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Que importante es este tema: la lectura. Este es un tema en el los padres podemos hacer mucho. Además determina la capacidad de aprender de nuestros hijos. Os dejamos estos consejos de la web Gestionando Hijos y…manos a la obra!

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Que nuestros hijos lean y disfruten de la lectura es un objetivo compartido por muchos de nosotros. Jaume Centelles, maestro autor del blog La invitación a la lectura, nos da una serie de pautas para hacer realidad sus palabras: “para volar, los niños tienen cuentos”. Y con recursos de Eduforics, hablamos de otra de las facetas de la pasión por la lectura y la literatura: el convertirnos en contadores de historias.

¿Qué podemos hacer para transmitir amor por la lectura en nuestros hijos? Jaume lo tiene claro: El niño aprende por imitación y si ve a sus padres leyendo, ahí estás dando ya muchos puntos para que sea lector”. Ir a la biblioteca, ordenar su rincón de lectura o regalar libros son otras de las ideas para conseguirlo. Y Jaume nos recomienda, sobre todo, “incluir la lectura como hábito, que nos explique qué lee, estar encima para que deje de ser un leedor y se convierta en un lector. Hace falta ver que en casa se valora la lectura”.

Sin embargo, cuando Jaume nos contó qué es lo que le convirtió en un lector, nos reveló que el factor más importante no fue que sus padres le compraran libros o leyeran con él, sino que fue mi abuelo, una persona iletrada que nunca había hecho un cursillo de cómo contar cuentos, me contaba historias maravillosas que me hacían imaginar, vivir otras vidas, otros personajes”. Es decir, que la pasión por contar historias también nos puede contagiar la pasión de leerlas y que si contamos historias con nuestros hijos podemos transmitir las ganas de viajar con su imaginación a lomos de historias contadas o leídas. Y en este sentido, cabe recordar, como nos dicen en Eduforics, que “todo el mundo tiene algo que contar”. La creación de relatos digitales personales se ha revelado como una estrategia de aprendizaje, porque el relato “da a sus autores la oportunidad de convertirse en productores de conocimiento y no sólo en consumidores de información, tal como se espera hoy en día en el alumnado”.  La creación de relatos promueve también la educación emocional (la empatía, la identificación de emociones), “la reflexión que conduce al aprendizaje profundo; el compromiso del estudiante con la actividad; el aprendizaje basado en proyectos personales y creativos; y la integración efectiva de las tecnologías y medios digitales dentro del proceso educativo”, como nos dicen en Eduforics. No son pocas competencias las que aprendemos contando historias y tienen mucho que ver con las cosas que aprendemos con la lectura.

Sin embargo, como nos recuerda Centelles, hay lecturas buenas o malas, igual que podemos crear relatos buenos o malos. Nos dice Centelles que deberíamos huir de “lecturas fáciles, porque no te provocan. Recomiendo que sea una literatura exigente, potente, que no sea una lectura fácil. Necesitas un libro que cuando lo termines digas: “Ahora soy otra persona, este libro o esta historia me ha golpeado”.

Del mismo modo, si queremos fomentar con nuestros hijos el amor por la lectura mediante la invención de relatos (con recursos digitales, como los que nos recomienda Eduforics, o con herramientas como los conocidos Story Cubes o con relatos encadenados), es muy importante garantizar la calidad de los mismos, en el que la reflexión, la emoción y la creatividad estén presentes. Porque también contando historias con mamá y papá, un niño o niña se puede enamorar de la literatura.

El Principito: “Lo esencial es invisible a los ojos

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Nos parece interesante  recomendar este post de Mundo de Mamá que nos habla de “El Principito” de Saint-Exupéry, un libro que puedo lograr impulsar el gusto por la lectura en los niños.

“No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.” y mientras decía esto volteé a ver a mi hija de 6 años, con su rostro iluminado por el reflejo de la pantalla grande, sus ojos grandes y brillantes, sentada a la orilla de la butaca junto a una de sus mejores amigas y completamente abstraída por el diálogo y la película; mientras tanto, yo convertía en realidad uno de esos momentos que siempre soñé cuando ni siquiera era mamá: llevar a mis hijas juntas al cine.

“No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.” y mientras decía esto volteé a ver a mi hija de 6 años, con su rostro iluminado por el reflejo de la pantalla grande, sus ojos grandes y brillantes, sentada a la orilla de la butaca junto a una de sus mejores amigas y completamente abstraída por el diálogo y la película; mientras tanto, yo convertía en realidad uno de esos momentos que siempre soñé cuando ni siquiera era mamá: llevar a mis hijas juntas al cine.

Fuimos a ver el “remake” del libro El Principito, salida por partida doble pues era la primera vez que llevábamos a mi hija pequeña al cine y que mi hija mayor invitaba a una de sus mejores amigas a pasar una tarde de sábado con nuestra familia.

De niña nunca me emocionó leer libros, seguramente en el colegio nunca pasé de la mitad de muchos pero a través de mis hijas he aprendido a leer de nuevo y descubrir la magia de la lectura; desperté tantos sentimientos en mí y El Principito, que hace un tiempo se convirtió en mi libro favorito. Haberlo representado en cine y de una forma bastante apegada al libro original, hizo que muchos niños también despertaran el interés en este clásico que por si no sabían, es el libro de género literario de tipo novela infantil, más veces traducido en el mundo.

“Sólo se conocen las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!”

La amistad, un valor tan difícil de encontrar, cuidar y conservar. La película gira entorno a una pequeña niña de también 6 años de edad, igual que mi hija mayor, quien descubre a través de su vecino el verdadero sentido de permanecer con alma de niños y mantenernos lo más distante posible a la vida monótonamente rutinaria y despierta la empatía junto a la capacidad de asombro en nuestra vida. Tanto qué reflexionar, tanto que hasta a mi hija de 6 años la hizo llorar un par de veces y cuestionarse acerca del vacío existencial que una persona te deja cuando se va, cuando tienes un mejor amigo, cuando inviertes tu tiempo en las personas o los momentos y no en las cosas.

Tantas lecciones dentro de un libro tan pequeño: la verdadera amistad, la calidad de tiempo,  las relaciones, la vanidad, la empatía, la nobleza… Un libro inspirado en nuestro terruño: Guatemala. Cuentan que cuando lo creó su autor -el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry (1900–1944)-, fue inspirado aquí en nuestra patria, que él iba rumbo a la tierra de su prometida en El Salvador, y que tuvo que hacer una parada por Guatemala porque su avión venía fallando, al aterrizar tuvo un accidente que lo llevó a convalecer en Antigua Guatemala, ciudad que lo inspiró para escribir acerca del Asteroide B612: tres volcanes, uno de ellos inactivo -el de Agua-, árboles que crecen enormemente creando catástrofes -la Ceiba- y su inspiradora rosa, como las que se cultivan en nuestra tierra fría de Sacatepéquez. Una serpiente que se traga un mamut, inspirada en el Cerro de Oro de Atitlán.

Un libro enriquecedor, clásico, necesario, indispensable en la cultura general de un niño y la familia, porque la lectura y la fantasía que viene con éstos se hereda por tradición de papás a hijos. Si prefieren el cine, vean la película pero no dejen de conocer un libro que como a mí, puede que les cambie el gusto por la lectura, o incluso la forma de ver o vivir la vida.