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La mejor manera de aprender es con cariño

Reproducimos un artículo de David Brooks del New York Times porque nos parece fundamental la conexión entre las relaciones afectivas y el aprendizaje, pero “las emociones confieren valor a las cosas”. Esto tiene mucho que ver con la idea de como diseñar y organizar una escuela: con calidad relacional o nada que ver con ella. Esta es una magnífica reflexión.

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Damon Winter/The New York Times

Hace unos años, cuando era profesor en la Universidad de Yale, les di un anuncio a mis estudiantes: dije que iba a tener que cancelar mis horas de tutoría ese día porque estaba lidiando con algunos problemas personales y un amigo vendría a ayudarme a solucionarlos.

No di más detalles, pero, esa misma tarde, diez o quince estudiantes me enviaron correos electrónicos para decirme que me llevaban en sus pensamientos o en sus oraciones. A partir de ese momento, cambió el tono del seminario para el resto del semestre. Nos habíamos acercado. Esa mínima muestra de vulnerabilidad significó que ya no era el reservado profesor Brooks, ahora era solo un tipo más que intentaba sortear las dificultades de la vida.

Ese momento espontáneo me reveló la conexión entre las relaciones afectivas y el aprendizaje. Solíamos considerar que la interacción entre razón y la emoción era en una especie de subibaja. Si querías ser racional y pensar con claridad, debías reprimir a las emociones, cuales duendecillos primitivos. La enseñanza consistía en descargar el conocimiento sin emoción en los cerebros de los estudiantes.

Después el trabajo de científicos cognitivos como Antonio Damasio nos mostró que la emoción no es contraria a la razón, sino que es esencial para ella. Las emociones confieren valor a las cosas. Si no sabes lo que quieres, no puedes tomar buenas decisiones.

Además, las emociones te indican a qué debes prestar atención, lo que debe importarte y lo que debes recordar. Es difícil superar la adversidad si tus emociones no están en sintonía. La información abunda, pero la motivación escasea.

Las enseñanzas reales de los profesores son las que imparten con su ejemplo: su pasión contagiosa por su materia y quienes la estudian.

Ese primer descubrimiento neurocientífico nos hizo recordar que una de las finalidades clave de una escuela es mostrarles a los alumnos nuevas cosas por las cuales apasionarse: un campo de estudio emocionante o nuevos amigos con intereses similares. Nos recordó que las enseñanzas reales de los profesores son las que imparten con su ejemplo: su pasión contagiosa por su materia y quienes la estudian. Nos recordó que los niños aprenden de las personas a las que aman, y que el amor en este contexto significa desear el bien para el otro y postular que haya un cuidado íntegro hacia la persona.

A lo largo de los últimos años, nuestro entendimiento de la relación entre las emociones y el aprendizaje ha prosperado. En mi opinión, en la actualidad, los neurocientíficos invierten menos tiempo en tratar de localizar el punto exacto del cerebro en el que suceden las cosas y más en intentar comprender las distintas redes neuronales que existen y lo que las activa.

Todo está integrado. Mary Helen Immordino-Yang, de la Universidad del Sur de California, muestra que incluso las emociones “sofisticadas”, como la admiración moral, en cierta medida se experimentan en las mismas partes “primitivas” del cerebro que monitorean los órganos internos y las vísceras. Nuestras emociones literalmente afectan las partes más profundas de nuestro ser.

Patricia Kuhl, de la Universidad de Washington, ha demostrado que el cerebro social es parte de todos los procesos de aprendizaje. Les dio clases de chino a niños y algunos de ellos tomaron lecciones cara a cara con un tutor. Su cerebro social se activó porque hacían contacto visual directo y tenían otros vínculos directos; aprendieron los sonidos del idioma a un ritmo impresionante. Otros vieron las mismas lecciones por medio de videos en una pantalla. Estuvieron absortos en la clase, pero prácticamente no aprendieron nada.

Las emociones muy negativas, como el miedo, también pueden tener un impacto sobre la capacidad de aprendizaje de un alumno. El miedo amplifica la percepción de amenazas y la agresión. Como consecuencia, también puede dificultarles a los niños entender las relaciones causales o cambiar de opinión si se modifica su contexto.

