Entradas

Escenas educativas 22: Una lección de vida en un cuento escrito por un niño de 8 años

Es realmente importante comprender que todos somos distintos y por ello valiosos. Nada mejor que un ejemplo que nos presentan desde Gestionando hijos. esperemos que os guste tanto como nos ha gustado a nosotros.

un-amigo-cuando-quiere-puede-2

Verónica comparte con nosotros un cuento que se está difundiendo y emocionando en Internet, escrito por Pablo Pérez Socas, un niño de 8 años con autismo, y que lleva por título “Un amigo cuando quiere, puede”, y que nos habla del lenguaje universal de la amistad. 

Gracias a Internet podemos conocer la realidad de familias lejanas, la opinión de expertos sobre los temas más dispares e incluso pequeñas obras de arte realizadas por niños, esos locos bajitos de los que tenemos tanto que aprender. Y así es como he conocido este precioso cuento de un niño que tiene autismo y que me ha emocionado mucho, porque nos habla de la necesidad de tender puentes y destruir las barreras que nos separan y nos recuerda que compartimos muchos lenguajes universales: el de las emociones, el de la amistad, el de los juegos, el de la música.

Y es que este cuento, que los padres de Pablo tuvieron la gran generosidad de regalar al público el mismo Día del Libro, me parece mucho más que un canto a la inclusión: es un canto a superar nuestras diferencias, a buscar el entendimiento y la comprensión, a buscar esos lenguajes universales que nos unen, a dejar de levantar muros y empezar a tender puentes, porque “cuando quieres, puedes”. Y también me hace reflexionar sobre el hecho de que “si quiero, puedo” buscar ese entendimiento o ese lenguaje común con mis hijos, cuando miles de veces he dicho “es que no me escuchan”, “es que no se enteran”, “te lo he dicho mil veces”. Y esas frases que digo como un desahogo no tienden puentes, no, no son naves espaciales que me acerquen al planeta lejano en el que parece que están mis hijos cuando tienen esa sordera selectiva, sino que levantan muros y nos alejan más. Y esos muros también los levantan las etiquetas, como la que usamos cuando pensamos en un niño autista, como Pablo, el autor de este precioso cuento que todos deberíamos conocer. El mismo niño de 8 años que nos da una verdadera lección al decirnos que “un amigo, cuando quiere, puede”.

 

Comunicarse con 140 caracteres

Por Juan Luis Sánchez

Desde hace unos años, los jóvenes se comunican masivamente a través de WhatsApp (en auge), SMS (en decadencia) y las (consideradas imprescindibles) redes sociales, como Tuenti, Facebook y Twitter. ¿Resulta muy negativo para su educación estas formas de escribir?

Todas estas modernas formas de comunicarse tienen en común que se basan en mensajes cortos (Twitter, muy de moda, tiene un límite de 140 caracteres). Pero además, se escribe con unos códigos de reciente creación que todos aprenden enseguida, pero que se apartan bastante de las reglas de ortografía.

Así las cosas es común encontrarse en un chat de internet con escritos como el siguiente: “hla soy jsy. Sts en tu kely? b7s, QT1BD, lol”. ¡Incomprensible para profanos! Se imponen las abreviaturas para que se responda más rápidamente y ahorrando caracteres. El problema es que estos nuevos modos de escribir se trasladan irremediablemente al ámbito educativo.

Muchos profesores advierten que en los exámenes se han encontrado con estos códigos y abreviaturas incomprensibles. Se señala a internet como una de las principales causas del empobrecimiento de la escritura. Algunos padres y educadores señalan el riesgo de pérdida de competencias para la escritura.

Otro problema reside en que las tildes brillan por su ausencia. En cuanto a los signos de puntuación, se utilizan de forma libre, casi siempre despreciando el signo de exclamación al principio, y poniendo varios al final. Se ha perdido el punto y coma, y las comas se usan a discreción. Además, abundan las arrobas y almohadillas con significados crípticos.

