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Los nuevos llaneros solitarios

Por Angeles Montuenga


Hasta que esta crisis se ha hecho presente, todos en cierto modo nos hemos creído que el estado del bienestar era posible. Hemos construido un modo de vivir sobre la falacia de la sobreprotección.Todo parecía estar previsto y controlado. Una maquinaria moderna, precisa, no programada para trabarse.

La situación actual nos ha sacudido del sueño de tal ingenuidad y nos está obligando a  crecer.

A  empezar a tomar  decisiones distintas , a imaginar, a replantear, a saltar al vacío del mundo de lo no conocido:  la precariedad, la incertidumbre, el miedo,  el paro y tal vez a la aventura de la solidaridad y la acogida. …. Nos está obligando a ser valientes.

El valiente es  el que sabe vivir en soledad, alejado de lo que hace todo el mundo.

El valiente es quien sabe ir contracorriente, el que elabora ideas propias, el que se atreve a pensar, el que envía curriculums de un amigo a su lista de contactos, el que se moja , el que pasa por alto el penoso sentido del ridículo y monta un negocio de extracción de piojos. Valiente es el que vende su piso a través de participaciones de 70 euros para sortearlo ante notario. Es quien renegocia sus deudas y da la cara. Es quien pide un favor y hace favores. Es quien no se deja achantar por los pesimistas o los huelguistas.

Valiente es el que se arriesga y fracasa … El que aprende, vuelve a intentarlo y triunfa…O no.

Es quien lucha sin descanso y muere con las botas puestas. Como una nueva conquista del oeste, con protagonista más joven. Jonny Deep en lugar de Jonh Wayne.

Es bueno que nuestros hijos nos vean convivir con las sombras, límites y fracasos. Sólo el café es descafeinado y siempre saber peor.. La vida no se puede filtrar sin engaño.

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Fuera de serie; Edith Cavell. Enfermera inglesa durante la I guerra Mundial

Nació en Norfolk, Inglaterra en 1865, la mayor de cuatro hermanos, educados bajo la estricta y severa instrucción de su padre, el reverendo Cavell. Hombre estricto y exigente, se encargó de la formación de sus hijos con dedicación continua, que a la vez ejercía con cariño. Edith siempre recordará las lecciones de justicia y solidaridad de su padre con los demás que lo hacían  un hombre justo

Su madre, cariñosa, generosa y entregada a su familia. La familia Cavell, a pesar de la rigidez y severidad del padre, era una familia feliz.

Edith se forma en escuelas para llegar a ser gobernanta en alguna familia inglesa, pero su continuo interés por salir y conocer mundo la hizo cruzar el canal y trasladarse a Bruselas donde aceptó una oferta como gobernanta en una familia belga, los Francoises.

Edith heredó tanto la severidad de su padre como el gran cariño y generosidad de su madre.

En 1895 tras volver a casa para cuidar a su padre moribundo, nació en ella el entusiasmo por la enfermería, a raíz de recordarse su obligación moral por ayudar a los demás que era lo que ella había aprendido. Se convirtió en enfermera profesional y tras varios años ejerciendo caracterizados por su profesionalidad, dedicación, entusiasmo y labor, fue recomendada a dirigir en Bruselas una escuela de enfermeras, labor que acepto en 1907.

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