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Los nuevos llaneros solitarios

Por Angeles Montuenga


Hasta que esta crisis se ha hecho presente, todos en cierto modo nos hemos creído que el estado del bienestar era posible. Hemos construido un modo de vivir sobre la falacia de la sobreprotección.Todo parecía estar previsto y controlado. Una maquinaria moderna, precisa, no programada para trabarse.

La situación actual nos ha sacudido del sueño de tal ingenuidad y nos está obligando a  crecer.

A  empezar a tomar  decisiones distintas , a imaginar, a replantear, a saltar al vacío del mundo de lo no conocido:  la precariedad, la incertidumbre, el miedo,  el paro y tal vez a la aventura de la solidaridad y la acogida. …. Nos está obligando a ser valientes.

El valiente es  el que sabe vivir en soledad, alejado de lo que hace todo el mundo.

El valiente es quien sabe ir contracorriente, el que elabora ideas propias, el que se atreve a pensar, el que envía curriculums de un amigo a su lista de contactos, el que se moja , el que pasa por alto el penoso sentido del ridículo y monta un negocio de extracción de piojos. Valiente es el que vende su piso a través de participaciones de 70 euros para sortearlo ante notario. Es quien renegocia sus deudas y da la cara. Es quien pide un favor y hace favores. Es quien no se deja achantar por los pesimistas o los huelguistas.

Valiente es el que se arriesga y fracasa … El que aprende, vuelve a intentarlo y triunfa…O no.

Es quien lucha sin descanso y muere con las botas puestas. Como una nueva conquista del oeste, con protagonista más joven. Jonny Deep en lugar de Jonh Wayne.

Es bueno que nuestros hijos nos vean convivir con las sombras, límites y fracasos. Sólo el café es descafeinado y siempre saber peor.. La vida no se puede filtrar sin engaño.

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¿Para qué educar?

Por: Montserrat Rutllan

Educamos con los contenidos que hemos desarrollado hasta ahora, con un propósito claro y definido: hacer de nuestros hijos ciudadanos del futuro, libres, responsables, y con el máximo índice  de salud física, mental y moral según sus posibilidades. Para que nuestros hijos conozcan el porqué de sus vidas, hemos de enseñarles a pararse, pensar, contemplar y ver si el sistema de vida que muchas veces el entorno propone, se adecua a lo que ellos quieren o es un magma confuso.

Este tipo de enseñanza que mencionamos ha de darse, fundamentalmente, en los primeros años de vida, en dos ámbitos preferentes: familia y escuela.

Miró y  Ardévol en 1997, comentaba en un artículo titulado “Quiere usted vivir bien” que “ el proceso de maduración, de formación de la personalidad y de encontrar un sentido real de la vida, es imposible sin la familia, pero también sin el maestro, el pedagogo, el  “sensei” que es el acompañante del alumno que le va desbrozando el camino, le señala la ruta a seguir y le da el sentido, que son los valores.  Para educar es necesario tener valores compartidos de carácter fuerte, porque son  los valores los que nos dicen qué es necesario y bueno, y la relación y jerarquía entre ellos. Sin valores fuertes, la violencia de nuestras escuelas y barrios crecerá. No sabremos explicar a nuestros hijos porqué un camino es mejor que otro. No podremos darles, en la escuela, un horizonte común de sentido. Y los maestros, estas personas formidables, dejarán de abrir camino para transformarse en policías. En el fondo, lo que digo es sencillo y realista – y además barato – aunque difícil de aceptar por motivos ideológicos: aunque usted no crea en Dios, lo mejor para los demás y para sí mismo, es actuar como si creyera. Aceptar y practicar los valores humanos derivados de esa creencia. Vivir la buena vida”.

En el mismo sentido se expresaba López Burniol en un artículo reciente.

¿Cómo educar?

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Nuevo curso: gestionar la incertidumbre

Por Emili Avilés

Seguro que estaremos todos al cabo de la calle del otoño caliente que se nos viene encima.

Seguro que ya hace semanas que constatamos que algo ha cambiado en las maneras de proceder a la hora de tomar decisiones de la gente en general  y, muy especialmente, de políticos y personalidades públicas en particular.

En estas circunstancias, pienso que para gestionar la incertidumbre socioeconómica que vivimos hay algo por lo que es imprescindible pasar, y deberíamos hacer de la necesidad virtud: arremangarse sin complejos ni prejuicios para trabajar, codo con codo con muy diversos colegas, en la resolución de problemas.

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creatividad, optimismo, generosidad

Para eso, en el cambiante mundo laboral hay tres asuntos que cada persona ha de poder presentar como destacados: la creatividad, la determinación y la integridad. Entonces, sea cual sea nuestra tarea, incluso el trabajo de buscar trabajo, podremos revalorizar nuestra posición y formar parte del mejor equipo posible, incluso con limitaciones.

Lejos del voluntarismo, la gratificación personal o cambiantes motivaciones afectivas, igual que debería ocurrir en la vida privada y social, hemos de tener claros los objetivos, claras las prioridades y ser fieles a unos principios que valgan la pena. Como me decía un queridísimo profesor, me encanta enseñar, no quiero estar en otra parte.

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