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Los terribles efectos de las pantallas sobre los niños

Queremos compartir este artículo de Enrique Dans porque somos conscientes de la confusión que existe alrededor de este tema. Se presiona a las familias con artículos en los que se alerta de las adicciones que existen al móvil por parte de adolescentes. Creemos que hay que ser prudentes con este tema en un mundo que se dirige inexorablemente a la digitalización y a la tecnología. No podemos demonizar su aprendizaje y su uso. Como siempre, lo que pasa es que debemos educarlos, supervisarlos y acompañarlos en este aprendizaje.

 

kid-and-screen¿Recuerdas todos esos titulares y recomendaciones sobre unos supuestos peligrosísimos efectos del tiempo de uso de pantallas sobre los niños, unidas a una serie de severas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y a directrices para la futura regulación sobre el tema? Pues resulta que estaban basadas en estudios mal hechos, y que las correlaciones que apuntan no son ciertas.

Como lo oyes. No es cierto que las pantallas sean malas para el desarrollo del cerebro de nadie. No son tóxicas. Por supuesto, un uso descontrolado o absurdamente elevado será malo como es malo el exceso de cualquier cosa, pero la demonización de los dispositivos y del tiempo de uso es, sencillamente, injustificada. Un meta-estudio recientemente publicado en Nature viene a demostrar que los análisis previos estaban mal hechos, repletos de falsos positivos y de resultados erróneos, y simplemente fueron publicados porque sus incorrectas conclusiones eran algo que muchos querían creer. Son estudios cuyos autores han torturado los datos hasta conseguir que mostrasen unas correlaciones que, en realidad, no estaban ahí, no existían. La relación entre tiempo de uso de dispositivos y el bienestar de los jóvenes es insignificante, y por supuesto, sería absurdo basar políticas o recomendaciones de ningún tipo basadas en esas conclusiones.

Seamos razonables: el uso de dispositivos por parte de los niños será malo si ello evita que hagan otras cosas saludables, como jugar con otros niños, socializar, jugar a otras cosas o si se convierte en algo que interfiere con sus relaciones sociales. Si tu hijo juega a todas horas o no suelta el teléfono ni cuando estáis en la mesa, no tiene un problema de adicción: tiene un problema de educación, y el responsable de ese problema no el dispositivo, sino la persona que no está educando a ese niño.

Escudarse en que “los dispositivos son adictivos” o en que “las empresas los hacen demasiado atractivos” es una mala excusa. Puedes dejar que tus hijos jueguen con sus dispositivos mientras lo hagas con un cierto sentido común: ni uses los dispositivos para “desconectar” o “apagar” a tus hijos cuando te molestan, no permitas que se vuelvan zombies agarrados todo el rato a la pantalla, ni que dejen de hacer otras cosas, sean jugar, dormir o estudiar, por pasar más tiempo delante del dispositivo. Pero para eso no necesitas ningún estudio, necesitas simplemente usar mínimamente el cerebro. Los dispositivos, en realidad, son como cualquier otra cosa: nunca deberías dejar a tus hijos que hiciesen nada de manera obsesiva, fuese jugar a la pelota, comer compulsivamente o morderse las uñas. En realidad, que tus hijos sean muy buenos jugando al Fortnite o al juego de moda que sea puede incluso, como muchos padres han descubierto, llegar a ayudarles en sus procesos de socialización, además de servir como preparación para un futuro en el que, no lo dudes, van a estar rodeados de dispositivos, se dediquen prácticamente a lo que se dediquen.

El miedo a los “terribles efectos” de cualquier cosa nueva es habitual en todos los procesos de adopción tecnológica, y en este caso coincide con algo que, desgraciadamente, muchos “querían creer”. Pero la realidad, la de verdad, la que sí puede demostrar la ciencia, es que el uso de dispositivos en unas circunstancias normales no genera ningún problema significativo, no reclama ningún tipo de medidas de protección más allá de las que dicta el sentido común, y no es responsable de ninguno de los problemas como obesidad, ansiedad o depresiones con los que muchos pretendían relacionarlo. Por supuesto eres libre de creer lo que quieras… pero que sepas que la ciencia, simplemente, no avala esas conclusiones.

Ah, y si para que se te pase el disgusto quieres hacerte una cura de desintoxicación digital, pues tú mismo… pero tampoco sirven para absolutamente nada.


This article was also published in English on Forbes, “Guess what? It turns out smartphones aren’t a danger to our children’s health

DECÁLOGO PARA LOS GRUPOS DE WHATSAPP DE PADRES DEL COLEGIO

grupo de manos con bocadillos de la conversación

Nos parece interesante compartir con vosotros este post de Kids and Teens online. Los grupos de WhatsApp son muy útiles pero también pueden llegar a ser una pesadilla. Unas recomendaciones de uso siempre vienen bien.

En la práctica totalidad de los colegios los padres crean grupos de WhatsApp en cada curso, con el objetivo de disponer de un canal de comunicación ágil y mantenerse informados sobre novedades e imprevistos. Formados mayoritariamente por madres, son un medio muy eficaz para distribuir una información importante en cuestión de minutos, o plantear una cuestión que afecte a todos.

