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Cómo disfrutar de la Navidad sin echar de menos las pantallas

25 planes navideños para familia y amigos

Una maravillosa iniciativa para estas navidades de Empantallados. La recomendamos

Para que tu hijo disfrute de la magia de la Navidad sin echar de menos las pantallas, basta con prever esta situación y tener planes alternativos para ello. Te proponemos 25 planes navideños para hacer con la familia y amigos:

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Cómo disfrutar de la familia en vacaciones

Para empezar las vacaciones nada mejor que los consejos de un experto: Carlos Pajuelo en Escuela de Padres. Todos estamos esperando estos días de descanso y de disfrute de la familia. Os deseamos que paséis unas buenas vacaciones y podáis poner en práctica estás consideraciones

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Con la llegada de las vacaciones se nos presenta un panorama, en lo que se refiere a la vida familiar, que tiene su salsa: 24 horas de presencia de los hijos junto a sus padres. Disfrutar de los hijos y de la pareja 24 horas al día. ¿A que ahora mismo estás pensando que eso de disfrutar es un poco exagerado?

Las vacaciones de los hijos se han convertido en un “problema” para algunos padres y madres, bien sea porque están trabajando y necesitan que alguien se ocupe de sus hijos, o bien sea porque no sabemos qué hacer tantas horas con los hijos. Y me pregunto yo,  ¿estamos perdiendo la capacidad de estar juntos, de convivir en familia?, ¿nos lanzamos en busca de actividades para los hijos con el fin de que estén entretenidos o para evitar el desgaste de la convivencia?.

A veces las estadísticas nos sorprenden diciéndonos que las separaciones matrimoniales aumentan después del verano. Y también aumentan, y mucho, las ganas de que los niños comiencen el colegio. Y me vuelvo a preguntar ¿Será acaso porque estamos perdiendo capacidad para convivir? ¿Estaremos perdiendo la capacidad para tolerar y entender el malestar que la convivencia origina?

Los hijos unen, dicen los que no saben que lo que une de verdad es el pegamento. Yo no sé si los hijos unen a las familias, lo que sí sé es que los problemas, las dificultades, se cuelan por las más pequeñas grietas que origina la convivencia haciendo palanca.

Las vacaciones generan mucha convivencia y la convivencia muchos roces. Así que antes de que te pongas a decir eso de “qué ganas tengo que empiece el colegio”, parodiando la carta de deberes que un profesor italiano le puso a sus alumnos, te propongo una serie de “deberes”, para disfrutar de las vacaciones, para disfrutar con y para disfrutar de tus hijos, tu pareja, tu familia.

  1. Por la mañana, procurad  desayunar  todos juntos y si no se puede (los adolescentes son unos profesionales en esto del dormir) procurad comer juntos y simplemente mira a tu familia y diles, por enésima vez, lo que te gusta estar con ellos. Relájate.
  2. Intenta utilizar todas las palabras que indiquen algo positivo de tu familia. Así tus hijos, tu pareja,  escucharán cosas agradables de ellos mismos y eso es contagioso. Relájate.
  3. Lee si te gusta leer y si no te gusta es porque no has dado con el libro que te robe el tiempo y el corazón, así que inténtalo una y otra vez. Un libro es una estupenda compañía para toda la familia. ¡Y no veas lo que relaja! Te recomiendo un libro estupendo, el que yo he escrito, jajajaa
  4. Evita los motivos de enfado, procurad no ser gruñón, ni gruñona.  Las vacaciones son una oportunidad para disfrutar de  tu pareja, de tus hijos y esta es una tarea que nos obliga  a todos. Está demostrado que hacer perfectamente las camas no da la felicidad, así que relájate
  5. Cuando tus hijos te digan eso de ¡me aburroooooo!, no te enfades, tu tarea no es entretener hijos, piensa que el aburrimiento es el momento justo donde nace la creatividad (pero vigila no la vayan a liar parda)
  6. No se cocina en soledad. A la hora de cocinar todos los masterchef de la casa son pocos. Llevarlos al mercado, hacer la compra, enseñar a cocinar,  es una manera de aprender a tener gusto, orden y disciplina. (Lo que todo padre y madre que se precie quiere para sus hijos). Ah, y los buenos cocineros y cocineras dejan la cocina ¡bien limpita!

7. Cantad, a pleno pulmón, en casa, en el coche, pero cantad juntos. Poned la música a tope y a cantar.

  1. Bailad delante de vuestros hijos, agarraditos o sueltos.  Los hijos necesitan ver como sus padres manifiestan su amor. Aunque ellos pongan cara de horror. Y si el baile ha ido bien… pues luego, sesión continua.
  2. Ten algún detalle con tu pareja. Un detalle es algo inesperado. Cúrratelo. Los detalles no suelen tener precio.

10.Disfrutad del aquí y ahora. El disfrute no quiere decir que no haya situaciones complicadas. Te recuerdo que la                            convivencia genera molestias, molestias inevitables. No estés tan pendiente de lo molesto y valora lo que tienes (sí,                  valora tu familia).

11. Sonríe y di te quiero todos los días que puedas. Querer relaja.

12. Cuando todos duerman, brinda con tu pareja y si estás sola o solo brinda con la luna y las estrellas.                 ¡Por la familia!

La convivencia genera momentos de malestar y de bienestar. Te recuerdo que con nuestras familias tenemos un compromiso, libremente elegido, el de quererlos y educarlos. Momentos buenos y momentos malos. Disfruta de los buenos y entonces estarás enseñando a tus hijos cómo se disfruta en familia, cómo se disfruta de la familia.

