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Como padres de familia, debemos influir en la sociedad y en la política

Por Jordi Pujol i Soley  (ex presidente de la Generalitat de Catalunya)

Juan Gratacós me vino a ver, ya hace tiempo. Prácticamente yo no lo conocía, aunque casualmente un día caminando por Serrat, un pueblo muy pequeño agregado en Queralbs a través de un portal abierto vi un grupo de gente en una era. Eran unos cuantos matrimonios jóvenes, o bastante jóvenes, con muchas criaturas. Por curiosidad entré, y allí conocí a Juan Gratacós y su mujer Lorela. Y unos cuantos hijos, no recuerdo cuántos. No menos de cinco, si mal no recuerdo.

Luego resultó que mi mujer Marta y mi hija Mireia sí conocían a Lorela. Y me explicaron quienes eran toda aquella gente. De una manera muy positiva. Pero de todos modos yo con un vistazo ya me había dado cuenta de que aquellas familias, reunidas en la era de aquella masía de Serrat eran buena gente.

Poco después Juan Gratacós me vino a ver a mi despacho. Y me habló del Sindicato de Padres. Y me explicó qué era. Qué pretendían. Y me interesó lo suficiente para que aceptara hacer un comentario sobre el Sindicato. Que es lo que ahora hago.

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Me parece que el Sindicato tiene dos objetivos, o dos campos de acción. Para empezar, la escuela. Sé que al respecto tienen ideas claras y precisas, y que han hecho una opción que en este campo les da garantías. Y eso ya es mucho, porque la escuela es un factor clave de progreso en la promoción del conocimiento, pero también en la de los valores y las actitudes y en la formación del carácter. Pero la vida y la formación no se desarrollan sólo en la escuela. La desbordan.

En primer lugar a través de la familia. En esto  tienen las cosas bien enfocadas. Basta recordar la era de Serrat, con tantos padres y madres, e hijos e hijas, pequeños y no tan pequeños, grandes o casi grandes, y el ambiente familiar, alegre y a la vez ordenado que se respiraba para entender que son familias responsables y muy abocadas a una relación y a una convivencia positivas.

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Un político ejemplar

Por Alejandro Navas

Nuestro político destaca por la nobleza de sus sentimientos y la dignidad de su porte externo. Habla de modo pausado y nunca pierde la serenidad. Afable y conciliador, nada hay en él que sea vulgar.

Al llegar a la jefatura del Gobierno, renunció a casi toda vida social; apenas se le vio en fiestas ni en celebraciones. Hizo una excepción con la boda de su primo NN: asistió a la ceremonia religiosa, pero no se quedó al banquete.

Pasó quince años al frente del Estado, y en ningún momento sucumbió a las tentaciones de la corrupción. En su vida privada adoptó un tono extremadamente austero, lo que provocó más de una queja de su mujer, de sus hijos y de otros parientes. A la vez, dedicaba una considerable cantidad de dinero al socorro de los indigentes. Su reputación era intachable, por lo que ni siquiera tuvo que rechazar propuestas de soborno: los eventuales sobornadores ni lo intentaban, conscientes de la inutilidad de sus pretensiones. Leer más