Los problemas surgen cuando algunas familias hacen un uso inapropiado que puede derivar en distintos problemas, como sucede en no pocas ocasiones. Citaré solo tres de las situaciones más frecuentes que se plantean en las sesiones de trabajo que realizamos con padres y madres:

  • Bombardeo constante de mensajes sobre cuestiones poco relevantes o que solo afectan a algunos alumnos. Muchos padres se quejan de que al abrir los mensajes del grupo pueden encontrarse en ocasiones con 200 ó 300 mensajes sobre temas que van desde: “¿alguien ha cogido por error la bufanda de mi hijo..? Tiene sus iniciales en una esquina”, hasta: “¿las cartulinas que hay que llevar para mañana pueden ser de cualquier color…?” En el primer caso se repiten a continuación docenas de mensajes del tipo: “Yo no”, “Yo tampoco”, “Yo aún no he llegado a casa, luego te lo miro”, “a mí me pasó el viernes, así que si alguien la ha encontrado…”, “¿Has preguntado en conserjería? Yo he visto alguna por ahí…”, etc, etc…
  • Volcado de información personal o delicada sobre alumnos. En ocasiones estos grupos son utilizados por padres para quejarse sobre el comportamiento de algún alumno en particular, preguntando si a los demás padres les ha sucedido algo parecido. Por ejemplo frases como: “hoy mi hija ha llegado otra vez llorando… no sé si somos los únicos, pero creo que Fulanito tiene la mano demasiado larga..” En otros casos se mencionan nombres al hablar sobre piojos en el colegio, o se facilita el teléfono o correo de una familia que no está en el grupo, o se manda a todos las fotos que alguien hizo en la pasada excursión, sin previa autorización de los padres de los demás niños.
  • Ataques hacia profesores o hacia el colegio. No es poco frecuente que algunos de estos grupos se utilicen para poner en común quejas, acusaciones o juicios de valor sobre personal del centro educativo, produciéndose en ocasiones verdaderos linchamientos virtuales, en lugar de utilizar los canales adecuados ya establecidos para cada situación.

Ante situaciones similares hay madres y padres que optan por salirse de los grupos, lo cual suele sentar bastante mal a los que se quedan cuando aparece el clásico mensajito: ”Menganita ha salido del grupo”.

Lo cierto es que los adultos tampoco hemos recibido formación sobre cómo utilizar correctamente los medios que la tecnología pone a nuestro alcance, y vamos improvisando y aprendiendo sobre la marcha. Además, la comunicación digital difiere de otras formas a las que estamos más acostumbrados, y aun actuando con la mejor voluntad podemos equivocarnos. Es fácil mandar un mensaje poco acertado, molestar u ofender a otros, o simplemente no transmitir lo que queríamos transmitir.

Por esta razón vamos a plantear una serie de 15 recomendaciones y un DECÁLOGO que padres y madres debieran tener en cuenta, para lograr que las relaciones y conversaciones establecidas a través de estos grupos sean lo más satisfactorias y efectivas posible:

  • No debemos añadir participantes a un grupo sin consultarles primero. Hay personas que por distintas motivaciones pueden no querer estar en grupos de WhatsApp sobre este u otros temas. Si les añadimos y no quieren estar, les obligamos a salir dejando tras de sí la desagradable frase de “Fulanito ha salido del grupo”. Además, estamos facilitando su número de teléfono sin autorización previa a todos los demás miembros del grupo.
  • Es poco prudente añadir a personas que no son padres, madres o familiares responsables del niño/a. Algunos usuarios añaden a personas que trabajan para ellos de forma temporal, y que pueden no estar mucho tiempo en contacto con la familia. Quien hace esto provoca que todos los demás usuarios tengan acceso al teléfono privado de un trabajador, y además muestran los teléfonos de las demás familias a dicho trabajador.
  • Evitemos juzgar a quien decida salir del grupo. Todo el mundo puede tener motivos para salir de dichos grupos en un momento dado, pero casi nunca su objetivo es molestar u ofender a los demás. Seguro que preferirían salir de forma discreta y sin hacer que nadie se sintiera mal, pero no pueden evitar que aparezca el dichoso mensajito ya mencionado.
  • NO UTILICEMOS EL GRUPO PARA CUESTIONES QUE NO AFECTEN A TODOS LOS ALUMNOS. Estos grupos no son creados para tratar cuestiones particulares. Si no podemos evitar hacerlo, como en el caso que mencionábamos sobre la posibilidad de que otro niño se haya llevado por error la bufanda de un hijo, mostrémonos humildes. La humildad siempre es una virtud: “Perdonad que utilice el grupo para este tema, pero por error es posible que alguien tenga la bufanda de mi hijo..”
  • Si planteamos una pregunta al grupo, y la respuesta es solo para nosotros, debemos solicitar las respuestas por mensaje privado. En el caso anterior, simplemente sería conveniente añadir al final una frase de este tipo: “para no molestar a todo el grupo, quien quiera puede contestarme por mensaje privado. GRACIAS”. De esta forma evitamos que por cada pregunta planteada se sucedan 25 respuestas, y después las respuestas a las respuestas, etc.
  • Cuando vayamos a pedir algo, nunca debemos olvidar comenzar y terminar los mensajes con las palabras mágicas: POR FAVOR y GRACIAS. En la comunicación digital no vemos el rostro de quien escribe, ni podemos apreciar su tono de voz. Una petición mal trasladada puede interpretarse como una especie de orden. Cuando nunca aparece un “gracias” clasificamos a la otra persona como prepotente. Esto es aun más importante si no todas las familias se conocen bien. La educación y el buen trato siempre se agradecen, y no atendemos igual la petición de alguien que se dirige a nosotros de esta manera que la petición de alguien que parece exigir, o que nunca se muestra agradecido.
  • No interpretemos los silencios como un gesto de menosprecio. En muchas ocasiones es difícil no sentirse mal cuando planteamos una cuestión y vemos que no obtenemos suficiente respuesta. A veces es cierto que un silencio dice más que muchas palabras, pero en la era de la inmediatez somos demasiado sensibles a la velocidad de respuesta. Hay muchas personas que leen los mensajes una vez al día, o que piensan que la pregunta no es para ellos, o que necesitan tomarse su tiempo… hay montones de razones por las que podemos no recibir todas las respuestas inmediatas que nos gustaría en un grupo de WhatsApp determinado. La mayoría de las personas no están pensando en molestarnos ni ofendernos.
  • Evitemos las ironías. En las conversaciones que mantenemos por mensajes, al igual que sucede en las tertulias radiofónicas, las ironías no suelen ser bien entendidas. Es más, en muchas ocasiones son interpretadas como una muestra de bordería.
  • Es muy aconsejable utilizar los emoticonos para aclarar a los demás nuestro estado de ánimo o intencionalidad al escribir un determinado mensaje. Una carita sonriente al final de un mensaje puede evitar muchos malos entendidos. Los emoticonos aportan información no verbal muy importante, que es precisamente lo que echamos de menos en la comunicación digital.
  • No es aconsejable abusar de los emoticonos si éstos no añaden información o no aclaran nuestro estado de ánimo o intencionalidad. Muchas personas se sienten incómodas cuando en los mensajes hay más emoticonos que palabras, y hay combinaciones de emoticonos cuyo significado es difícil de entender.
  • EVITEMOS ESCRIBIR MENSAJES, PLANTEAMIENTOS O RESPUESTAS BAJO ESTADOS EMOCIONALES ALTERADOS. Si su hijo/a acaba de contarle algo que le ha enfadado, ha tenido un enfrentamiento con un compañero o con un profesor, o cualquier otra situación que a usted le afecte emocionalmente, ese es precisamente el momento para tomarse un tiempo antes de escribir un mensaje. Recuerde que será leído, conservado y tal vez difundido por muchas personas. Dedique tiempo a calmarse, superar ese estado y meditar sobre lo que va a decir y cómo va a decirlo. Valore también si va a utilizar el medio adecuado, y si sus palabras le ayudarán a conseguir su objetivo. Y esto tanto si estamos bajo un estado emocional negativo como si es positivo. La ira generada por un enfado, o la euforia por haber ganado algo, pueden llevarnos a escribir cosas de las que después tengamos que arrepentirnos.
  • NO UTILICEMOS ESTOS GRUPOS PARA PUBLICAR CRÍTICAS HACIA ALUMNOS O PROFESORES. Recordemos que tenemos responsabilidad sobre todo lo que decimos y publicamos, y hemos de ser especialmente respetuosos en todo lo relativo a los menores de edad. Los grupos de WhatsApp de padres y madres no son el canal adecuado para dirigirse al colegio, ni para formular quejas, ni para solucionar un conflicto con otra familia. Para todas esas cuestiones existen otras formas y canales establecidos.
  • NO ES RECOMENDABLE ENVIAR FOTOS DE LOS ALUMNOS/AS POR ESTE MEDIO. Los padres de un niño pueden difundir y distribuir la imagen de su hijo si lo consideran conveniente, pero no pueden difundir la imagen de los hijos de los demás. Las familias suelen autorizar al colegio a realizar fotografías de sus hijos, y en ocasiones a publicarlas, pero no están autorizando con ello a los demás padres. Estos grupos no son el canal adecuado para mandarle una foto a otra familia, y puede hacerse en todo caso con un mensaje privado.
  • Antes de publicar un mensaje para todos, debemos releer lo que hemos escrito. Si vamos a plantear una cuestión, es importante asegurarse de que el texto que pensamos enviar reproduce fielmente lo que pretendemos decir, revisando además la ortografía y comprobando que el corrector no nos ha jugado una mala pasada. Una falta ortográfica o un corrector poco “inteligente” puede cambiar por completo el significado de una frase.
  • GENEREMOS BUEN AMBIENTE. Si de verdad queremos que el grupo sea útil y cumpla con su razón de ser, no debemos procurar solamente que no se llene de mensajes que no le interesan a la mayoría. Algunas personas comienzan a abandonarlos, o crean otros grupos en paralelo, si cada día tienen que leer mensajes negativos. En ocasiones algunos grupos llegan a ser monopolizados por personas que los utilizan para tratar sus problemas, o para llenarlos de quejas o comentarios negativos sobre cada actividad del colegio o cada cuestión que se plantea. Seamos constructivos, y no olvidemos que los niños se dan cuenta de todo, y aprenden de la forma en que sus padres se relacionan entre ellos y con el colegio. Si además queremos enseñarles el uso correcto de la tecnología, también nosotros hemos de utilizarla correctamente..

