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Necesitamos más “Steve Jobs” en el mundo

Por  Katie Hinderer

La semana pasada, el mundo fue sacudido con la noticia de que Steve Jobs murió de cáncer.

De inmediato, recordatorios y memoriales se sucedieron en las tiendas de Mac de todo el mundo,  los tweets y mensajes de Facebook se llenaron de pensamientos y homenajes  a la persona fallecida. Obituarios fueron escritos y presentados blogs. Todo esto debido a la visión y trabajo  duro de un solo hombre.
El mundo necesita más gente como Steve Jobs. Necesitamos gente con visión y previsión, personas  con  determinación y voluntad de perseguir un sueño. Necesitamos más personas que buscan la excelencia en todo lo que hacen. Son muchas las historias de su demanda constante de más y mejor. Se ha dicho que él rechazó varios prototipos del iPhone de tercera generación, porque ninguno de ellos superaba el  exigente listón que él había propuesto para  el nuevo producto.

También se dice de él  que es el que ha empujado a los animadores de Pixar para ser más creativos, ya que trabajó en la creación de la obra maestra, Toy Story. El veía cosas que ningún otro podía imaginar.
Claro, Steve Jobs fue duro y exigente. A veces era incluso cáustico en su aproximación a los que trabajaban para él. Pero su ética y su destreza de negocio ayudaron a crear una base de empleados leales y consumidores fieles.
Y mejor aún, alentó a otros a ser pioneros en su propio destino. Su discurso de 2005 en la Universidad de Stanford es el ejemplo perfecto de esto. Sus palabras finales a los graduados fueron  “Estate hambriento. Sigue alocado “.(“stay Hungry,stay foolish”).
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“Tener hijos es 10.000 veces mejor que cualquier cosa que he hecho”. Steve Jobs

En uno de los discursos más memorables de Steve Jobs, el que realizó en 2005 en la Universidad de Stanford, el magnate animaba a los estudiantes a plantearse si estarían haciendo lo mismo si ese fuera el último día de su vida.

Quizá eso fue lo primero que pensaba Jobs cada mañana durante los últimos meses que ha vivido en su casa de Palo Alto, en California, muy consciente de su enfermedad.

Desde su retirada en el mes de agosto, Jobs había reprogramado su tiempo y sus visitas. Pero fue a partir de febrero, cuando fue más consciente de que su vida se acortaba y tranquilamente se lo fue comunicando a algunos conocidos. Un rumor que se extendió rápido por su red.

Según relata el periódico estadounidense’ The New York Times’, las llamadas empezaron entonces como un goteo pero, a las semanas, la casa de Jobs se convirtió en un lugar de peregrinación para todos los que querían despedirse del genio de Apple.

Sin embargo, conforme crecían las peticiones, disminuían las fuerzas de Jobs y era su esposa Laurene la encargada de dar las gracias y de despedir a la mayoría de las visitas porque Jobs estaba demasiado cansado para hablar. Incluso demasiado cansado para subir las escaleras de su propia casa.

Nadie se daba por vencido y la mayoría de los que querían ver a Jobs para despedirse preguntaban si podían volver al día siguiente. “Lo siento”, contestaba su mujer y es que el cerebro de Apple ya no tenía, en esos momentos, fuerzas para despedidas, y trataba de elegir cuidadosamente a quién dedicaba su tiempo.

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