Incluso cuando las condiciones son ideales, considera todas las emociones que conlleva dominar una materia difícil como el álgebra: curiosidad, entusiasmo, frustración, confusión, temor, gozo, preocupación y, con suerte, perseverancia y alegría. Es necesario tener un vocabulario emocional ilustrado para navegar todas esas etapas.

Además, los estudiantes deben tener una buena relación con sus maestros. Suzanne Dikker de la Universidad de Nueva York ha revelado que cuando las clases son efectivas, la actividad cerebral del estudiante se sincroniza con la del profesor. En las buenas y en las malas, los buenos maestros y los buenos alumnos se regulan entre sí.

El punto fundamental es que una pregunta definitoria para toda escuela o empresa debe ser: ¿qué calidad tienen las relaciones afectivas que entablamos aquí?

Pero piensa en tu propia escuela o compañía. ¿Ahí cuentan con algún método para medir la calidad de las relaciones? ¿Tienen equipos encargados de supervisar la calidad relacional? ¿Saben dónde se cultivan las buenas relaciones y dónde se originan las malas? ¿Cuántas de sus dinámicas de reforma educativa más recientes han girado en torno al establecimiento de vínculos?

Nos enfocamos en las cosas equivocadas porque tenemos una percepción anticuada de cómo funciona el pensamiento.

La buena noticia es que el movimiento a favor del aprendizaje social y emocional está ganando fuerza de manera constante.

A mediados de enero, el Instituto Aspen (donde dirijo un programa) publicó un informe titulado De una nación en riesgo para una nación con esperanza, sobre Estados Unidos. Durante el lanzamiento del reporte, un educador dijo que el aprendizaje social y afectivo no debe tratarse de un agregado al currículo escolar, más bien, puntualizó: “Es la forma de educar”. Por ejemplo, algunas escuelas no otorgan ninguna instrucción académica durante la primera semana. Para empezar, todos simplemente se conocen. Otras escuelas remplazaron a los policías de la entrada por oficiales de seguridad que también pueden fungir como contacto de los alumnos.

Cuando empezamos a pensar así se abre una amplia variedad de posibilidades de cambio. ¿Cómo diseñarías una escuela si quisieras que su base fuera la calidad relacional? De hecho, pensemos también de una vez: ¿cómo diseñarías un congreso?

Cómo gestionar las emociones en redes sociales

“Haz en Internet lo que harías en la vida real” es el mejor consejo que podemos dar a nuestros hijos como nos recuerda Empantallados con estas recomendaciones.

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A la pregunta cómo gestionar las emociones en redes sociales, la respuesta es muy fácil: simplemente haz en Internet lo que harías en la vida real.

Antes de publicar nada en redes sociales o en cualquier otro lugar de la red, debemos aconsejar a nuestros hijos que se hagan siempre la misma pregunta: ¿se lo dirías a la cara a alguien? Es más, ¿te gustaría que te lo dijeran a ti?

A continuación os dejamos unas recomendaciones que pueden ser de gran ayuda, para tener una conversación con tu hijo, sobre cómo gestionar las emociones en redes sociales.

  1. Evita dejarte llevar por el primer impulso. No publiques, comentes o envíes lo primero que se te venga a la cabeza. Da igual lo enfadado o lo contento que estés, si publicas sin pensar puede que luego te arrepientas, y lo que pasa en la red se queda en la red, y en la vida, para siempre. Es recomendable medir tus emociones, tal y como haces en el día a día, procesar los sentimientos, dejar que estos se asienten y después actuar, en este caso publicar.
  2. Cuida las palabras y los emojis, para no generar malentendidos. Ten en cuenta que en las conversaciones online suele desaparecer el lenguaje no verbal, lo que puede llevar a malos entendidos. Un gesto en una conversación en directo te puede ayudar a interpretar muchas cosas, así como el tono de voz. Por ello, trata de escribir de la forma más clara posible y echa mano de los emojis (son sumamente expresivos). Si se trata de algo importante, una llamada o una nota de audio siempre dicen mucho más que un mensaje escrito.
  3. Es imposible gustar a todo el mundo. No se puede gustar a todos en redes sociales, por eso  no te disgustes si alguna vez tienes comentarios negativos u opiniones en contra. No des valor a aquellas opiniones que no la tengan: solo ten en cuenta aquellas que sean constructivas para poder mejorar y avanzar.
  4. Haz “comentarios” sordos a los trolls. Es inevitable toparse con trolls, sobre todo en las redes sociales abiertas, en foros o en los perfiles de personajes públicos. Pero no hay que caer en su juego y entrar al trapo. Tal y como dice el refrán, el mejor desprecio es no hacer aprecio. Lo que ellos pretenden es llamar la atención con sus comentarios abusivos por lo que ignorarlos o denunciarlos es lo mejor que puedes hacer.
  5. El número de likes es solo eso: un número. ¿Te has parado a pensar en la cantidad de información que las personas consumen a diario en redes sociales? Hay veces que una publicación que consideras maravillosa (un texto escrito por ti o la playlist que has hecho con tu música favorita) no tiene la acogida que esperas, en lo que respecta a likes.  Esto puede ser también por los algoritmos con los que funcionan las principales redes sociales, que muestran las publicaciones de forma aleatoria y desconocida.

