Entradas

Esto de los sexos

Nos han hecho llegar este post de Leopoldo Abadía. La verdad es que a veces  los gobiernos se meten en todo hasta en decidir cuál es la mejor educación para los hijos. Desde esta ventana siempre hemos defendido que madres y padres somos los mejores educadores de nuestros hijos y nadie puede arrogarse este derecho ni sustituirnos. Os recomendamos pues, el post que con mucha gracia sabe expresar lo que de verdad queremos los padres.

 

No acabo de entender esos líos políticos que se organizan en nombre de la libertad para perseguir a los padres que prefieren que haya colegios para chicas y colegios para chicos

esto-de-los-sexos

En mi casa celebramos los Reyes por todo lo alto. Niños y mayores, en fila, detrás de mí, hasta una habitación donde se supone que han debido dejar los regalos. Habitación donde se ha puesto cava y turrón para los Reyes, agua y pienso para los camellos, porque hay que tratar con delicadeza a esos personajes que han venido de tan lejos para hacernos felices. (No añado “con la que está cayendo”, porque estropearía el párrafo).

Todos los años, el mismo rito. Primero digo que ha hecho frío esta noche y que seguramente no han venido. Luego que, como no han venido, no hace falta abrir la puerta; luego no encuentro las llaves, luego la llave no abre…Y los chavalicos, y los mayores, cada vez más nerviosos. Al final, se abre la puerta y ¡la locura! Cada uno en busca de su zapato, porque lo ponemos la víspera para facilitar el trabajo de los Reyes.

Juguetes y juguetes para los críos. Y ropa, que cada uno me va enseñando. “Abuelo, ¿te gusta?”. Y yo pienso: “¡No me va a gustar, con esa cara de ilusión que pones!”.

Curiosamente, hago un repaso. Mi nieta María se ha vestido de pirata, con un pañuelo en la cabeza y una falda de colorines. Íñigo, un nieto, empieza a jugar con un camión. Carmen se prueba un pantalón que hace juego con un pañuelo que se pone al cuello con mucha gracia femenina… Pedro, Poldi y Pepe, entusiasmados con un juego de ‘Star Wars’, en el que, por cierto, aparecen unos seres feísimos y extrañísimos, pero allá ellos.

Al llegar aquí, cuando estoy en pleno ataque de entusiasmo orgulloso, porque todos aquellos son Abadías, freno, recordando que hace unos días vi en la tele a una señora, autodenominada “asesora pedagógica”, que, partiendo sin duda de la teoría que dice que Dios nos hizo a todos homosexuales y que luego elegimos, recomendaba los juguetes monosexo, o así. Muñecas para chicos, tanques para chicas. Parece que así podremos elegir mejor. A mí me coge tarde, porque si ahora decido ser señora, no sé cuál podría ser mi futuro.

Me pasa con frecuencia. Oigo una cosa y empalmo con otra más o menos relacionada. Hoy me he acordado de alguien que dijo: “En mi pueblo, todos somos muy machos”. Un viejo con boina y un palillo en la boca le miró con cara de desprecio y le contestó: “Pues en mi pueblo, la mitad machos y la mitad hembras. Y nos lo pasamos muy bien”.

Puede que sea la crisis económica que nos sigue trayendo por la calle de la amargura la que facilite que haya cantamañanas diciendo auténticas estupideces que sirvan para que la gente se distraiga discutiendo. Y como nos sobra tiempo porque lo fundamental, lo importante y lo urgente ya está hecho, en vez de elucubrar sobre el sexo de los ángeles, elucubramos sobre el nuestro.

Como consecuencia de ser todos iguales, o encargamos los hijos a Amazon para que nos los entregue por drones con derecho a devolverlos si no vienen con garantía, o pedimos a la India y a China que nos manden, a portes pagados, lo que antes se llamaban hombres del sexo masculino y mujeres del sexo femenino, para poder cubrir las pensiones de los antiguos ancianos del sm y ancianas del sf. (He puesto abreviaturas para no repetir lo de los sexos).

