Una vez más
Necesitamos seguir luchando por un sistema educativo sólido, coherente y exigente. Hay que reformar lo que haga falta reformar. Hay que exigir a nuestros políticos que se pongan las pilas. Porque cerrar líneas en escuelas que funcionan bien no es el camino para mejorar los resultados educativos. Al contrario: es una forma de perpetuar el problema.
Una vez más, los resultados de las pruebas de competencias básicas de 6º de Primaria y 4º de ESO en Cataluña son preocupantes. No mejoramos. No salimos del hoyo.
Como ya es habitual, se buscan culpables y se ataca al sistema educativo, ya sea el antiguo, el nuevo o el que esté vigente en el momento. Se dan bandazos —seguramente con buena voluntad—, pero no es suficiente. La situación es muy, muy preocupante.
Desde 2007, hemos tenido ocho consejeros de Educación. Los continuos cambios de rumbo y de leyes no permiten consolidar ningún proyecto a largo plazo.
Uno de los aspectos más alarmantes es la desesperación del profesorado. A estas alturas del curso, muchos docentes ya están agotados, desmotivados y sin esperanza de mejora. Se atribuye esta situación a la creciente complejidad del sistema educativo, a la falta de una buena evaluación docente, a la ausencia de incentivos y a la escasez de herramientas reales de mejora.
Desde las familias, asistimos con impotencia a una guerra ideológica entre el modelo competencial y el llamado sistema tradicional. Vemos cómo las pantallas absorben a nuestros hijos, mientras que muchas de las nuevas metodologías se aplican de forma poco comprensible y sin el debido acompañamiento.
Necesitamos seguir luchando por un sistema educativo sólido, coherente y exigente. Hay que reformar lo que haga falta reformar. Hay que exigir a nuestros políticos que se pongan las pilas. Porque cerrar líneas en escuelas que funcionan bien no es el camino para mejorar los resultados educativos. Al contrario: es una forma de perpetuar el problema.