DECÁLOGO:

  1. No debemos añadir participantes a un grupo sin consultarles primero, o añadir a personas que no son familiares. Evitemos juzgar a quien decida salir del grupo.
  2. NO UTILICEMOS EL GRUPO PARA CUESTIONES QUE NO AFECTEN A TODOS LOS ALUMNOS.
  3. Si planteamos una pregunta al grupo, y la respuesta es solo para nosotros, debemos solicitar las respuestas por mensaje privado. No olvidemos utilizar las palabras: POR FAVOR y GRACIAS.
  4. Evitemos las ironías, y no interpretemos los silencios como un gesto de menosprecio.
  5. Es muy aconsejable utilizar los emoticonos para aclarar a los demás nuestro estado de ánimo o intencionalidad. Pero no abusemos de ellos si no añaden información o no clarifican.
  6. EVITEMOS ESCRIBIR MENSAJES, PLANTEAMIENTOS O RESPUESTAS BAJO ESTADOS EMOCIONALES ALTERADOS.
  7. NO UTILICEMOS ESTOS GRUPOS PARA PUBLICAR CRÍTICAS HACIA ALUMNOS O PROFESORES.
  8. No es recomendable enviar fotos de los alumnos/as por este medio.
  9. Antes de publicar un mensaje para todos, debemos releer lo que hemos escrito.
  10. GENEREMOS BUEN AMBIENTE y seamos constructivos.

Apps que te ayudarán a desconectar, un ratito

Para estas navidades puede ser un buen regalo para algún familiar: padre, hijo…una de estas aplicaciones que Padres en la Red nos recomiendan para desconectar de las redes. Nada como poder estar con la familia y los amigos al 100×100, autocontrolando todos los dispositivos . Es una buena idea!!!

Wassapps, redes, apps, juegos, … ¿Quién da más? … Nadie. ¿Cómo no estar enganchado?

pubbing

Sí, los smartphones son tan pegadizos que hasta han surgido “nuevos comportamientos” como el pubbing o estar más pendiente del móvil que de las personas; o el vamping, seguir conectado a la pantalla después de ir a dormir, meterte en la cama y apagar la luz. También, han surgido “alteraciones de la conducta”, como la nomofobia o ese miedo irracional a no tener el móvil; o el fomo, esa inquietud de qué me habré perdido de las redes después de haber estado un rato desconectado.

¿Qué tal si entre tus apps hay alguna que te ayuda a desconectar, a estar más con los pies en la tierra?

Apunta, 3 formas gratuitas que te ayudarán a hacer un paréntesis digital

OFFTIME – Life unplugged

OFFTIME contesta por ti y te informa, después, de quién te ha llamado o quién te ha enviado un mensaje. Es como “tu mayordomo virtual”.

Permite bloquear llamadas, mensajes de texto y notificaciones, sin incluir a tus contactos VIP que no serán bloqueados. OFFTIME envía auto-respuestas personalizadas indicando el motivo de la desconexión. Después, podrás obtener una lista completa de la actividad que te has perdido.

También permite limitar el acceso a apps e Internet

QualityTime – Mi Dieta Digital

Divertida app, visualmente atractiva y fácil de usar que permite controlar y tener estadísticas en tiempo real acerca de cuánto tiempo usas el smartphone en tus apps favoritas.

Auto-controlas el uso del smartphone, creando restricciones de uso como “Alertas” y la función “Descansar” que restringe el acceso al smartphone.

Haz tu dieta digital: recibe un resumen diario y semanal de tus apps, con el tiempo de uso y el número de veces.

Forest

ForestSimpática app que consiste en tener un bosque y compartirlo con los amigos. ¿Cómo? Forest planta una semilla, y si le das 30 minutos le da tiempo para llegar a convertirse en un árbol.

Forest es una aplicación que quiere cuantificar el esfuerzo en forma de árboles. Un método de auto-motivación muy interesante para ayudar a vencer la adicción teléfono.

Fotografía: Sur-fake del fotógrafo Antoine Geige

El adolescente usuario de INSTAGRAM tiene más de 200 seguidores, sube menos de 5 fotos a la semana y recibe 50 like por foto

Os queremos recomendar este post de Kids and teens online. Instagram se está posicionando como la red social más visitada de los adolescentes y por lo tanto debe ser objeto de atención por parte de las familias. Leed con atención porque es tan importante Instagram para los adolescentes.

teens

La red social de éxito entre los niños y adolescentes españoles es INSTAGRAM, y el éxito lo ha obtenido gracias a una circunstancia y una funcionalidad. La circunstancia es sencillamente que está de moda, y mientras sea así seguirá creciendo y creciendo. Y esto es debido en buena medida a que es percibida como una red juvenil, mucho más fresca y dinámica, con un acceso fácil desde los terminales móviles. Facebook, por el contrario, es la red de los mayores.

