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“Padres fuertes, hijas felices” experiencias de una consejera familiar

  • “Les digo un secreto: las hijas hasta presumen de que sus padres les marcan límites”
  • Ellas son distintas de los hijos; necesitan saber que  papá está cerca y al  pendiente
  • Señoras, no le roben al marido el espacio que le corresponde en la familia

A los 18 años Ainsley se marchó de casa para estudiar en una prestigiosa universidad americana. Durante el primer curso todo marchó sobre ruedas: hizo muchas amigas y sacó buenas calificaciones. Pero luego la cosa se torció. Empezó a  beber demasiado, dejó de asistir a clase y al final fue expulsada de la universidad.

Al regresar a casa, su madre se mostró inflexible. “Te has comportado estúpidamente, le dijo. Has arrojado tu futuro por la ventana. Has avergonzado a tu familia”. En mitad de la bronca, su padre se acercó a Aisnley y le dijo al oído: “¿Te encuentras bien, hija?. Ella se echó a llorar”.

“No se puede imaginar cómo me afectó aquello, le explica Ainsley a la doctora Meg Meeker. Eso pasó hace treinta años, pero el amor que siento por mi padre en este momento es algo tan fresco y tan reciente como lo fue entonces… supe que era a mí y no a los logros que pudiera alcanzar a quien realmente amaba”.

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Espontaneidad, sí. Impertinencia, no.

Por Victoria Cardona

“Nuestra mayor gloria no consiste en no caer nunca, sino en levantarnos cada vez que caemos”

Oliver Goldsmith

Enseñemos a nuestros hijos adolescentes a dominar sus enfados cuando no obtienen lo que quieren inmediatamente. Conozco muchos matrimonios que acostumbran a ser austeros con sus hijos, aunque tienen medios económicos para adquirir de inmediato lo que deseen, pero les hacen esperar hasta su aniversario o su santo para concederles el regalo que piden. Y aunque pongan mala cara no ceden a sus caprichos.

Un defecto de los adolescentes de hoy es que exteriorizan con más enfado – por no decir impertinencia – sus deseos. Muchos padres rieron esta gracia de la espontaneidad con demasiada frecuencia cuando estos adolescentes eran pequeños. En algunos aspectos esta espontaneidad es correcta ya que si lo comparamos en épocas anteriores y, si somos positivos, podemos decir que nos tienen más confianza.

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Llevar la mochila del niño

Por Oswaldo Pulgar Perez

Coincidí con la salida de los alumnos de un colegio cercano. A muchos los venían a buscar sus padres en coche. Otros -quizá porque vivían cerca-, se iban a pie con la mamá que vino a recogerlos o con la canguro o el abuelo.

Me fijé que un niño iba muy cómodo tomándose un helado, mientras que la mamá/papá, canguro, o el abuelo, llevaban sobre su espalda la mochila, pues el nene estaría cansado después de un día agobiante de labor.

ninos con mochila

Los padres piensan que como ellos sufrieron mucho, ahora a sus hijos hay que tratarlos como reyes. Craso error. Es más importante educar la voluntad que ilustrar la inteligencia.

La voluntad se educa fomentando hábitos: de orden, de puntualidad, de obediencia, de cariño, de servicio a los demás. El carácter no se fragua en el facilismo. Más bien se malogra con él. El niño debe aprender a no eludir el esfuerzo que supone conseguir metas valiosas.

Les hacemos daño al evitarles cualquier sufrimiento. Aprenderán más cuando se equivocan que cuando todo les sale bien. Tampoco hay que complacer todos sus caprichos. Pensamos que se traumatizan y los hacemos flojos y esclavos de la comodidad. El consumismo en las diversiones con el apoyo de la informática, les va sembrando hábitos inconvenientes y un deseo insaciable de gozar que los hace egoístas, egocéntricos y carentes de iniciativa.

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La Próxima generación, su exigencia empieza en la nuestra.

Por Juan Gratacós

Solamente hace falta salir de nuestro país, darse un paseo por Asia y darse cuenta que día que pasa, si no ponemos remedio, nuestra futura generación, nuestros hijos, van a tener un panorama desolador dentro de nuestras fronteras.

Estamos haciendo desaparecer por nuestra incapacidad, desidia, comodidad o llamémosle como queramos, una cultura del esfuerzo, fundamental para hacer que nuestros hijos se realicen como personas para la superación de obstáculos y dificultades.

Eliminando estos retos  en las vidas de nuestros hijos, estamos labrando la semilla de su infelicidad. Necesitamos volver a términos en desuso como sacrificio, laboriosidad, esfuerzo, despego, reciedumbre,  sobriedad,… solo así valorarán y valoraremos  todo aquello por lo que de verdad vale la pena luchar.

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