 

En Washington basta con declarar la propia identidad de género con la que uno desea ser reconocido, para poder usar servicios que antes estaban separados

 

La estupidez no está concentrada en un solo país. Parece una pandemia. Y, como siempre, cuando las ‘pandemiadas’ se dicen en inglés, son respetadas religiosamente, aunque los respetadores no crean en Dios.

Digo esto porque acabo de leer en un periódico americano que en Washington, desde ahora, basta con declarar la propia identidad de género con la que uno desea ser reconocido, para poder usar servicios públicos que antes estaban separados para hombres y mujeres por razones obvias.

Las empresas con más de ocho empleados y todos los establecimientos públicos -colegios, gimnasios, restaurantes…- están obligados a adaptarse a los nuevos ‘cuartos de baño transgénero’.

Concretando. Si un hombre pide ser tratado como una mujer, tendrá derecho a usar vestuarios y duchas femeninas, y a recibir el tratamiento de ‘señora’ o ‘señorita’ en restaurantes y tiendas, bajo la advertencia de multas importantes para quienes no respeten este nuevo derecho.

En un colegio, por ejemplo, si una chica se opone a compartir el vestuario y la ducha con un chico que se declara chica, será ella -y no el chico con conflicto de identidad- quien será apartada del resto de sus compañeras para usar un cuarto sexualmente neutro que el colegio deberá acondicionar para estos casos. (En una empresa en la que hice una consulta hace muchos años, en los lavabos de hombres había uno para ‘Ingenieros’ y otro para ‘Peritos’. Ahora, con lo de los nuevos sexos, sería mucho más complicado).

Aquello de ‘stultorum sunt plena omnia’, “todo está lleno de necios”, que dijo Cicerón antes de Cristo, habría que ponerlo en muchas plazas de ciudades importantes: Nueva York, Delhi, Washington, Madrid, Houston, Barcelona… En San Quirico, no, porque aquí, gracias a Dios, todavía abunda el sentido común.

 

Esto de la educación no diferenciada y diferenciada es opinable. Lo que no es opinable es que el Gobierno me quite la libertad de educar a mis hijos como considere

 

Hombres y mujeres, distintos. Chicos y chicas, distintos. De ahí que no acabo de entender esos líos políticos que se organizan en nombre de la libertad para perseguir a los padres que prefieren que haya colegios para chicas y colegios para chicos. Yo solo les recomendaría que los pusiesen cercanos, dada mi experiencia en el Colegio del Salvador, que estaba en Mola 1, al lado del Colegio del Sagrado Corazón, en Mola 3, donde iba una chica muy maja de la que me enamoré y con la que me casé, hace 58 años. Ella venía de un colegio para chicas y yo, de un colegio para chicos. Y, sin ningún complejo ni ningún trauma y sin ningún sentido de discriminación, “nos gustamos”, precisamente porque éramos distintos y nos habían educado de distinta manera.

Pero, al fin y al cabo, esto de la educación no diferenciada y de la diferenciada es opinable. Lo que no es opinable es que un Gobierno me quite la libertad de educar a mis hijos como yo considere conveniente, sea en la religión católica o en el marxismo-leninismo. O juntos chicas y chicos o separados, como yo quiera.

Recordando, una vez más -y van muchas-, que la educación es responsabilidad única y exclusiva de los padres y que los padres tienen el derecho -y el deber, pero hoy hago hincapié en el derecho- de educar a los hijos como ellos quieran y no como quiera el ministro de Educación de turno, que, a esos efectos, es un personaje absolutamente secundario, o terciario. En este Gobierno, o en el siguiente.

P.S.

1. Ahora que lo pienso: no sé si lo de la “asesora pedagógica” fue una inocentada. No lo he querido comprobar porque ya tenía escrito el artículo y, además, hace tiempo que quería tocar este tema tan pintoresco.

2. Los colegios de Zaragoza estaban en la avenida del General Mola, el ‘Director’, que dio el golpe de Estado antes de que Franco se uniera. La avenida, ahora, se llama Sagasta, pero me ha parecido más correcto poner el nombre original. No ha habido ninguna intención político-añorativa de otros tiempos.