Y la funcionalidad es sin duda el absoluto protagonismo de la fotografía. Al margen de los comentarios debajo de las fotos, y la posibilidad de enviar mensajes directos, funciona como un álbum fotográfico. Para personas acostumbradas a inmortalizar con sus smartphones todo cuanto viven, es el complemento ideal para compartirlo con los demás. Al menos mientras la privacidad sea relegada a un segundo plano ante la necesidad de relación, aceptación e integración en el grupo.

Pero al margen de las cuestiones relativas a la seguridad y privacidad que pueden surgir, es necesario trabajar con los menores de edad sobre dos aspectos en los que muchos de ellos han entrado a competir: el número de seguidores en sus perfiles, y el número de LIKE o ME GUSTA que consiguen obtener en una fotografía. Estas dos cuestiones son primordiales en la relación que los menores establecen con la red social, y son utilizadas como baremos para medir su nivel de éxito en la propia red. Un o una adolescente con 300 seguidores, será considerado/a mucho más popular que otro con solo 35 seguidores. Del mismo modo, una fotografía que es “premiada” por el grupo de seguidores con 100 ó 150 ME GUSTA, será más valorada y motivo de gran satisfacción para quien la haya colgado. Estimulará el núcleo de accumbers en su cerebro, y reforzará su autoestima y su nivel de aceptación (ver: Artículo)

Ambas cuestiones serán motivo de estudio en próximos artículos, pero en este primero e introductorio creo conveniente situar estadísticamente la cuestión, para que sepamos de qué estamos hablando. Estoy finalizando el análisis de los datos de un estudio que he realizado con una muestra significativa de 500 alumnos/as, de entre 12 y 14 años, pertenecientes a 1º y 2º de E.S.O. de doce centros distintos (públicos, privados, concertados, de entorno urbano, rural, etc.) Y lo llamativo es que apenas he encontrado diferencias significativas entre unos grupos y otros, salvo algunas previsibles en las que profundizaré en su momento.

Estos son algunos de los datos obtenidos:

Número de seguidores en INSTAGRAM:

-50 : 8%;  50-100 : 16%;   100-150 : 19%;   150-200: 18%;   +200 : 39%

Número de fotos que suben a la semana:

-5 : 91%;   5-10 : 6%;   10-15 : 0%;   15-20: 2%;   +20 : 1%

Número de LIKE o ME GUSTA en la mejor foto:

-25 : 9%;  25-50 : 31%;  50-75 : 20%;  75-100 : 16%;  +100 : 24%

En las fotos con más ME GUSTA el/la adolescente sale:

Sol@ : 34%;   Con amig@s : 64%;   Otros : 2%

Quién realiza la foto que más ME GUSTA recibe:

Es un selfie : 44,5%;   Otra persona: 55,5%

Estado emocional reflejado en las fotos con más ME GUSTA:

Ninguno en particular : 19%;   Sonriendo : 81%;   Triste: 0%

Tal y como veremos más adelante, los adolescentes tienden a alcanzar un número de seguidores mayor del que pueden controlar realmente, ya que es muy elevado el porcentaje de los que tienen  más de 200 seguidores. Se trata de una tendencia que va en aumento. Por otro lado, y esto es muy positivo a la hora de trabajar el tema con los alumnos/as, al cruzar datos constatamos que cuantas más fotografías publica el usuario menos ME GUSTA recibe. Es decir, que el hecho de publicar muchas fotografías no garantiza un mayor número de ME GUSTA. Esto parece que es algo de lo que se están dando cuenta, ya que apenas un 9% llega a publicar más de 5 fotos a la semana. Es importante también la faceta de grupo en las fotografías, que nos servirá para trabajar sobre el narcisismo: las fotos que más LIKE reciben no son las fotos en las que salen solos/as, sino las fotos de eventos, fiestas, actividades o salidas en grupo. El estado de ánimo positivo y alegre es otra constante, como no podía ser de otra manera. Y como también sucede, por supuesto, entre los adultos…

Continuaremos con el tema.

 

“Si tienes un smartphone no tienes libertad”…

Nos parece muy interesante esta reflexión publicada en un post de Kids and teens online. Es importante plantearnos qué representan los medios de comunicación para nosotros y para nuestros hijos y reflexionar sobre la libertad que nos suponen y el tiempo que invertimos en ellos.

smartphone

En un principio pudiera parecer que estas palabras han sido pronunciadas por algún tecnófobo, que considera que las nuevas tecnologías nos están convirtiendo en esclavos y están terminando con nuestra privacidad. Pero no es así. Son palabras del Presidente de Telefónica en la pasada junta de accionistas, nada menos que una de las principales empresas de telecomunicaciones del mundo.

Como Presidente, César Alierta ha afirmado que prefiere tener un móvil que sea “una carraca”, a tener un smartphone y “perder la libertad”, añadiendo que quien dispone de uno de estos aparatos ha puesto su información en manos de empresas que: “No invierten un euro y conocen la vida de todas las personas y las administraciones públicas”, refiriéndose directamente a entidades como Google, Apple y Facebook.

