Entradas

Si te atreves a pensar, serás diferente

Por Sara Pérez-Tomé

Actualmente, el ejercicio de dedicarse a pensar es un lujo no muy bien visto

y que parece que no nos lo podemos

o no nos lo debiéramos permitir.

Una gran ventaja de pensar en tiempos de crisis es que

” Pensar además es gratis”

Otra ventaja  es que el  pensar es la única vacuna contra la gran epidemia mundial del

“pensamiento único”

¡¡¡ Enfermedad mundial altamente contagiosa entre los cerebros vacíos de contenido científico

y con falta de sensibilidad e interés intelectual!!!

y de la que se benefician unos laboratorios llamados

“multinacionales  y sistemas del consumo humano”

Organizaciones que se instalan  muy  fácilmente a nuestra  tarjeta de crédito y nos dan facilidades de consumo a través de nuestra cabeza cuerpo y corazón con las modas y tendencias que en gran medida   nos  condicionan nuestro pensamiento a través de nuestra forma de vida y de consumo.

A estos grandes gurús del Orden Mundial,  el pensamiento único una vez  generalizado,  les ahorra mucho trabajo y esfuerzo, facilitándoles el negocio…

Como es difícil combatir estas macro- estructuras, no nos engañemos, debemos obligarnos y obligar a nuestros hijos a pensar y repensar… cada vez que recibamos información y/o  cada vez que tengamos que tomar una decisión tenemos que conseguir educar nuestro  cerebro y corazón.

Si conseguimos adquirir el hábito de pensar y reflexionar antes de actuar,  pero  con espíritu crítico y reparador, descubriremos que todo son ventajas porque :

Cuando uno piensa, se sorprende a si  mismo de  hasta donde es capaz de llegar a entenderse mas y mejor con los demás.

Si piensas y reflexionas lo normal será que entiendas y  comprendas mejor a tu marido/mujer o a u hijo/a y a todos los que te rodean.

Leer más

¡Feliz Año Joven!

Todo el mundo sabe que la libertad humana no consiste en la carencia de vínculos, sino en la calidad de esos vínculos y en la energía y determinación para abrazarse a ellos.

En conversación reciente salió el tema de cómo son los estímulos que reciben hoy las chicas y los chicos. Un comentario repetido fue que la escuela, la universidad, los medios de comunicación, la misma familia, motiva el éxito individual, el relumbrón, el beneficio material inmediato de nuestros jóvenes… Y, después, viene la frustración de la cruda realidad: mercado laboral deprimente, en todos los sentidos.

Con muy buenas palabras -“¡sin levantarles la voz, por favor!”, nos dicen-, les explicamos muchas, muchísimas cosas a nuestros jóvenes -¡de forma unidireccional las más de las veces!-  ignorando todos que la amabilidad no puede substituir a la verdad ni a la justicia. Siempre adulamos, seducimos, toleramos e imitamos a los jóvenes, pero pocas veces les exigimos. Y así, les defraudamos, les quitamos la responsabilidad, no les ayudamos.

Hemos de provocar en ellos cierta voluntad de aventura, de riesgo, sin que todo esté perfectamente controlado. Para eso, hemos de educar en verdad y en responsabilidad. Llamando a las cosas por su nombre, incluso cuando no seamos del todo ejemplares nosotros mismos.

Leer más

¡No hay suficientes padres “malos”!

Por Oswaldo Pulgar Pérez

Uno de los grandes retos de la educación en la familia es la comunicación con los hijos: hablar de lo que a ellos le interesa, dar ejemplo y no tener miedo a influir positivamente en sus vidas. Esto, no es fácil, pero sí necesario. Para eso, hay que entender bien la libertad.

A veces pensamos que ser libre es poder escoger entre varias opciones y eso no es del todo cierto. Más importante es ser dueños de nosotros mismos y orientarnos hacia lo bueno porque nos da la gana.

¿Qué beneficio nos reporta escoger el mal? Ninguno. Eso no puede llamarse libertad. Por eso, es clave formar a los hijos para que sepan invertir su libertad. Es más cómodo decidir por ellos, pero entonces no los estaremos formando.

Se educa más con lo que los hijos ven y experimentan en el hogar -un ambiente de alegría, de cariño y de confianza-, que con muchos sermones. Por eso, más que informar, hay que contagiar el amor a la verdad, que es la clave de la auténtica libertad.

Quizá alguna vez debamos acudir a premios y castigos, pero sobre todo hay que hablar de la bondad o maldad de los actos y del tipo de vida que configuran. Así, los hijos descubrirán el vínculo indisoluble entre libertad y responsabilidad.

Hay que sacar tiempo para estar juntos, escucharles a solas a cada uno, adelantarse para hablar de los temas centrales de la existencia: el origen de la vida, las crisis de la adolescencia, el noviazgo y el matrimonio. Sería una educación muy pobre la que se limitara a dar información, cuando lo que más necesitan son criterios de conducta.

Leer más