Leer más

Antes y después de la Blackberry, también había y hay más vida

Por Sara Pérez-Tomé
Hemos empezado el nuevo año, seguro que con nuevos aparatos tecnológicos que ya forman una parte muy importante de

-nuestra vida personal, laboral y familiar-

Estamos viviendo unos momentos de tantos cambios, que no nos da tiempo a asimilar los últimos avances cuando ya se han quedado obsoletos con un nuevo modelo de alta tecnología al alcance nuestro y también de nuestros hijos.
Este post titulado,  Antes y después de la Blackberry, también había y hay más vida,  forma parte de una cadena de artículos que quieren intentar conseguir ser una llamada de atención para que no nos dejemos atrapar solo por lo atrayente de la comunicación permanente vía 3G.
Por un lado me gustaría que sacaseis tiempo para poder leer tranquilamente un documento que ha llegado a mis manos y que puede ser muy útil para cualquier familia. El título del artículo no es un simple buen titular para quien lo lee. Es mucho mas, por ello léelo tu primero y después intenta difundirlo entre tus amigos, conocidos y familiares, en realidad su difusión va a ser un regalo de verdad para todos.

-NIÑOS ADICTOS A LA BLACKBERRY-

http://www.sophya.es/pdf/blackberry.pdf
Pero no nos engañemos preocupándonos solo con los niños,  el problema no solo está en ellos. La causa primera del problema somos nosotros los adultos, que con más recursos para saber seleccionar y administrar nuestros intereses vivimos una vida demasiado enganchada a una máquina que no siempre es nuestra mejor aliada:


http://youtu.be/CqOheOnMLe4

¡No hay suficientes padres “malos”!

Por Oswaldo Pulgar Pérez

Uno de los grandes retos de la educación en la familia es la comunicación con los hijos: hablar de lo que a ellos le interesa, dar ejemplo y no tener miedo a influir positivamente en sus vidas. Esto, no es fácil, pero sí necesario. Para eso, hay que entender bien la libertad.

A veces pensamos que ser libre es poder escoger entre varias opciones y eso no es del todo cierto. Más importante es ser dueños de nosotros mismos y orientarnos hacia lo bueno porque nos da la gana.

¿Qué beneficio nos reporta escoger el mal? Ninguno. Eso no puede llamarse libertad. Por eso, es clave formar a los hijos para que sepan invertir su libertad. Es más cómodo decidir por ellos, pero entonces no los estaremos formando.

Se educa más con lo que los hijos ven y experimentan en el hogar -un ambiente de alegría, de cariño y de confianza-, que con muchos sermones. Por eso, más que informar, hay que contagiar el amor a la verdad, que es la clave de la auténtica libertad.

Quizá alguna vez debamos acudir a premios y castigos, pero sobre todo hay que hablar de la bondad o maldad de los actos y del tipo de vida que configuran. Así, los hijos descubrirán el vínculo indisoluble entre libertad y responsabilidad.

Hay que sacar tiempo para estar juntos, escucharles a solas a cada uno, adelantarse para hablar de los temas centrales de la existencia: el origen de la vida, las crisis de la adolescencia, el noviazgo y el matrimonio. Sería una educación muy pobre la que se limitara a dar información, cuando lo que más necesitan son criterios de conducta.

Leer más

Afecto en la adolescencia

Por Victoria Cardona

“Al afecto se le debe el 90% de toda felicidad sólida y duradera”

C. S. Lewis

Hay un valor que perdurará antes, ahora, después y siempre en la vida de nuestros hijos adolescentes: el afecto. El afecto siempre predominará en la vida y será la música de fondo que acompañará a nuestro hijo y hará que su personalidad se desenvuelva equilibradamente, y, al saberse querido, caminará seguro, adquiriendo autoestima.

Hacer uso correcto del afecto nos abrirá todas las puertas de comunicación con el adolescente. Lo cual quiere decir: no aprovecharnos nunca de nuestra maternidad o paternidad con frases como: “enfermaré con todos los problemas que me das…”, “mira lo que yo hago por ti y tú con que moneda me pagas…”, “ya te iría bien estar una temporada en una casa donde no te trataran como nosotros…”. Son pequeños trucos que pueden funcionar para obtener alguna respuesta positiva sólo al momento, pero que proporcionan malestar a los de casa. Nos sabría muy mal que los hijos nos quisieran complacer sólo porque se preguntaran: “¿qué podemos hacer para tener a los padres contentos?”

Leer más