La verdad es que sus palabras han llamado la atención al haber sido pronunciadas por alguien con su cargo, pero nadie ha criticado el contenido de las mismas. Y lo cierto es que personalmente considero muy satisfactorio que alguien, que dirige una empresa de telecomunicaciones, resalte la falta de privacidad y libertad que puede derivarse de la cesión de tantos datos de nuestra vida a empresas de todo el mundo. Sus palabras son una llamada de atención para navegantes (aunque no voy a entrar a valorar el contexto y objetivo con el que fueron pronunciadas).

No obstante, creo que no debemos quedarnos aquí. Son palabras muy categóricas, pero no afrontan realmente la cuestión. Debemos ir más lejos. Muchos padres y madres, y algunos usuarios, pudieran deducir de estas palabras que cuanto más antiguo sea el terminal que utilizas más libertad tienes, y que quien tiene un teléfono inteligente de última generación realmente tiene comprometida su libertad… Y lo cierto es que esto no es exactamente así.

Recuerdo perfectamente a los adolescentes con los que trabajo cuando señalan que sus móviles les hacen “más libres”. Recuerdo en concreto a uno de ellos, que afirma que antes de tener móvil pasaba muchas más horas en casa pegado al ordenador para chatear con sus amigos. Ahora que lleva la conexión en el bolsillo, y sabe que puede estar en contacto con los demás desde cualquier sitio y en cualquier momento, sale mucho más que antes. Para los adolescentes, como he explicado ya en diversos artículos, esto es lo más importante durante la etapa que están viviendo.Algunas personas dicen que por culpa del smartphone ahora están “disponibles”, localizables y trabajando durante la mayor parte del día… pero también conozco otras personas que afirman sin dudar que gracias al smartphone pueden irse de vacaciones. Gracias a los miniordenadores que llevan en el bolsillo pueden resolver asuntos, si surgen, que antes hubieran requerido de su presencia física o les hubieran impedido directamente salir de la ciudad. La experiencia de cada cual será distinta en este sentido. Para algunos el móvil ha sido una liberación y para otros supone una esclavitud. Tampoco voy a valorarlo ahora.

Lo que me interesa señalar es que nuestra libertad, y la de los niños y adolescentes, depende del papel que nosotros adoptemos, depende de nuestro sentido crítico, de la información que tengamos sobre cómo funcionan muchas empresas y de la formación que nos estén dando al respecto. Cuando alguien utiliza un smartphone puede decidir para qué lo utiliza. Debe plantearse qué aplicaciones se va a descargar, si está aceptando condiciones que permiten geolocalizarle en cada momento, por ejemplo, o si está utilizando una red social que ya le ha advertido que va a compartir sus datos con otras empresas (sin ni tan siquiera decirle con qué empresas). En mi opinión la libertad la obtenemos si tenemos información. Estoy de acuerdo con Cesar Alierta si nos referimos a personas que utilizan los smartphones y sus aplicaciones sin conocimiento previo. Pero creo que es la falta de información la que les resta libertad.

Es decir: creo que si enseñamos a los más jóvenes (y a los adultos) a manejar esta tecnología con conocimiento de causa, su libertad no se verá tan mermada como pudiera parecer. Cuando sabes qué cosas no debes mandar por WhatsApp, qué puede pasar con la información que envías por SnapChat, o qué puede hacer Facebook con las fotos que subes a su red social, actúas de otra manera. Cuando sabes qué aplicaciones no debes descargarte, o qué sucederá si lo haces, cambia tu forma de utilizar esta tecnología. Cuando sabes cómo configurar la privacidad de los distintos servicios, y qué datos pueden ser utilizados y para qué, tu sentido crítico se multiplica exponencialmente. Y si no cuidas entonces tu información y privacidad será una decisión tomada con la libertad que te otorga el poder elegir. Es la información y el conocimiento la que nos da esa libertad.

Si educamos a los más jóvenes en el uso de las nuevas tecnologías, y les damos la información que deberían tener, estaremos formando a niños y adolescentes mucho más críticos, y mucho más libres. Pero en efecto, si ponemos en sus manos el mundo de los smartphones y las aplicaciones móviles, las redes sociales y los sistemas de mensajería instantánea, sin formarles previamente, estaremos dando a lugar a personas mucho menos libres, con su privacidad totalmente comprometida, manejables y sin capacidad crítica. Y esto es algo que sí está en nuestras manos.

Cuestión de educación

El blog de Enrique Dans

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Mucho se está hablando de los problemas de los padres para educar a sus hijos en un contexto en el que no son capaces de renunciar a un dispositivo que, por un lado, todo su entorno les presiona para utilizar y, por otro, ejerce un atractivo absolutamente cautivador e irresistible por su versatilidad. Padres y educadores observan con desesperación cómo sus hijos, en determinados rangos de edad, son absorbidos – o prácticamente “abducidos” – por la pantalla de un smartphone en la que llevan a cabo actividades que van desde la comunicación social vía mensajería instantánea hasta juegos de todo tipo, y se convierten en seres prácticamente inertes, capaces de permanecer horas en actitud asocial, sin comunicarse con nadie ni responder a más estímulos que los que provienen del otro lado de la pantalla.

