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Como padres de familia, debemos influir en la sociedad y en la política

Por Jordi Pujol i Soley  (ex presidente de la Generalitat de Catalunya)

Juan Gratacós me vino a ver, ya hace tiempo. Prácticamente yo no lo conocía, aunque casualmente un día caminando por Serrat, un pueblo muy pequeño agregado en Queralbs a través de un portal abierto vi un grupo de gente en una era. Eran unos cuantos matrimonios jóvenes, o bastante jóvenes, con muchas criaturas. Por curiosidad entré, y allí conocí a Juan Gratacós y su mujer Lorela. Y unos cuantos hijos, no recuerdo cuántos. No menos de cinco, si mal no recuerdo.

Luego resultó que mi mujer Marta y mi hija Mireia sí conocían a Lorela. Y me explicaron quienes eran toda aquella gente. De una manera muy positiva. Pero de todos modos yo con un vistazo ya me había dado cuenta de que aquellas familias, reunidas en la era de aquella masía de Serrat eran buena gente.

Poco después Juan Gratacós me vino a ver a mi despacho. Y me habló del Sindicato de Padres. Y me explicó qué era. Qué pretendían. Y me interesó lo suficiente para que aceptara hacer un comentario sobre el Sindicato. Que es lo que ahora hago.

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Me parece que el Sindicato tiene dos objetivos, o dos campos de acción. Para empezar, la escuela. Sé que al respecto tienen ideas claras y precisas, y que han hecho una opción que en este campo les da garantías. Y eso ya es mucho, porque la escuela es un factor clave de progreso en la promoción del conocimiento, pero también en la de los valores y las actitudes y en la formación del carácter. Pero la vida y la formación no se desarrollan sólo en la escuela. La desbordan.

En primer lugar a través de la familia. En esto  tienen las cosas bien enfocadas. Basta recordar la era de Serrat, con tantos padres y madres, e hijos e hijas, pequeños y no tan pequeños, grandes o casi grandes, y el ambiente familiar, alegre y a la vez ordenado que se respiraba para entender que son familias responsables y muy abocadas a una relación y a una convivencia positivas.

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Enseñanza distorsionada

Por ‘Prof. Dr. Ricardo Sánchez Recio – Especialista en Educación sexual.

“Los hijos son nuestro gran tesoro que debemos cuidar y proteger de toda vivencia egoísta, hedonista y narcisista del sexo, degradante y no saludable”.

Todos sabemos que son los padres quienes tienen el derecho y el deber de brindar la educación sexual a sus hijos, conforme a su escala de valores familiares y al orden de la misma naturaleza humana. Y estamos de acuerdo en que la escuela debe colaborar subsidiariamente con la obra educativa de los padres, perfeccionándola en lo que sea necesario, situándose en el espíritu mismo que anima a los padres. Por lo tanto, es necesario que los padres estén bien informados de qué tipo de contenidos y metodología educativa se está implementando con sus hijos, qué clase de educación sexual se brinda o pretende brindar en las escuelas.

Lamentablemente, cada vez toma más auge una educación sexual de tipo materialista y hedonista, donde la siguiente ecuación: “sexualidad humana = sexualidad animal = genitalidad”, reduce el amor a la función biológica, al erotismo, al placer por el placer, al “si te gusta, hazlo”, descartando que la sexualidad afecta y compromete a toda la persona de manera integral. De esta forma, poco a poco se van justificando comportamientos considerados hasta no hace mucho tiempo como desordenados o desviados. En efecto, la ideología de género hoy vigente en la Leer más