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Ser Padres “muy cool”

Por Sara Perez Tomé

Según Wikipedia, en español el adjetivo “cool”, puede entenderse como  algo o alguien excelente, genial y principalmente tiene también el significado de:

“estar en la onda del momento”.

Muchos padres cuando sus hijos crecen y empiezan a ser pre-adolescentes, quieren conseguir de  ellos que  les identifiquen como unos “padres muy cool”.

Esto siempre será estupendo, mientras no atravesemos la línea roja de la distancia que debe existir siempre entre unos padres y sus hijos. Porque una vez  atravesada la línea, descubres que los hijos se han convertido en “los patrones” y los padres han pasado a ser “los marineros”.

-Y todos sabemos que donde hay “patrón” no manda “marinero”-

Los padres y solo ellos, son los que  deben saber quien maneja la barca de su familia, con independencia, de la situación familiar, profesional, económica, emocional y afectiva de  cada momento.

Si dejas que tus hijos sean los patrones del barco de tu familia, has dejado a tus hijos sin el capitán  que ellos esperan y necesitan tener.

Ser un “padre cool”, hoy en día,  es “estar en la onda”,  pero ello  te marca un ritmo y una distancia que debemos vigilar permanentemente.

Ser un “padre cool o guay “ es ser un padre “políticamente correcto con la sociedad”.

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¿Qué estándares de moda y buen gusto trasladamos a nuestros hijos?

Por Covadonga O´Shea

La moda es  mucho más que las tendencias que vemos en las pasarelas. Bajo ese inmenso paraguas de lo que se lleva se cobija  todo un estilo de vida que impregna con  fuerza no sólo la   forma de vestir, de divertirnos,  de comer, de  movernos,  de viajar, de decorar nuestras casas sino que  llega incluso al modo  de hablar. Sería positivo tener estas ideas  en la cabeza, a la hora de encauzar el sentido “estético” o su  carencia total, entre la gente joven que nos rodea, o en nosotros mismos, a la hora de aparecer en público vestidos de cualquier forma, con un aire que muchas veces raya en lo absurdo. No me importa repetir las afirmaciones de la genial Coco Chanel cuando decía que “la moda tiene que hacer sonreir y no reir, que tiene que ser gracia y no imbecilidad

Pero,  en vista de lo que tantas veces nos encontramos por la calle o en nuestra propia casa, nos preguntamos: ¿Se puede saber quién decide ese tipo de modas o de dónde arrancan las tendencias que se imponen de polo a polo? La respuesta es tan  variada como sorprendente. Aseguran  las  estadísticas  que la gente joven imita  a los ídolos mediáticos mucho más que a los creativos de moda: los chicos se peinan como los futbolistas y siguen  a los cantantes de operación triunfo, mientras las chicas imitan a las artistas, a las modelos, a las celebrities que salen número a número  en las revistas del corazón. Me comentaban que en Londres, por ejemplo, se ha dado una invasión tipo plaga de clones de Paris Hilton y en Nueva York de Lady Gaga. Lo gracioso del caso es que unas y otros por más que   cada uno de ellos pretenda ser  original y exclusivo, dan la impresión de copiarse entre sí   hasta el punto de comprobar   que la gente de una  edad parecida, acaban vestidos  de uniforme. Hay una terrible dependencia “de la tribu” y cierto miedo universal  latente  a no ser como los demás.

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