En este contexto, que alguien como yo sugiera, como efectivamente hago, que “la mejor edad para que nuestros hijos empiecen a tener acceso a un smartphone es cuando dejen de llevárselo a la boca”, es interpretado por muchos como un “se nota que no tiene niños de esta edad y con este problema” o directamente un “no se entera de nada”. Si unimos a esto la aparición de jueces de tribunales de menores que descubren la emoción de ser intensamente mediáticos y que afirman que “si un adolescente echa mano de su teléfono móvil nada más despertarse es que tiene un problema de adicción“, tenemos un problema servido: a la figura de un ex-juez de menores se le tiende a atribuir un cierto conocimiento del contexto y una cierta autoridad, hasta el punto de que pocos se detienen a evaluar si no estamos, simplemente, ante un retrógrado, un tecnófobo y un tremendista del calibre 9mm Parabellum.

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Smartphones y aulas

El blog de Enrique Dans

smartphones-y-aulas-La-InformacionMe llamaron de La Información justo antes de entrar en una clase – hablamos diez minutos escasos y no pude quedarme ni con el nombre de la periodista que me llamó, perdón por no citarla) – para hablar sobre el uso de smartphones en la educación, y la diferencia de actitud en el caso entre las comunidades autónomas españolas entre aquellas que se obstinaban en su prohibición a toda costa frente a otras, como Cataluña, que recomendaban a los profesores que los integrasen en el proceso educativo como parte del equipamiento tecnológico disponible. Ayer se publicó una noticia, titulada “Los smartphones pueden llegar a ser un aliado en las aulas“, en la que me citan brevemente.

La cortedad de miras de quienes se quedan con la imagen de una clase inmanejable con todos los niños a la vez hablando por WhatsApp y sin prestar atención alguna al profesor me parece alucinante: tratar de analizar el uso de una potentísima herramienta tecnológica sin plantearse que el escenario, el tipo de educación y las metodologías tienen que cambiar para adaptarse a los tiempos es el tipo de actitud que, de ser generalizada, impediría completamente todo tipo de progreso y evolución. Elsmartphone es una absoluta revolución: una revolución que, mientras nos afanábamos en pedir más ordenadores en las aulas, ha llegado y ha puesto un potente ordenador en el bolsillo de todos los alumnos, brecha digital aparte. Que haya educadores, padres o políticos que se nieguen a ver las posibilidades de algo así, y se empeñen en “prohibir por decreto”, en tratar de perpetuar sus metodologías a toda costa cuando resulta más que evidente que precisamente es la metodología – toda la metodología – la que debe cambiar para adaptarse a semejante revolución es algo que me hace replantearme mi fe en la raza humana.

Pensar en el smartphone simplemente como un “añadido”, “dejado caer” sin más en aulas con la misma metodología que utilizamos hoy resulta completamente absurdo. Pensar que es que “los niños se distraen”, como si no se distrajesen dibujando o mirando por la ventana, es de una cortedad que, francamente, asusta. Lo que claramente hay que hacer es rediseñar completamente el proceso educativo, retirar de él toda esa patente inutilidad memorística que llevan a concentrarse en el aprendizaje por repetición de mis cosas que están todas al alcance de una búsqueda en la red, y centrarse en educar haciendo uso del recurso más poderoso, de la biblioteca de conocimiento más grande que la humanidad ha sido capaz de crear desde que el mundo es mundo. Convertir al profesor en supernodo en una red que enseña a buscar, a cualificar, a recopilar y a verificar información, que trata de hacer que el alumno tome las riendas de su propia necesidad de información, que participe de manera activa no solo buscando, sino también construyendo y creando con herramientas de todo tipo, que cambian a gran velocidad y están sujetas a todo tipo de dinámicas. Un enfoque que no se centre en las herramientas, que van, vienen y evolucionan constantemente, sino en la metodología.¿Apps? ¿Herramientas propietarias? ¿Para qué, habiendo herramientas abiertas? El conocimiento es abierto y está en la red, las herramientas también tienen que evolucionar de la misma manera. Un proceso que no degrada al profesor, pero que tampoco degrada a los alumnos como lo hace la metodología actual.

Si alguien quiere repensar en serio la educación para adaptarla al entorno social y tecnológico en que vivimos, por favor, que lo diga.  Estamos hablando, en gran medida, de la competitividad futura de este país.

Los smartphones vuelven al colegio… en Nueva York

El blog de Enrique Dans
kid-and-smartphoneEl alcalde de Nueva York,Bill de Blasio, levantará el próximo día dos de marzo una ley que prohibía que los niños llevasen teléfonos móviles al colegio, una de esas medidas impopulares que muchísima gente incumplía, incluido el propio hijo del alcalde. Los colegios, en función de sus preferencias, podrán ejercer políticas con respecto a los terminales a tres niveles diferentes: obligación de que permanezcan en las mochilas de los alumnos durante todo el día (de manera que pueden ser usados para un contacto en caso de necesidad, pero poco más), que su uso esté restringido a determinadas horas y lugares, o que se utilicen ocasionalmente en las aulas integrándolos en los procesos educativos.

