos o familia en la que en algún momento todos miran el móvil o incluso suele pasar que pretendemos ver una serie o un programa mientras los comentamos por Twitter o consultamos las redes sociales cuando la escena es aburrida. ¿Es esto bueno para nuestro disfrute de la vida? ¿Nos estamos perdiendo algo? ¿Puede ser esto perjudicial para el vínculo con nuestros hijos?

Nos están robando el tiempo

» ¿Cuánto tiempo gastan las redes sociales en nuestra vida? Las hemos metido sin sacar nada, así que algo falta. Podría estar con mis hijos mientras subo fotos a Instagram, que encima las subo de mis hijos. Nos está pasando un poco como a los hombres de gris de Momo, se están llevando el tiempo. En el momento de la mayor comunicación mundial, vivimos la mayor incomunicación en casa, en los grupos de iguales… Necesitamos tiempo para pasear, para observar la naturaleza, tiempo para llorar y estas lágrimas tienen que ser en familia. Mis hijos tienen que ver que no soy insensible porque tengo prisa», nos decía Mar Romera en una entrevista.

Por extraño que parezca, es habitual que tratemos de mantener una conversación con nuestros hijos mientras contestamos un mensaje de WhatsApp, que, mientras vemos la televisión, nos asalte la necesidad de comprobar si tenemos novedades en el móvil o que demos vueltas a qué fotos subir de la cena romántica que estamos teniendo con nuestra pareja. ¿Estamos disfrutando así, de verdad, del presente?

La multitarea es un mito, el presente es limitado y hay que priorizar

Con la llegada de las nuevas tecnologías, llegó también el mito de que somos capaces de (y las tecnologías nos ayudan a) hacer varias cosas a la vez: estar con nuestro hijo en el parque mientras vemos tuits graciosos, hablar con nuestra pareja mientras miramos fotos en Instagram, recoger a los niños del colegio mientras respondemos mensajes por WhatsApp, comer mientras cotilleamos Facebook, aprovechar en el coche un semáforo en rojo para responder un mensaje (lo cual, por cierto, os decimos por experiencia propia que está prohibido)… Así, parece que con el mismo tiempo de que disponemos podemos realizar más actividades y aprovechar mejor los minutos.  Es una promesa muy interesante, ¿verdad?

Perderse el presente es desconectar de nuestros hijos

En un tiempo en el que tenemos la fuente de miles de distracciones en nuestro bolsillo, parece complicado centrarse en el aquí y ahora (tal vez por eso se puede explicar el auge del mindfulness). Y lo cierto es que nuestros hijos, especialmente los niños pequeños, viven en ese aquí y ahora. Son, nos decía Ángeles Jové, «detectores de presencia. Tienen un radar muy potente y advierten cuando estamos ahí pero sin conectar, sin estar realmente… como si estuviéramos pero en realidad ausentes».

Así que, sumado a las distracciones clásicas que tenían nuestros padres cuando estaban con nosotros y les impedían disfrutar del presente (las preocupaciones por lo que había pasado, el agobio de lo que quedaba por hacer), nuestra manía de consultar el móvil nos puede alejar aún más de nuestros hijos y, » cuando menos conexión hay entre nosotros y nuestros hijos, menos armonía reina en casa», afirma Ángeles Jové. 

Enseñar a nuestros hijos a disfrutar del presente

Somos, lo hemos repetido hasta la saciedad, el referente de nuestros hijos. ¿Qué queremos enseñarles: a disfrutar del presente o a estar a mil cosas a la vez pero a ninguna de ellas de verdad? Nos contaba Álvaro Bilbao en la citada ponencia que “muchas veces cuando queremos que nuestro hijo cene les ponemos un móvil delante que lo que hace es desactivar esta conexión” con la circunvolución frontal, la encargada de fijar la atención, “en vez de enseñar al niño a focalizar su atención, le enseña que tiene que estar atento a distintas cosas a la vez”. Mientras grandes ejecutivos pagan mucho dinero para aprender a tener una atención más plena (el famoso “mindfulness”), “nosotros nos empeñamos en que nuestros hijos tengan una atención más corta, más limitada y más disgregada”, lamenta Álvaro. Por eso, nos dice, “el cerebro de nuestros hijos necesita que le enseñemos a saborear la vida, no a consumirla”.

El conocido neuropsicólogo explica que hay una estructura en el cerebro denominada núcleo estriado, que decide qué atrae al cerebro “en función de dos criterios: la rapidez de la satisfacción y la intensidad de la satisfacción. El niño que tiene esta parte del cerebro copada con cosas emocionantes, rápidas, etc., no puede prestar atención a otras cosas». Llegará un momento, advierte Álvaro, en que «disfrutar de la lectura y pasar un buen rato con un amigo en un parque le parecerá mucho más aburrido que ir a casa y conectarse en el ordenador”. Urge, parece, reeducar nuestro núcleo estriado para educar el de nuestros hijos.

No tengo tiempo

Por Catherine L’Ecuyer

Una de las quejas que oímos mucho de boca de gente es “no tengo tiempo”. Esa expresión, a mi siempre me ha dejado perpleja. Reconozco haberla utilizado muchas veces, pero siempre me ha dejado una sensación de autoengaño al utilizarla. Todos tenemos la misma cantidad de tiempo: 24 horas al día, ni más ni menos. Que cada uno organiza y reparte según las necesidades que reclaman nuestra naturaleza (dormir, comer, por ejemplo) y según las obligaciones que ha libremente asumido (trabajo, familia, pareja, ocio, televisión, niños, deporte, etc.). Por lo que ¡es absurdo desear tener más tiempo, ya lo tenemos! Lo que hemos de desear, es encontrar el tiempo para las cosas esenciales. Y eso, ¿cómo se hace?

Primero, teniendo muy claro cuales son las cosas esenciales y excelentes en nuestras vidas y profundizar en ellas. Por ejemplo, nuestros hijos necesitan horas y horas con nosotros. Y esas horas, no podemos arrebatárselas pensando que unos minutos de tiempo de “calidad” lo solucionan todo. Podemos probarlo con nuestros jefes, diciéndoles que de repente se nos ha ocurrido que podíamos hacer nuestras 4, 8 o 12 horas de trabajo diario en media hora “de calidad”. ¡A ver con qué cara de incredulidad nos mirarán!

Segundo, gastando menos para poder permitirnos trabajar menos horas. Para la gran mayoría de la población -con excepción quizás de algunos ricos como por ejemplo la Duquesa de Alba o Bill Gates-, tiempo y dinero son variables inversamente proporcionales: a más dinero menos tiempo y a menos dinero más tiempo. Conclusión: para tener más tiempo, hemos de poder permitirnos trabajar menos. Para poder permitirnos trabajar menos, hemos de gastar menos. ¿Cómo se consigue gastar menos? Empezando por prescindir de lo prescindible. Es curioso que si nos dejáramos ir, nos pasaríamos la vida gastando en lo que no necesitamos para impresionar a gente que no conocemos y que tampoco nos importa.

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