Salud, buen verano.

 

Lo absurdamente incompatible

Por Catherine L’Ecuyer


Esta semana, os presento 2 puntos de vista absurdos en sí, y absurdamente incompatibles entre sí. Sin embargo, con esos paradigmas se educan a muchos niños.

Primero, una cita muy buena sobre un tema que se repite ad nauseam en el ámbito escolar, hasta parece que aquello se haya convertido en el principio y el fin de una buena educación: la creación de los “hábitos”, para adelantar etapas. “El hábito de trabajar” con 3 años, “el hábito de hacer los deberes” con 5 años, etc.

“Lo que se observa a lo largo de todo el sistema de enseñanza es un adelanto de los métodos propios de determinadas etapas, a edades más tempranas, “para preparación” o “para crear hábito”.Pues bien, tanto por los fines, como por los resultados, es obvio que es una estrategia equivocada. (…) ¿Tendría algún sentido que exija a mis hijos que comiencen a presentar la declaración de la renta a partir de los catorce años? NO, pero podría justificar que de esa manera comienzan a desarrollar el hábito. Con el objetivo de desarrollar hábitos de conducta, también podría aconsejar a mis hermanos, ya casi todos mayores de cincuenta años, que comiencen a vivir en residencias de ancianos. Así cuando les toque, ya están acostumbrados. Cada edad, cada etapa, tiene unas necesidades particulares y debe tener unos métodos de enseñanza que le sean propios. Adelantarlos NO es mejorar el sistema.” (Nacho Calderón)

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¿Hacemos la prueba del aburrimiento?

Por Catherine L’Ecuyer

Ahora que estamos de vacaciones, es un buen momento para observar a nuestros hijos en momentos en que no hay actividades estructuradas, ni sobre estímulos externos. Hagamos lo que llamo yo la “prueba del aburrimiento”. Dejémoslos jugar libremente unas 2 horas con sus hermanos, sin juguetes, sin colchonetas, sin cromos, sin pantallas, sin bicicleta, en espacios abiertos en la naturaleza, y observemos como se desenvuelven. ¿Se entretienen solos, tranquilamente, imaginándose juegos, o bien se aburren y experimentan ansiedad y hiperactividad? No es normal que los niños de entre 3-6 años se aburran, porque su creatividad es infinita y, en principio, todavía poco contaminada. Cuando los niños se aburren, es que durante el resto del año, están condicionados por un ritmo de vida frenético, por un ambiente demasiado estructurado, o por niveles de estímulos demasiado altos. Si nuestros hijos pasan la prueba en la naturaleza, luego podemos repetirla en una sala de espera en el dentista o en el médico…  por supuesto, en aquellas en que no haya pantalla (quedan pocas…).

Adjunto una corta presentación en el muy conocido foro TedTalks, realizada por Dimitri Christakis, experto mundial en el efecto pantalla en los niños pequeños. Christakis argumenta, con mucha gracia, que los contenidos rápidos de la pantalla (cambios abruptos de escena, luces intermitentes, ruidos, etc.) que se ven hasta en contenidos muy infantiles, como Pocoyo o Baby Einstein, condicionan a nuestros hijos a unos ritmos extremadamente rápidos. Consecuentemente, la vida cotidiana les parece muy aburrida, lo que les provoca nerviosismo, hiperactividad y ansiedad. Esa es la razón por la cual muchos padres se quejan de que sus hijos “no pueden estarse quietos”. En sus investigaciones, Christakis también asocia la sobreestimulación con la disminución de la aversión al riesgo, lo que explica el fenómeno del niño “kamikaze”, el niño de más de 3 años que hace cosas muy peligrosas sin darse cuenta del riesgo que ello comporta. Lo hace buscando sensaciones nuevas, para aliviar su adicción a la sobreestimulación.

En fin, un círculo vicioso, que debemos romper… adaptando el entorno del niño a lo que necesita su naturaleza, sus ritmos, su orden interior. En casa, en el colegio, etc. Os dejo disfrutar de la presentación de Christakis…

Publicado por Catherine L’Ecuyer en: http://apegoasombro.blogspot.com.es/

Vacaciones!!!… Momento de hacer familias fuertes!!

Por Gloria Gratacós

“Tenemos la certeza de que la familia juega un papel fundamental en la vida de los niños. Además de ser el entorno en el que se deberían sentirse seguros, es la vía para transmitir valores básicos: la solidaridad, el esfuerzo, la responsabilidad, el respeto, la empatía, …”  comenta en una entrevista Arturo Canalda Gonzalez, defensor del menor. Me gustó la frase y la guardé. Hoy me gustaría retomarla para reflexionar sobre cómo trabajar esta necesidad que tienen nuestros hijos de sentirse seguros a través del uso del tiempo libre.

¿Cómo hacer que nuestros hijos se sientan seguros? Pensemos por un momento, qué características tienen en común aquellos recuerdos de familia que más cariño les tenemos. Veremos que se trata de actividades hechas en familia, proyectos en común donde todos participan. Estos recuerdos son una base muy importante de nuestro sentimiento de pertenencia a un grupo que nos quiere y nos acepta y del cual recibimos mensajes, de aprobación o no, que nos ayudan en el proceso de autoconocimiento y en nuestra actitud ante el futuro-

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