La idea fundamental es usar el sentido común: por supuesto, los smartphones pueden, en un colegio, ser una fuente de distracción e incluso de problemas, pero la medida de simplemente prohibirlos para evitar esas distracciones o esos problemas es equivalente a matar al perro para evitar la rabia. Elsmartphone es, a día de hoy, la plataforma más adecuada para acercar la tecnología a un mayor número de personas y evitar el llamado digital divide – la próxima generación de terminales está previsto que esté en torno a los veinticinco dólares – y su uso en la educación es, cada día más, un imperativo que cobra más sentido.

Pocas cosas resultan más tristes que tener la posibilidad de que todos los estudiantes lleven un potente ordenador en el bolsillo… y que les prohibamos que lo lleven a clase porque se distraen con él. En realidad, el problema no está en la distracción, sino en la escasa habilidad de padres, educadores, profesores e instituciones para reimaginar los procesos educativos con una herramienta tan impresionante como esa. La educación es precisamente lo que tiene que conseguir que nuestros hijos vean un smartphone como tienen que verlo: como algo que sirve para muchas cosas, pero que exige unos protocolos de uso determinados. Que el smartphone pueda ser utilizado para jugar o para enviarse mensajes en medio de una clase no implica que por ello deba prohibirse, o restringirse su uso de manera rígida. De hecho, lo que deberíamos plantearnos cada vez más es por qué los alumnos no llegan con sus terminales y se encuentran un entorno amigable: un cargador en su mesa, una WiFi en la que hacer login automáticamente, y un entorno académico en el que la búsqueda y consulta de información sea una rutina habitual sujeta a entrenamiento y completamente integrada en la metodología académica.

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Decálogo para familias de niños y adolescentes con móvil o tablet nueva

Por KIDSANDTEENSONLINE

Teenage Girl Using Laptop And Mobile Phone Whilst Eating Breakfast

 

Estas Navidades, los regalos más demandados por niños y adolescentes han vuelto a ser marcadamente tecnológicos. Tablets, teléfonos inteligentes y videoconsolas ocupan los puestos de honor en sus cartas. Pero, al margen de las cuestiones económicas que toda familia sopesará, hemos de plantearnos si las llamadas tecnologías de la información y la comunicación –TIC- son adecuadas para los más jóvenes.

Muchos padres y madres se plantean cuestiones como: “¿Para qué quiere una niña de 12-13 años un teléfono móvil?… ¿Y uno de 10 años o menos una tablet?”. Y lo cierto es que es una tentación planteárnoslo en estos términos, si partimos de que nosotros a su edad no necesitábamos tales aparatos. Pero tampoco necesitábamos un coche radiodirigido, ni un scalextric, ni un zoológico de los click, y los pedíamos en nuestras cartas. Estamos hablando de un regalo navideño, no de una necesidad, por lo que debemos dejar a un lado comparaciones temporales que sólo generan incomprensión. Lo cierto es que hoy en día un teléfono inteligente, o una tablet, son utilizados para todo menos para hacer llamadas telefónicas. Un smartphone es una cámara de fotos y vídeo, es un terminal para descargar y escuchar música, es una videoconsola, y además nos permite crear grupos con los que charlar con nuestros amigos o familiares, y acceder a las redes sociales. Nos permite descargar y leer libros, el periódico, acceder a buscadores y a la información disponible en todo el mundo… En fin, tal vez la pregunta que deberíamos hacernos es ¿qué joven o adolescente no quiere uno? Si estos aparatos hubieran existido cuando nuestros abuelos eran niños, ellos sin duda los habrían pedido y utilizado. Es más, seguro que los niños del Renacimiento, o los alumnos de Aristóteles también hubieran deseado tener uno.

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¿Qué hacen las aplicaciones con toda nuestra información?

En Kidsandteensonline


El mundo de internet al que ya casi nos habíamos acostumbrado, ha cambiado considerablemente con la expansión de la conectividad móvil. La primera consecuencia ha sido la conectividad permanente, que nos lleva a estar todo el día conectados recibiendo y enviando mensajes, correos, imágenes, etc. La segunda consecuencia es la bajada en la edad de inicio en cuanto al acceso a internet, que está convirtiendo en habitual el ver a niños de 12 años realizando selfies y enviándolos por Whatsapp. De hecho, según los datos manejados por el INE, nada menos que el 70% de los niños españoles de 12 años ya tiene su propio smartphone. Y la tercera, la que más me cuesta asimilar, es el desembarco del mundo de las aplicaciones móviles –apps-.

Entiendo que mucha gente tenga la necesidad de estar permanentemente conectada, o que simplemente no pueda evitarlo. Entiendo también que los niños quieran tener un smartphone, ya que les permite comunicarse con sus amigos, escuchar música, ver videos en Youtube, hacer fotos, etc, etc. Pero lo que más me cuesta entender es que todos, niños y mayores, nos estemos descargando innumerables aplicaciones que están accediendo a la información almacenada en nuestros terminales, y guardándola en servidores que no sabemos ni dónde están ni qué hacen con ella.

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