Y al contrario: a veces hay likes que muchos obtienen, y que solo son por compromiso o porque es muy sencillo dar un like  y que no significan nada…  No todo gira en torno a los likes, así que relájate y disfruta de todo lo bueno que tienen las redes sociales.

Cuidado con lo que expresas con los nuevos emoticonos…

Queremos recomendaros este post de kids and teens online. Las nuevas aplicaciones tecnológicas nos abruman y nos pasan de largo con tanta rapidez que no nos enteramos. Con esta explicación podemos reflexionar una vez más para poder ayudar y formar a nuestros hijos.

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Hace poco que FACEBOOK ha lanzado en España e Irlanda los nuevos botones que acompañarán al famoso ME GUSTA. Se trata de seis emoticonos que reproducen seis emociones: “me encanta”, “me divierte”, “me alegra”, “me asombra”, “me entristece” y “me enfada”.

Las seis interacciones, que denominan “Reactions”, permiten a los usuarios mostrar seis emociones distintas, lo cual mejora considerablemente la comunicación entre los usuarios. Permite, además, obtener un feedback mucho más realista de las reacciones que generan los textos que escribimos o las fotografías que colgamos en la red social. En ese sentido son todo un acierto, sin lugar a dudas.

Pero la importancia de estos emoticonos va mucho más allá… Creo que debemos tratar al menos dos cuestiones importantes derivadas de su uso en Facebook: el impacto que tienen dichos emoticonos en los usuarios, y el volumen y precisión de la información personal que se va a poder almacenar sobre cada usuario que los utilice.

Los emoticonos no son solo caritas que gesticulan, sino que realmente generan emociones en las personas que los reciben. Son una forma de comunicación no-verbal que es perfectamente procesada por nuestro cerebro. De hecho, diversas investigaciones demuestran que reaccionamos a los emoticonos de la misma manera que frente a los rostros humanos. Cuando estos dibujos muestran emociones son procesados por las mismas zonas del cerebro que interpretan los rostros humanos, y pueden afectar a nuestro humor y a nuestras reacciones.

La explicación la encontramos también en las llamadas NEURONAS ESPEJO. Estas neuronas reflejan dentro de nosotros mismos las emociones que percibimos en los demás, y nos hacen revivirlas. Las neuronas espejo analizan constantemente las manifestaciones emocionales de aquellos que nos rodean, y nos llevan a compartirlas. Cuando alguien nos sonríe, normalmente lo primero que surge en nuestro rostro es otra sonrisa.

