Entradas

¿Qué piden los profes a los padres de sus alumnos? Contesta Isabel

Os proponemos este post de Gestionando Hijos que nos pone cara a cara con los profesores de nuestros hijos, para que ellos nos expliquen qué es lo que necesitan de nosotros. Es una buena reflexión para hacer y sacar conclusiones.

Frente-a-la-pizarra-JUan-Carlos-Mejía-Flickr-e1456999441881

Hace un par de semanas, pedimos a los profesores que nos contaran qué pedirían a los padres de sus alumnos y alumnas. Y nos contestó Mª Isabel Giménez Millor, profesora de un colegio público de Valencia. Compartimos su respuesta para invitar a la reflexión y la colaboración de un binomio imprescindible para conseguir un objetivo común: educar bien para que nuestros hijos y alumnos sean buenas personas. Si eres profesor o profesora y nos quieres dar tu opinión, escribe a autores@gestionandohijos.com

Les pediría respeto. Respeto y colaboración. Respeto, porque los maestros somos los profesionales, sí, profesionales, como la médico o el panadero, que, durante unos 185 días de clase cada curso (nada más, o nada menos), escuchamos, atendemos, instruimos, ilusionamos, educamos, consolamos, levantamos, curamos, protegemos, valoramos, conducimos, reconducimos… a sus hijos.

Y colaboración conmigo, que soy la tutora de la clase de sus hijos y la que pasa tantas, o incluso más horas al día que ellos, con sus niños (en este caso, de 3º de Primaria, 29 niños de 8 años). Porque sin colaboración, los críos oyen hablar en demasiadas ocasiones de lo exigente, estricta, exagerada, fastidiosa, o blanda, poco exigente/benévola, aburrida, corriente, sosa,…, que es su “señorita Isabel”.

Colaboración en lo académico, en las pautas de trabajo a seguir en clase y, si hace falta, en casa, en el refuerzo de las técnicas de estudio iniciadas pero aún no conseguidas (en mi caso, en mi grupo, la mayoría de los padres pueden y saben hacer eso, y más);… En cuanto a actitudes, colaboración para que los valores como el respeto, la responsabilidad, el interés o la empatía, entre otros, tan trabajados y tan “enaltecidos” en clase, no sean esas palabras que tanto nos repite la “seño” en clase y de las que tanto hablamos y las que intentamos, ilusionados, poner en práctica, y que sean también puestos en práctica y “valorados”, nunca mejor dicho, en casa. Y en lo conductual, colaboración con las normas básicas de convivencia que un niño de esta edad puede interiorizar y poner en práctica, siempre, en clase, en el colegio, en casa, en el parque, o en el supermercado.

Colaboración para que no nos desacrediten más delante de sus hijos, porque somos sus “maestros”; para que acudan, receptivos y no inflexibles y creyendo estar en posesión de la verdad absoluta e infravalorando el trabajo que realizamos (por y para sus hijos), a las reuniones de tutoría cuando se les cita para hablar de lo que consideramos normal y de lo que es preocupante; colaboración para seguir las pautas de modificación de conducta que en ocasiones se les sugieren por el bien de sus hijos y del resto del grupo, colaboración para seguir desarrollando en casa, cada día, pese al cansancio con que los adultos llegamos por la tarde/noche a casa, la cultura del esfuerzo. Colaboración para que les sigan inculcando la importancia del esfuerzo en la sociedad actual, para aprender, como alumnos y como personas, para no crear seres “dependientes” de los cientos de tipos de maquinitas electrónicas que hoy tienen tan fácilmente a su disposición ( “¿divisiones?…. ¡bah!, las haré con la calculadora del móvil de mi padre”; “¿mural informativo?… ¡vale!, me lo hacen mi madre y mi abuela mientras  yo pasaré de nivel en el juego X de la tablet”).

Colaboración, en definitiva, para ayudar a crecer a niños, para ayudarles a que se conviertan en  personas reflexivas, personas pensantes, personas lectoras, personas autónomas, personas solidarias, personas esforzadas, buenas personas. 

Y que les quieran, que les quieran siempre, pero con un amor bien entendido, un amor en el que no se vale todo, un amor que protege y ayuda a crecer.

Eso es lo que yo pido a los padres y madres de mis alumnos, lo que siempre les he pedido y lo que seguiré pidiendo.

” Mamá, Papá: ¿Y por qué? “

Por Ángeles Montuenga en el blog “En mi contra”

palma

 

 

 

 

Vivir con sentido es conocer el sentido de nuestras celebraciones.

Hoy cuando muchos de nosotros llevemos a nuestros hijos a la tradicional bendición de la palma, creo que es bueno tener preparada una cierta explicación del por qué de las cosas.
Nada mejor que hacerlo desde la mirada de otros niños. Es esencial y tiernísimo.
¡Buena Pascua a todos!.
Nos vemos a la vuelta.

 

 

 

Cuentos que inspiran: El cazo de Lorenzo

Por  Elena Couceiro en Gestionando Hijos

cazo-Lorenzo

 Apartir del cuento de Isabelle Carrier El cazo de Lorenzo y con una música preciosa, este vídeo-cuento nos recuerda la necesidad de educar en la solidaridad y de promover la empatía. Lorenzo arrastra siempre consigo un cazo que le complica la vida y que produce rechazo, hasta que un buen día una señora le enseña a convivir con él y a creer en sí mismo.

Creemos que esta puede ser una buena herramienta para hablar con nuestros hijos de esos niños que vemos “diferentes”, para reflexionar sobre la diversidad y para promover la empatía en nuestra tarea educativa.

Esta obra cuenta con el apoyo de FEAPS (Confederación Española de Organizaciones en Favor de las Personas con Discapacidad Intelectual), que nos dice: “te invitamos a ser una de esas personas extraordinarias que saben apreciar a todos los «Lorenzos» que arrastran un cazo por el mundo”.

¿Qué os parece?