Y he aquí que esto sucede tanto para lo positivo como para lo negativo (¡!) Las seis interacciones emocionales que nos presenta Facebook nos van a permitir empatizar, pero también nos van a hacer sentir el enfado de otras personas. Se supone que no querían implantar el botón de NO ME GUSTA pues, según decía su presidente: “No queremos que Facebook se transforme en un foro en el que las personas votan a favor o en contra de las publicaciones”. Y, sin embargo, ahora incluyen un botón que va mucho más lejos. El emoticono de “me enfada”, enrojecido por la ira y con el ceño fruncido, transmite una sensación al que lo recibe en una publicación mucho más dura y emocional que un aséptico NO ME GUSTA. Ese “me enfada” es una expresión que implica acción, y no solo una simple manifestación. Desde luego es todo lo contrario a la ASERTIVIDAD que intentamos trabajar con los alumnos/as en los colegios. Hay muchas formas de decir y comunicar las cosas, y la ira no es la mejor. No se trata de no sentirla, pues es inevitable y tiene su función, pero no puede utilizarse como la forma de transmitir a los demás que algo no nos gusta. Si leo algo que NO ME GUSTA en Facebook, o con lo que no estoy de acuerdo: ¿Por qué razón voy a tener que enfadarme? Hay muchas cosas con las que no estoy de acuerdo y no me irritan. ¿Por qué hemos de llevar el desacuerdo al terreno emocional? ¿No podemos pensar diferente y expresarlo sin enfadarnos? Intentando evitar el botón de NO ME GUSTA han hecho algo mucho peor. Si ahora no me gusta lo que alguien publica en Facebook resulta que tengo que enfadarme…

Y, por supuesto, si pinchas sobre el iconito, te aparecen las identidades de las personas que se han enfadado, con su nombre y apellidos. No creo que esto vaya a favorecer mucho el buen ambiente en la red social.

Pero al margen de todo lo anterior, hay otra cuestión muy importante que padres, madres y educadores/as hemos de trabajar con los menores de edad. Además de explicarles que pueden mostrar su desacuerdo sin necesidad de enfadarse, es necesario advertirles sobre la cantidad de información que puede obtenerse sobre ellos observando los sitios en los que colocan dichos emoticonos. Hasta ahora, Facebook solo conocía la información derivada de los ME GUSTA que la gente pone, que ya es mucha información. Ponemos ME GUSTA en el comentario de un político o un periodista determinado, en la foto de una manifestación, y en muchos otros sitios que permiten obtener información muy valiosa sobre cómo somos, qué nos gusta y con qué pensamientos, ideas o creencias nos identificamos. Pero desde ahora, quien utilice inocentemente las nuevas interacciones, va a facilitar muchísima más información. Las situaciones que le entristecen, las que le causan asombro, las que le enfadan, lo que le alegra, lo que le divierte, lo que le encanta, son datos que van a permitir confeccionar un perfil muy detallado sobre su persona.

Cada día es más necesario trabajar con nuestros hijos/as y alumnos/as sobre estos aspectos, facilitar el desarrollo de su sentido crítico, y prepararles para la convivencia en un entorno digital concebido con criterios que no siempre coincidirán con los de las familias o las escuelas.

 

¿Pueden los adolescentes desarrollar sentimientos en Internet?

En Kids and teens online

Muchos adultos se preguntan si los sentimientos que parecen desarrollar sus hijos adolescentes relacionándose a través de internet son reales. Es decir: si los conflictos que pueden tener son relevantes, si las amistades que desarrollan son sinceras, o si pueden sus hijos enamorarse a través de internet ¿?

Pero esta pregunta, que así formulada es motivo de debate en distintos entornos, está mal planteada y dificulta la comprensión sobre lo que realmente sucede. Es más, si la formuláramos correctamente, la cuestión se resolvería casi por sí sola.

La pregunta que debiera plantearse es tan sencilla y directa como la siguiente: ¿dos personas pueden llegar a desarrollar sentimientos la una hacia la otra? Sentimientos de afecto, amor, rechazo u odio, por ejemplo. Evidentemente SÍ. Pues ya tenemos la respuesta.

Internet, los cables, las ondas, el teclado, no son más que medios implicados en la transmisión de las palabras o imágenes. Como sucede con las cartas que durante siglos se han intercambiado familiares, amigos y enamorados de todos los tiempos. ¿Acaso la celulosa de las cartas es un transmisor de amor? Nadie se ha planteado esto nunca. Sencillamente el papel es sólo un medio que utilizamos para intercambiar palabras, en el caso que nos ocupa.

Los sentimientos se producen dentro de las personas. Lo que nosotros sentimos no existe fuera de nosotros, y no se puede propagar por el aire, las ondas o los cables. Así mismo, tenemos capacidad para generar sentimientos y emociones en otras personas, que los desarrollarán también dentro de ellas mismas.

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